Bloggear o no bloggear...

...he aquí la cuestión. Me propongo desde este espacio publicar cada tanto algunos comentarios, artículos, opiniones sobre la realidad del latino en Estados Unidos, pero sin olvidarme que ante todo soy latinoamericano y lo que sucede en el continente afecta a todos los que estamos aquí. La frecuencia de publicación será bastante irregular, pero será de alguna manera activa y persistente. También haré una recopilación de artículos pasados y que ya fueron publicados en otros lugares pero que no dejan de ser actuales. Ojalá me ayuden con sus comentarios. Aquí vamos pues...

martes, 2 de diciembre de 2025

Una visión sobre "Hace días que llueve mierda", una novela de Germán Barrera Toro


"Hace días que llueve mierda", una novela de Germán Barrera Toro


Esta novela, Hace días que llueve mierda, de Germán Barrera Toro, nos llega como una grieta en la realidad, donde lo cotidiano se va disgregando hasta teñirse de imposible, como si de repente se rompiera todo y la realidad se hiciera trizas. La protagonista de este texto vive en un estado de alerta constante, atrapada en un departamento que funciona a la vez de refugio como de celda, mientras del cielo cae una lluvia tan grotesca que desafía la lógica de lo real. Esa lluvia —mierda en su forma literal— marca el pulso del relato: una atmósfera donde lo palpable se pudre y lo irreal no trae consuelo, sino una interrogación simbólica sobre la propia cordura.

La paranoia de la protagonista no surge como síntoma individual, sino como respuesta lúcida a un entorno que ha dejado de ser confiable. Si el aire se vuelve irrespirable y las calles se cubren de excrementos mientras todos actúan como si nada, ¿quién está verdaderamente delirando? La protagonista observa lo que los demás eligen ignorar: los vecinos que fingen normalidad, el novio que reduce sus inquietudes a exageraciones sin base. Su paranoia es, en realidad, una forma de percepción extrema, una sensibilidad que rompe con la mansedumbre colectiva. En ese sentido, la lluvia imposible opera como catalizador de una realidad inexplicable: un fenómeno que debería conmover al mundo pero que solo parece corroer el alma de quien lo ve y al que lee.

La casa, llena de cosas, recuerdos y polvo, empieza a sentirse como un organismo propio, uno que reacciona a su angustia. Cada sonido —el grillo, el golpecito inmundo de la lluvia en la ventana, la vibración del celular que nunca trae buenas noticias— crece dentro de ella hasta volverse una amenaza. Nada es claramente sobrenatural, pero todo está al borde de serlo, como si su mente y el espacio fueran moldeándose mutuamente. Su paranoia cambia el ambiente, y el ambiente la cambia a ella. Ahí es donde el realismo mágico se cuela sin hacer ruido, como un secreto que solo conoce la narradora.

Incluso las relaciones sociales adquieren un matiz raro. Los vecinos no son personas, sino figuras arquetípicas de una pesadilla urbana: Sebastián, insinuante y viscoso; Teresa, guardiana de normas absurdas; la abuela, voz lejana que resuena desde otro tiempo; Juanjo, sombra pragmática que deja un vacío más grande que su ausencia. Todos ellos viven en un espacio suspendido entre el insomnio y la alucinación.

Y de repente nos llega Dante, ese gato que rompe todo aquel clima. Un animal que, sin decir nada, la entiende mejor que cualquiera. Parece aparecer desde otro plano, como un mensajero del caos pero también de la ternura. Lo desacomoda y la calma al mismo tiempo. Es una figura mágica que no necesita explicación; simplemente opera y que le sirve de nexo con esa realidad que parece distante.

En esa búsqueda de sentido, la protagonista reconstruye su espacio y, con él, el contorno de su identidad. La paranoia no desaparece: se integra. Se vuelve brújula. Al final, la protagonista empieza a habitar el absurdo con una dignidad extraña, aceptando que la única forma de sobrevivir en un mundo en descomposición es abrazarlo y atravesarlo sin pedir permiso ni explicación.

El texto, en el fondo, no cuenta una locura: cuenta el despertar de alguien que, frente a un mundo irreal, decide vivirlo de la manera que puede.

Germán Barrera Toro ha construido una obra marcada por la observación precisa de una sociedad decadente. Uno de los logros de este libro es la habilidad para revelar, con una prosa exacta pero profundamente evocadora, la tensión escondida en gestos simples, en el análisis profundo de la psiquis humana, con una voz narrativa capaz de entrelazar memoria, intimidad y crítica social sin perder claridad ni certeza. Hace días que llueve mierda es un texto que destaca por la manera en que lo real se entrecruza con lo simbólico, generando imágenes que perduran en la mente del lector. Un texto que provoca y conmueve, y por eso, es digno de su lectura.








martes, 29 de julio de 2025

Reseña de "La cultura es una estafa", de Hernán Vera Alvarez



Nadie muere para siempre si el recuerdo está ahí, para revivir un pasado de gloria, de opacidad o de tosca intrascendencia. A veces los libros no son más que simples recuerdos, quizás no exactos, pero fieles a nuestra propia perspectiva y fidelidad a una idea. Recordar es resucitar, y en esa pequeña vida que vuelve desde las orillas del pensamiento, se encuentran libros como La cultura es una estafa, de Hernán Vera Álvarez, o simplemente Vera.

El título de esta colección de crónicas, ensayos y reflexiones profundas, es ya enigmático y sugestivo porque trata de romper una ficción establecida: la del mito popular en contra de una realidad cruel y a veces ignota. Los textos que componen este libro son las lecturas, las percepciones y el estudio de un escritor que ha intentado inmiscuirse en la propia esencia del pasado. Vera ha leído toda su vida, ha reaccionado a sus emociones y ha volcado esas vivencias en reflexiones específicas, ha investigado a esos autores de los que no se sabe mucho pero se intuye que sus vidas fluctuaban entre la idealización y la desilusión. Vera va al rescate de almas perdidas en una nebulosa literaria que se sucede a partir del recuerdo, de palabras olvidadas en libros que quizás ya no se encuentren en los estantes de aquellas librerías preferidas, como si quisiera releer esas notas que se hacen en los márgenes de los libros, esos pensamientos que se disparan a partir de la lectura minuciosa de textos que han marcado un momento, sin dejar de dar un toque personal y una visión única y particular. Al rescatar a esos escritos y a esos escritores, se les vuelve a dar una vida más, una posibilidad de lectura que perdura en esa íntima relación con el libro. Esa contemplación profunda en el vínculo entre la mente del autor y el papel en blanco, eso es un viaje a la eternidad, al entendimiento de una mente con sed de comunicación.

El rescate también llega a las ciudades, ya que podemos viajar en la geografía y en el tiempo, a un Miami poco glamoroso de los cincuenta, a un Tánger de los ochenta que inspira desde lo exótico, o a una París de exilios y redenciones. Este es un libro de recuerdos, pero también de análisis, de vueltas atrás para entender el presente, para comprender los porqués de la literatura y de momentos definitorios de la vida.

Vera reflexiona, en La cultura es una estafa, sobre un cúmulo de cosas que le han cambiado su modo de ver el mundo, o que quizás le han agregado algo de claridad. Se da cuenta de que las vicisitudes han evolucionado, no siempre para bien: la tecnología, las necesidades, las prioridades. Y también se ha atrevido a llenar esos espacios entre líneas que sugiere la lectura. Pero no se ha detenido ahí, sino que entrega un respiro más a esos pensamientos que ha acumulado; no se los ha guardado, los comparte con nosotros para que le sigamos aportando aire a una literatura que sigue creciendo en su pluma, en su visión y en la permanencia de esos recuerdos que vuelven para mantener latentes esos instantes que nos hicieron humanos.


Fernando Olszanski

sábado, 2 de marzo de 2024

Mi decalogo del cuentista

 Decalogo para cuentos


  1. El cuento debe tener más de una lectura, más de una historia. Al leer un cuento uno encuentra diferentes niveles, mini historias que ayudan a crear un ambiente de crecimiento, de múltiples posibilidades. Casi podríamos decir que un cuento es una novela en progreso.
  2. El cuento debe obligar a una re-lectura, los detalles hacen una historia interesante, provocar al lector es la mejor manera de generar una relación con la historia.
  3. Terminar un cuento puede ser difícil, pero los personajes te ayudarán a llegar al final. pregúntales, ellos te guiarán hasta donde quieren ir.
  4. Cuando escribes solo escribes para ti. Se honesto contigo mismo. Cuando el cuento está terminado, es un pájaro que dejas volar sin rumbo.
  5. El corazón de un cuento es el conflicto, sin esto, el cuento no existe. Puedes contar anécdotas, experiencias vividas, pero un problema siempre necesita una solución, casi matemático, sin serlo.
  6. No necesitas contar el trasfondo de las cosas. deja que el lector cree su propio trasfondo. Ayuda a inquietar al lector, no a hacerle más cómoda la zona de comfort.
  7. Un cuento es una pared en donde todos los ladrillos encajan: palabras, comas, tiempos. No agregues cosas innecesarias, golpea al lector con recursos literarios sin irte por las ramas.
  8. El lugar perfecto para leer un cuento es el baño, no te excedas en la escritura para no exceder la lectura, los otros también necesitan ir al baño.
  9. Un buen lector se da cuenta si conoces sobre lo que estás escribiendo, escribe sobre lo que sabes y aprende lo que no sepas. La honestidad literaria se paga con confianza leída.
  10. La escritura viene de tu vida, vive, escucha, indaga, experimenta, el cuento llegara a ti solo después. Vas a escribir lo que vives tan solo para recordarla de una mejor manera y luego se la contarás a los demás.

lunes, 25 de octubre de 2021

El arte de Banksy en una ciudad que le sienta bien: Chicago


Banksy es sin duda uno de los artistas más controvertidos de los últimos tiempos. Una suerte de Andy Warhol de los bajos fondos, de la oscuridad, de lo que no se ve. Él no ve belleza en lo pop, en hollywood, o en las calles, él ve algo que se percibe pero no se muestra, lo que está latente, pero no dejan que florezca. Incluso él mismo se ha creado en la icognita, como un personaje que actúa en la sombra. De hecho nadie conoce su cara, y no deja de vanagloriarse de eso mismo: “Nobody ever listened to me until they didn’t know who I was.”, reza una frase suya al comienzo de su exhibición en Chicago, quizás la ciudad perfecta para este tipo de arte, su arte. Y digo que Chicago es la ciudad perfecta por su historia de lucha, de trabajo duro y mal pago, y de los eventos sociales que marcaron a esta ciudad y al mundo.

En su obra hay mucha sutileza, irreverencia, sarcasmo, pero también un mensaje directo y político hacia dónde el autor quiere ir, y no teme decir lo que piensa. Uno de los primeros trabajos que se ve en la muestra se titula “Keep Left”, o sea: Manténgase en la izquierda. Su obra es contestataria por naturaleza, alguno de sus trabajos icónicos están dedicados a la brutalidad policíaca, a la monarquía inglesa, a las interminables guerras en oriente medio.

A veces su provocación va más allá de la simple muestra y la hace más “interactiva”, él es famoso por dejar ratas sueltas en sus muestras para recordar al espectador los aspectos sociales que olvidamos o que no queremos ver. A veces uno puede pensar que esas actitudes son de mal gusto o insalubres, incluso de abuso de animales, pero eso mismo es lo que hace a un artista como Banksy, el sacar a la gente de contexto y de la zona de confort para ver una realidad que no siempre es cómoda y que no siempre condice al mensaje de lo convencional.

También se da tiempo para criticar los estándares de lo visual, de los precios que se pagan por el arte, en especial su arte: “I Can't Believe You Morons Actually Buy This Shit”. Quizás criticar su propia clientela o seguidores, sea el acto artístico más osado que Banksy ha mostrado, y por ende, el mayor de rebeldía de una artista.

Hay efectos visuales que suavizan la mirada de su arte también, una niña sosteniendo un globo, o en el mismo “Keep Left”, en vez de una molotov se arroja un ramo de rosas. Quizás ese sea un llamado a la imaginación, a pensar diferente en el contexto de violencia social que vivimos hoy en día.

Su muestra en Chicago reúne mucho de su arte más conocido, sus grafitis, sus mensajes anti establecimiento, su mordaz gusto por lo antiestético. Por eso coincido en que Chicago es la urbe perfecta para su obra, ojalá también veamos sus grafitis en las calles y paredes de la ciudad.







sábado, 16 de octubre de 2021

Notas sobre el exilio y “Los otros exilios”


 Notas sobre el exilio y “Los otros exilios”


Cuántos exilios puede acarrear un hombre, una mujer, un alma. En cada soledad habita un inmigrante, un expatriado, un paria de sí mismo. Si entendemos como exilio aquel sentido del destierro, del abandono, también lo podemos entender como el acto de una búsqueda, o quizás el de la cura de un mal singular y ancestral. Emigrar es, en muchos casos morir un poco, y al mismo tiempo renacer en un cambio necesario e inevitable. Las razones siempre son subjetivas, pero quizás exista un balance entre la cobardía de abandonar el presente y la valentía de enfrentarse a lo desconocido. Estas dos sentencias son verdades absolutas pero también subjetivas. En Argentina 100 personas por día abandonan el país, en Estados Unidos se deportan 300.00 personas al año, y así en distintas partes del mundo se crean exilios, desarraigos, soledades. ¿Cuántos exilios existen? Por que ya no solo son los exilios geográficos que nos afectan, están los culturales, los sociales, los económicos, los sexuales, los de género, los políticos, los internos, los externos, los del encierro, los del abandono, los emocionales, los…

La pregunta persiste: Cuántos exilios puede acarrear un hombre, una mujer, un alma. Sin dudas las respuestas pueden aparecer y desaparecer sin aviso, sin resquemores. 

Ahora bien, para combatir esos exilios hay formas que nos pueden ayudar. El arte es quizás una de las mejores maneras de enfrentarlos, pero al mismo tiempo, uno debe ensimismarse, crear otro exilio propio, personal, único, y a partir de allí inventar la propia cura, la resistencia, la identidad de uno mismo para poder reinventarse en un nuevo lugar, en una nueva situación. Al crear arte nos volvemos contestatarios, hacemos política, sí, porque cada ver que uno se expresa, da su postura, su punto de vista, está haciendo política. Nos guste o no, afirmamos quienes somos con la palabra, con lo visual, con lo sonoro. Cada declaración, independientemente de cómo la hagamos, nos da un espacio en el mundo, la voz se convierte en roca y su peso hace rodar esa verdad generando el ruido de las realidades, nuestras realidades, que no son menos que las realidades de otros, ni de aquellos que llegaron primero, ni de aquellos que han estado desde tiempos inmemorables. 

Nos reconstruimos todos los días, aquí o allá, donde quiera que ese aquí o allá sea. Los exilios generan emociones incontenibles, la mayoría no son buenas, otras tienen una historia diferente, pero el proceso es irreversible, para bien o para mal, el exilio, la migración, el desarraigo nos cambia, y está bien que eso suceda, porque no hay mejor manera que enfrentar nuestras propias dudas que enfrentando nuestros demonios y conformar un nuevo ser. La pregunta persiste: Cuántos exilios puede acarrear un hombre, una mujer, un alma.

sábado, 31 de octubre de 2020

¿El futuro de la humanidad? Arreglarnos sin papel higiénico


 Los pasillos del Walmart son una locura. No hay Clorox, no hay elementos de limpieza. Me paso al otro pasillo a buscar papel higiénico, los estantes están vacíos. Al final del pasillo dos mujeres, una mayor de cabellos blancos y otra mujer más joven y corpulenta, con varios rollos en su carro, luchan por el último paquete de papel higiénico. Otra mujer se acerca a calmarlas. Al verse filmadas por un tipo curioso que parece disfrutar la escena, la mujer joven se va, furiosa, diciendo cosas inteligibles. Esta película ya la he visto. Hay que esperar unos días para que empiecen las roturas de cajeros automáticos y los saqueos en los supermercados. La película es, como se pueden imaginar, de terror.

Alguien me pregunta en el wassap si creo en alguna de las teorías de conspiración que andan dando vueltas, yo pienso en ese video de un murciélago hervido en la sopa de una linda chica china que parece deleitarse con el asqueroso animal en la boca. Digo que no, al menos por ahora pienso eso, que el virus no se escapó de ningún laboratorio militar de China, ni de Estados Unidos, ni de Rusia. Veo más videos de gente comiendo sopa de murciélagos. Eso me lleva a ver otros animales que la gente come: sesos de mono, tarántulas, gusanos, perros, gatos. De repente alguien fabrica un meme de Trump tirando rollos de papeles higiénicos en Puerto Rico. Cierro la computadora y me pongo a leer a Antonio Dal Maseto, sus cuentos son de una sencillez conmovedora. Por accidente vuelco lo poco que queda en el vaso de mi gin and tonic, algo que bebo bastante seguido estos días. Es una buena excusa para servirme otro vaso. Busco las toallas de papel para limpiar el derrame, pero al ver el rollo ya con pocas toallas pienso en que debería ser cuidadoso con él, quizás deba darles otro uso muy pronto.

En la televisión aparece Trump dando nuevas medidas para combatir esta peste, la llama el virus chino, dice que la enfermedad es extranjera. Yo soy extranjero, todos mis amigos son extranjeros, mi hijo es extranjero, me acuesto solo con mujeres extranjeras, escribo en una lengua extranjera. Pienso, al fin de cuentas, todos somos extranjeros en el mundo. Somos aliens en este país, me pregunto si la criatura de la película El octavo pasajero necesitaba papel higiénico.

Alguien postea en el facebook sobre la muerte de varios médicos muertos en Italia, que se contagiaron atendiendo a los enfermos del Coronavirus, ahora recuerdo que alguien, un funcionario del gobierno lo llama el Kung-flu, en clara alusión racista, alguien seguramente totalmente alineado con el presidente. Busco en internet y recuerdo el primer médico chino muerto en la trinchera de la lucha por salvar vidas dentro de esta pandemia. No siempre los médicos me caen bien, muchos son traficantes de salud, pero éstos arriesgan la vida, al igual que las enfermeras y todos lo que trabajan en un hospital. Internamente doy gracias por tanta gente valiente. Gracias a ellos, a su sacrificio, vamos a sobrevivir a esta hecatombe. Recuerdo que entre todas la medicinas que compré para esta cuarentena, me olvidé de uno importante. No compré un anti diarréico. ¡Qué boludo!

Apago todo, la computadora, el teléfono, la televisión, la radio. No quiero saber nada por un rato. Me digo que no voy a entrar en la locura, que estaré en cuarentena pero seguiré escribiendo lo que yo quiera, no lo que manda el status quo. Saco a mi perro a caminar, aquí en Indiana la cosa está muy tranquila, vivo en un barrio de gente retirada. A mis cincuenta soy uno de los más jóvenes, eso me hace sentir estúpidamente bien. Mi perro se detiene, husmea, recorre el lugar con su hocico. Conozco ese ritual, es la hora de defecar. Se para, se posiciona, se arquea, y hace el esfuerzo necesario para expeler sus excrementos. Hace un montón. Casi tres veces más de lo normal. Hace una montaña. Esa masa está humeante por el frío que hace desde hace varios días. Me pregunto si he sido negligente y no he sacado al perro a pasear desde hace mucho tiempo. Me quedo mirando esa pequeña montaña y me alegro de que el perro no necesite papel higiénico. Reconozco que no tengo lo suficiente para todo este tiempo en cuarentena. Me pregunto si la próxima vez que vaya al súper tendré que pelearme con alguna abuela para obtener los últimos rollos. Me molesta tener que pensar tanto en el papel higiénico. La situación ya me está cansado, pero no dejo de aceptar, de que todo esto, el virus, la escasez, el manejo de los medios, la gente inadaptada, la enfermedad en sí, no es más que una reverenda cagada. Es hora de buscar alternativas, miro los árboles, la primavera está llegando y los árboles pronto se llenarán de hojas. La naturaleza siempre proveerá. Amén.

Animal, cuento perteneciente al libro "El orden natural de las cosas"

Animal 





domingo, 17 de noviembre de 2019

El “Maldito Lasticön” o el vértigo del extremo, la última novela de Gastón Virkel


La última novela de Gastón Virkel, “Maldito Lasticön”, nos lleva a un viaje frenético hacia la vida de Álvaro y Lasticön, que se conocen en un encuentro sexual, tan casual como bizarro. Lasticön llega a la vida de Álvaro y de su familia para modificar la dinámica de un círculo ya disfuncional, para convertirlo en un caos organizado, con el agregado de drogas, violencia y muerte.
La narrativa que utiliza Virkel va de acuerdo a la vida que llevan Álvaro y Lasticön. Ellos viven de manera vertiginosa: sin límites, sin conciencia y sin mañana. La narración es fluida y el ímpetu de su vocabulario lleva a mezclar los idiomas, creando un Spanglish creíble y hasta necesario en el contexto de los sucesos de la novela. Lasticön en un poeta maldito, a él no le gusta esa denominación, pero sus poemas, que acompañan la narración, no dejan de ser un complemento de la vida de ellos. Una suerte de reflexión necesaria dentro del apresuramiento que impone el texto. Esto se complementa bien, creando un momento de conciencia y exhortación al análisis de los hechos.
Dentro del vértigo que proponen Álvaro y Lasticön, se hacen un de momento para volverse millonarios a través de la venta de haschis, pero la idea los lleva casi a perder sus vidas. Eso no los detiene y encuentran en las armas un negocio seguro y por sobre todo legal, que nos habla también de realidad que se vive dentro de las fronteras de los Estados Unidos. 
Virkel crea en “Maldito Lasticön”, una Miami que se acerca mucho a lo cotidiano y a lo actual sin abandonar el desarraigo. El acierto narrativo está en la velocidad, en el vértigo y en el caos que crean un ambiente único y posible, que cuando los personajes vomitan, se pelean o despiertan en una playa sin saber cómo llegaron, el lector se hace eco en la incomodidad, en la quemazón de la piel y los olores del momento. El ambiente se convierte en parte instrumental de la novela.
“Maldito Lasticön” es una novela que invita a ajustarse el cinturón, acelerar y empezar a hacer cambios en un auto deportivo y descapotado. Vas a despeinarte, no apto para mojigatos. Una buena novela.

Fernando Olszanski, 
su último libro se titula Rojo sobre blanco y otros relatos, reside en Chicago 

http://arscommun.com/site/index.php/fer_page/

domingo, 3 de marzo de 2019

Cinco novelas del desarraigo

Cinco novelas del desarraigo

Los movimientos literarios se definen por temas, momentos históricos, el contexto, y algunos detalles estilísticos, pero para que esos movimientos tomen vida se necesitan escritos. Dentro de ese movimiento literario, se encuentran poemas, elementos narrativos como el cuento, el relato, la crónica o el ensayo, pero las novelas son las que marcan tendencia. Dentro de la Literatura del Desarraigo, que no escapa a ese eje de creación, también hay novelas que distinguen con altitud, esos temas que el desarraigo conlleva. Si bien la inmigración en Estados Unidos ha sido un elemento constante, es la latina la que nos interesa, la que recupera el idioma y la identidad de los que venimos de más allá del Río Grande, o los que han cruzado el charco y se han instalado aquí para engrandecer y aportar a este país. Pero nuestras esperanzas son las mismas a las de los que ya viven aquí, y en ese encuentro, hay una búsqueda constante por la identidad y por la inserción en una sociedad cambiante, pero al mismo tiempo fascinante e impredecible. Estas cinco novelas que presentamos hablan de temas variados, pero coinciden en que el viaje del inmigrante no se termina en el destino material, sino que la jornada es como la de Ulises a Ítaca, un viaje que nos cambia para siempre, y que quizás nos convierta en un misterio difícil de develar.
Para empezar a mencionar estas emblemáticas novelas, debemos hablar de El exilio voluntario, novela ganadora del Premio de Novela Casa de las Américas, escrita por el el boliviano radicado en Denver Claudio Ferrufiño Coqueugniot y que narra las vicisitudes de un inmigrante boliviano en las áreas de Virginia, y que no deja de dar un profundo análisis de este país, enfocándose en lo social y lo cultural, y se manifiesta a través de las interrelaciones entre las múltiples razas que hacen a esta sociedad multicultural y multilingüe. Carlos, el protagonista de esta novela, no deja de hacerse preguntas, de hacernos preguntas, y ese es el mayor detalle de análisis, uno propio y profundo, hasta hacer ese viaje único y personal.
La novela De zorros y Erizos del mexicano Raúl Dorantes, nos trae a un grupo de amigos a la fuerza, que son tan dispares en sus creencias y actitudes como las naciones de su origen. Los hermana esa experiencia única que es la de ser un migrante. Sus entornos giran alrededor de una revista literaria, la resistencia a un sistema decadente, y se recluyen en ese ámbito pseudo-intelectual que genera el arte, el alcohol y el sueño eterno de la revolución. El lenguaje de esta novela es una suerte de voz coloquial, lo que hace que la lectura se acerque más una conversación con los personajes. Dorantes se apoya en los diálogos para entrar en la psiquis de los personajes, y así develarlos en toda su dimensión.
El corrido de Dante, del escritor radicado en Oregon, Eduardo González Viaña, es una novela de contrastes. González Viaña usa el escape de una adolescente con su novio, un secuestro, según el padre de la joven, para recrear un viaje de descubrimientos. Dante, el padre de la joven, empieza a desandar el camino que lo trajo a Estados Unidos, y no deja de observar su país de origen, México y al nuevo lugar donde vive con un lente minucioso. Esa perspectiva le ayuda a ser analítico y también sentimental. El viaje no lo emprende solo, sino que un burro de nombre Virgilio y la voz espiritual de su esposa ya fallecida, le acompañan a reflexionar, sobre las culturas, el racismo, la diferencias generacionales y las posturas sociales de esos dos países que se confrontan en su corazón.
Toda novela es un viaje, y en el caso de Sustitución, la novela del peruano Jack Martínez Arias, esa afirmación se convierte en una fuente narrativa inagotable. Jesé, protagonista de esta desventura, se sumerge en una búsqueda desesperada a través del medio oeste norteamericano, en busca de respuestas que se le escapan de la punta de los dedos. Su padre ha peleado por este, su nuevo país y ha quedado inválido. Se ha convertido en una carga para el sistema social y también para los que ama, pero al menos sabe que el futuro será mejor para su hijo. Ha sido el cordero inocente sacrificado en el altar de la inmigración y de la guerra. Jesé se enmaraña en una historia de mentiras que construye para su resguardo, pero el viaje abre los caminos de la verdad y la búsqueda frenética de sí mismo.
Y no se lo tragó la tierra… es una notable novela de Tomás Rivera, quizás la más trascendente del siglo XX, que narra la lucha de una familia que de a poco es devorada por el racismo, la soledad y un sistema que los abusa casi de manera sistemática y feudal. Rivera ha desarrollado con simpleza una obra que contiene todos los rasgos que el ser migrante debe confrontar en orden de sobrevivir. La migración no es ya haber venido desde Mexico a trabajar y buscar un futuro mejor, sino que consiste en la continua búsqueda de oportunidades en los campos de Iowa, Texas, o donde haya una cosecha para levantar. La vida del bracero es desolada, alienado por propios y extraños, con la única roca para sostenerse que no es meas que la familia que ha construido. Una novela desesperada, sí, pero con un fuerte énfasis en los valores familiares y el amor por amasar una vida propia.
Por supuesto que cada lista está llena de injusticias, pero lo bueno es que hay material para debatir, que se sigue construyendo el arraigo a través de la literatura, que nuestra presencia se afianza cuando se cree en la identidad, en nuestras raíces y en nuestros valores. Escribir en Estados Unidos en nuestro idioma es afirmar nuestro futuro a través de libros que documentan nuestra estancias, nuestras dolencias y nuestras victorias. Leer en español es, al final de todo, crecer en la dirección de nuestro propio futuro. Estas cinco novelas, ayudan a cimentar este pensamiento.



Fernando Olszanski, escritor, editor y artista visual, es Director de Ars Communis Editorial, reside en Chicago. Su último libro se titula “El orden natural de las cosas y otros cuentos. 



miércoles, 13 de febrero de 2019

El exilio voluntario o el éxodo interno, un viaje sicológico sin fin

El exilio voluntario o el éxodo interno, un viaje sicológico sin fin


Hay en cada movimiento literario una suerte de obras que lideran por su contenido, por su fuerza narrativa, por los temas que tratan. Normalmente cuando ese movimiento se refiere a un  fenómeno migratorio entre dos culturas dispares, los temas de estos libros detallan una mutación del hombre, y por ende describen una literatura que trasciende los límites fronterizos. El hombre en sí, es un ser mutable que se adapta a cada ambiente sin importar la hostilidad reinante. Pero también es cierto que debe pagar un precio muy alto para poder convivir con el tiempo que le ha tocado lidiar. Ese precio no es económico ni físico, es totalmente sicológico, y se define como el éxodo de uno mismo hasta ese ser diferente en que se transforma el ser inmigrante. Un ser transnacional.
La novela El exilio voluntario del escritor boliviano Claudio Ferrufiño Coqueugniot, nos habla precisamente de eso, de cómo el ser migrante cambia drásticamente en el contexto de un ambiente que consume a sus personajes a través de la alienación, la distancia y el desarraigo. Carlos, el protagonista de esta novela, nos narra en primera persona la etapa histórica que le toca vivir de manera cronológica, no sin analizar de manera cruda y punzante, con una visión muy particular de lo que sucede a su alrededor. Con lujo de detalles, Carlos va describiendo sus pérdidas y sus ganancias casi sin darse cuenta que están ocurriendo, y el lector no puede menos que identificarse con las situaciones extremas que le tocan vivir.
Carlos es un joven que se ve obligado a emigrar por razones no tan claras, quizás tan solo por azar, pero debe que escaparse de sí mismo y el prospecto de ir a Estados Unidos, por unos años, parece como una opción clara y consistente. Carlos es un joven instruido, con mucha lectura encima y sensible al arte. Al llegar a Estados Unidos, encuentra cierta estabilidad trabajando en una distribuidora de vegetales que lo obliga a jornadas de largas horas de trabajo, pero al mismo tiempo le permite ver un aspecto social de Washington y todo su juego social que no todos pueden tener acceso. Ferrufiño, a través de Carlos se aprovecha de esa visión para darnos una descarnada visión de la vida de los inmigrantes y las clases pobres americanas, una visión enmascarada en alcohol, marihuana y otros tipos de drogas. Eso no deja que Carlos pierda sus sensibilidad, y cada vez que puede, recuerda que ha leído a Henry Miller, a Bukowski, a Borges.  
Esta novela de Ferrufiño, fue galardonada en el año 2009 con el prestigioso Premio de Novela Casa de las Américas y por consiguiente, fue publicada en Cuba al año posterior. Gracias a un convenio de autorización, la novela se publica, después de algunos años en el país natal de Ferrufiño, Bolivia y también en España. Lamentablemente la novela no llega a Estados Unidos, a pesar de ser una novela norteamericana en español, y de representar de manera fidedigna las vicisitudes del ser latino en estas tierras. 
El lenguaje que usa Carlos, empieza con un típico acento andino sudamericano, pero lentamente va incorporando facetas del inglés, con atisbos de otras latitudes hispanas: mexicanas, caribeñas, hasta llegar a un incipiente espanglish sin tonada reconocida. El éxodo se muestra en la lengua, usando como base la propia, pero incorporando todo el repertorio que afecta irremediablemente al protagonista, que si bien nunca renuncia a sus raíces, acepta su cambio de manera mansa y tranquila, logrando una suerte de adaptación sin transgresiones externas, pero manteniendo esa rebeldía interna que identifica a cualquier migrante que se encuentra en ese espacio en el medio, entre dos culturas, entre dos lenguas, entre dos mundos.
Uno de los logros de El exilio voluntario es que la narrativa hace del entorno parte fundamental de la novela, en especial los paisajes sensoriales, que involucran lo auditivo, lo visual, pero también lo olfativo. La música que los protagonistas, en especial Carlos, escuchan y comparten con el lector, hacen de alguna manera una conexión natural con el momento. El protagonista menciona a Bob Dylan, Pink Floyd, Tom Waits, Steppen Wolf, John Lennon, pero también nos regala ritmos que llegan en la memoria, canciones que forjaron sus recuerdos más profundos, con armonías tradicionales como tangos, boleros, cumbias y ritmos caribeños. Las calles se llenan de aromas de asados, de cocinas con especias de todo el continente, de todas las latitudes latinoamericanas y del mundo. Esto devuelve a Carlos con cuentagotas a su origen, y le ofrece un reposo a su atribulada sensación de olvido.
El exilio voluntario es una novela notable que encaja perfectamente en el concepto de la Literatura del Desarraigo. Es una novela que describe, de manera dolorosa y ácida a veces, pero también con un lenguaje que conmueve, la esencia misma del inmigrante en todo su sentido: las transformaciones, las dolencias, las pequeñas victorias, porque también las hay, el racismo, el desarraigo y también el crecimiento del hombre a través del esfuerzo y perseverancia de años. Es también necesario decir que ésta es una novela que lastima porque nos hace ver en nuestras fibras íntimas, en nuestras miserias y en los vahos etílicos de la derrota. Pero también nos enaltece en la dignidad de perdurar ante la adversidad, ante el desprecio y la hostilidad innecesaria de los anfitriones.
Sin duda el éxodo interno de Carlos nunca finaliza, porque nunca se adaptará definitivamente a su nuevo ambiente, pero tampoco puede volver a ese lugar maternal que añora porque ya no existe. El éxodo continuará en ese exilio que ha decidido realizar, sin medir las consecuencias de la realidad. El éxodo se verá en la lengua, en sus costumbres, en sus delirios alcohólicos. Pero también habrá espacios para la solidaridad entre seres que están en la misma situación. Y entre ellos construirán una red de apoyo necesaria para poder sobrevivir. El hombre, el inmigrante deja un poco de sí cada vez que dice adiós, ese éxodo se convierte en un rompecabezas de muchas partes, algunas borrosas, algunas nítidas, otras luminosas y muchas oscuras. El exilio voluntario nos ayuda a entender nuestros propios dilemas, nuestros propios éxodos, para que a partir de ese desamparo, podamos construir a un nuevo ser en un lugar lejano del origen, pero con la certera sensación de que el viaje no ha terminado.


Fernando Olszanski es escritor y editor, su último libro se titula El orden natural de las cosas y otros cuentos. Reside en Chicago.










martes, 24 de abril de 2018

Divagaciones y encuentro en tres cuentos de Bernardo Navia Por Melina Calengas


Bernardo Navia, oriundo de la ciudad de Valparaíso, Chile, es el autor de Sobre destinos, ciudad y dios. En éste, envuelve sucesos escalofriantes como consecuencias de las divagaciones de la psiquis. El Bernardo conecta a la vida y la muerte como casualidades del destino paradojal, así como también del delirio y la demencia. Los sentidos se confunden en estas historias tétricas, en las cuales es difícil entrever cuál es la cuerda realidad o la personal delirante.  En “La vez que Agapito sudó”, mi mente ya comenzaba a entrever lo místico, cuando el autor, ¡así, paf!, le dio un vuelco irrisorio, de chascarrillo adolescente. Cuando los amigos de Agapito efectuaron pruebas inhumanas, en el intento de hacerlo sudar y probar errónea la rareza humana de su amigo. Así decidieron inicializarlo en el virtuoso arte del amor, y cuando el cuento alcanzaba su clímax literario, además de literal, Agapito finalmente suda, al punto de desintegrarse completamente ante los ojos de su amante.
Seguido a este relato ingenuo de la niñez y juventud, llega la historia “Sin tregua”, donde el Bernardo introduce esa sensación que experimentamos después del almuerzo abundante, la fiaca, que simplemente significa flojera. Por asociación de semejanza terrateniente, la curiosidad llevó al relato de esta historia que evoluciona desde el olvido común. Así continua la divagación de este personaje, desde estados de olvido, percepciones inocuas que crecen como una bola de nieve cuesta abajo y sin freno, hasta culminar con la pavorosa insania de persecución monstruosa. Me dejé envolver por la evolución de este relato, escrito a través de la simpleza de un diario de vida, en las cuales los días y semanas pasan por el personaje incrementando paulatinamente el curso de los acontecimientos desvariantes.
        Ese juego de emociones creado por Navia es lo que captó mi interés como lectora cuerda, o quizás algo desviada por el morbo. El secreto de esta atracción, está en la mente y sus dualidades contradictorias, el cual provee con material de sobra para explayarse en este género, creando obras que salen del contexto ordinario. Escritos que revolucionan e invitan al análisis de los pliegues neuronales más profundos. Los cuales develan pensamientos celosamente guardados, en los rincones más secretos, oscuros y pérfidos del subconsciente.


Los vacíos del gallo Samuel: Una visión sobre “La fatalidad de la gallina” Por Amelia Pacheco


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“Que los dioses me concedan su perdón o su castigo”

Son pocos los libros y poemarios que me dejan  pensando sobre mi propia existencia. La fatalidad de la gallina logró ese efecto. Provocó esa ansiedad de no poder despegar las pupilas de esas líneas que trazan la realidad, el pasado y el presente, pero sobre todo la conciencia de míticos personajes. La novela fue escrita por la colombiana Martha Cecilia Rivera, quien también es la primer inmigrante que ha publicado una novela en español en Chicago. Es un monólogo interior narrado por el personaje principal, Samuel, quien convive con un set de personajes con un gran vacío emocional y su obsesión por una mujer físicamente gloriosa.
La novela comienza narrando la historia del semidiós Ícaro. En algún momento el protagonista se compara con Ícaro y su fallido intento por ser pájaro, “desde el principio al fin, derrotado y solo”. El protagonista está locamente obsesionado con las piernas de Irene, mujer que describe con los mismos sinónimos que se usarían para describir a una diosa. La mayor parte de la novela toma lugar en una fiesta, y al son de los tambores y con un escenario muy superficial Samuel comienza a iluminar al lector sobre sus más bajas pasiones, soledad e inconformidad con la vida. Samuel es un hombre muy perceptivo y logra describir no solo a Irene, sino al resto de los personajes y sobre todo el ambiente en el que se encuentran. Lo hace tan detalladamente que te logra transportar al lugar de los hechos, como si fueses un invitado más bailando en el centro de la pista. Sientes que los ojos de Samuel ya no solo están en Irene o Daniel, ahora también sientes que el propio Samuel te mira fijamente y te describe sin reservas. Aunque la obsesión que siente por Irene es el tema central al sentirse en competencia con el personaje Daniel, la historia te lleva a mucho más que eso. Se descubren tramas de tensión provocados por el poder, la ambición, la competencia, la envidia e incluso el odio. Aún más, se expone el carácter superficial de aquellos que forman parte de la clase media.
La fatalidad de la gallina es un monologo interior narrado por un personaje perturbador y frívolo. Considero que en alguna parte de nuestra vida, fuimos ese Samuel. Tan poderoso y tan mediocre al mismo tiempo.  Ese Samuel vacío por dentro, sin saber a dónde ir, y con una gran culpa emocional por haber dejado ir las oportunidades en la vida por la monotonía del trabajo y las ambiciones, una vida que solo gira alrededor del dinero y del poder; y todo lo que no configure con esos ideales son cosas sin importancia, por ejemplo las mujeres. Porque para Samuel no son personas, solo son objetos que se asocian con lo abstracto, blanco o negro, bonito o feo, como si fueran piedras que se encuentran cuando va a la playa, y que no son merecedoras de afecto o de reconocimiento humano. Son esas combinaciones exteriores que nos permiten entender lo interior de Samuel y a todos aquellos que se encuentran involucrados en ese mismo ámbito laboral y social. El fluir de sus pensamientos también nos permite explorar el comportamiento de personas que como él viven una vida vacía y gris. 
Al parecer Samuel solo habla de Irene y de su obsesión por sus piernas, pero ¿quién es esa Irene? ¿Qué hay de su intelecto?, ¿De sus ojos?, ¿De sus manos?, ¿Acaso es solo piernas? Es ahí donde se descubre esa identidad machista de Samuel, aunque no lo expone. Sus adjetivos al referirse a las mujeres como objetos sexuales y clasificarlas como algo bueno o desagradable basado en sus atributos físicos, es más que suficiente para entender quién en realidad es Samuel. Toda otra mujer que no tenga las piernas de Irene es una gallina. Ni siquiera es capaz de mencionar alguna característica de sus rostros, para él todo es cuerpo, y solo tiene dos clasificaciones: diosa o gallina degollada.
Aunque en ocasiones la novela pueda sonar repetitiva, es a causa de su estructura. Pero cada línea te lleva a una nueva idea sin perder el rumbo de la historia. Vale la pena darle una oportunidad a ese Samuel que con su vacío te hará reflexionar sobre los más bajos pensamientos que conllevan a una  sociedad de hombres xenófobos y misóginos. Se infiere que todos estos hombres con puestos empresariales son personas inteligentes y capaces. Sin embargo, es como si esa inteligencia y poder les disminuyera su lado humano y sensibilidad hacia al resto de la sociedad, específicamente su respeto por las mujeres. La fatalidad de la gallina es una novela que expone los temas ocultos de una clase social y laboral a la cual muchos aspiramos. A Samuel le importa un cero a la izquierda el bienestar de Irene porque para él solo existen sus piernas y cuando eso se acabe será una gallina más de la oficina. Pero al final  ¿caeremos todos en esa superficialidad? ¿Acaso nos convertiremos en Samuel? ¿Seré para mis colegas hombres una Irene fatal o una gallina más?
“Que los dioses me concedan su perdón o su castigo”


lunes, 8 de enero de 2018

“Cuentos del norte, Historias del sur”, un viaje entre los dos hemisferios. (Reseña)

Siempre hablamos de que el escritor en el exilio o en la diáspora debe pasar por etapas creativas diferentes y que estas están comandadas por distintas edades emocionales relacionadas al desarraigo. En “Cuentos del norte, Historias del sur” vemos nítidamente esas tres etapas creativas. La de escribir pensando en el terruño, la de la fascinación por lo nuevo y la necesaria comparación constante entre lo viejo y lo nuevo, y la última, desde el arraigo, del personaje totalmente adaptado al lugar donde vive.
             “Cuentos del norte, Historias del sur”, es un libro de cuentos del escritor peruano Hemil García Linares, que nos transporta desde el Perú donde creció el autor, hasta los Estados Unidos, donde el escritor reside actualmente. Si bien las historias se intercalan geográficamente entre ambos hemisferios, mantienen una coherencia narrativa ya que su unidad está basada en construcción sicológica de los personajes y en los temas personales que se manejan en cada uno de los escritos.
            Los personajes de García Linares pueden ser obsesivos, ellos llegan a olvidarse ciegamente de los cánones sociales con tal de satisfacer esas metas incomprensibles a veces, y heroicas otras. En las historias que se suceden en Perú, los textos son vividos por personajes jóvenes, normalmente viviendo en barrios marginales y con actitud de arrabal. Estos personajes tienen en común la música, el amor inocente, el crecimiento en una sociedad con un futuro incierto y violento, y también con el sueño obligado de la emigración.
            Aquellas historias que están situadas en Estados Unidos presentan a personajes bien adaptados o en proceso de serlo, a las circunstancias de lo cotidiano. A veces los personajes son inmigrantes ilegales siendo estafados en su trabajo o ya ciudadanos sirviendo en alguna de las tantas guerras lejanas que ofrece este país. En ellas el ambiente es diferente. Los personajes también. En estas historias norteñas los personajes se muestran más reflexivos y quizás hasta un poco más vencidos por las miserias del mundo. Quizás García Linares intenta demostrar que la inmigración es un viaje personal e interno, y que lo externo es solo el resultado de ese viaje interior.
            Los textos muestran al final de cada uno el año en el que fueron escritos, y deducimos a través de ello que la construcción del libro transcurrió entre el 2004 y el 2010. Esto puede ser anecdótico, pero no se debe pasar por alto esas etapas literarias que el escritor en el desarraigo debe pasar, como mencionábamos antes, el autor nos muestra claramente esas tres etapas en sus escritos.

            García Linares apela a la psiquis emocional, construye personajes creíbles pero también contaminados por pensamientos propios y no siempre justificables. El lector se puede encontrar en estos escritos un narrativa fluida y constante, que conmueve y que hace cómplice de la lectura. Celebramos libros como “Cuentos del norte, Historias del sur” porque están bien escritos y porque nos llenan los ojos, pero también porque nos acercan a nosotros mismos. Algo que no es fácil de lograr.

Fernando Olszanski es autor del libro de relatos Rojo sobre blanco, es Director Editorial de Ars Communis, www.arscommun.com

lunes, 27 de noviembre de 2017

Permutaciones para el estertor del mundo, el último libro de Diego Ordaz

Diego Ordaz, escritor mexicano radicado en Ciudad Juárez, nos presenta su último libro de narraciones cortas titulado Permutaciones para el estertor del mundo. Desde el titulo podemos prever que sus narraciones son serán color de rosa, pues el mundo no lo es, y el autor nos lo muestra tal cual él lo ve. Ordaz nos lleva con un lenguaje punzante, a un mundo de personajes sórdidos y desesperanzados, con situaciones caóticas y, a veces,  alejados de la realidad misma. No todos esos personajes son humanos. Podemos escuchar a una muñeca pensante, o a una gallina que descubre lo atroz de la soledad.
Ordaz no nos dice dónde suceden sus historias, pero uno puede intuir que Ciudad Juárez, ese ámbito cruel sacudido por la violencia de años, y con la desgracia de tener a los Estados Unidos solo a un cruce de río, se deja seducir por emociones encontradas, donde se vislumbran los misticismos populares, la resignación a un futuro mezquino, y a una muerte cruel e inevitable. Pero Ordaz nos cuenta todo este torbellino de emociones encontradas con una prosa que aunque sea breve, no deja de ser tristemente poética, como encontrando belleza en los límites de la propia humanidad, o la falta de ella.

Permutaciones para el estertor del mundo, tiene una narrativa fluida, se lee con ganas y con sorpresa. Provoca una tensa reacción, que a veces se puede entender como incomodad, o quizás como realización, cada uno descubrirá su propia sensación, tal cual un estertor debería ser. Si un libro provoca sensaciones, no pasa desapercibido. Diego Ordaz lo logra a partir un libro de narraciones lacerantes, pero con pensamientos estirados hasta los límites de la psiquis humana misma. Un buen libro. 

viernes, 16 de junio de 2017

Las ironías del 1 de mayo

Las ironías del 1 de mayo


Dicen que aquellos países que no revisitan su historia están condenados a repetir los errores. Parece que lo del 1 de mayo es uno de esos casos. Todos sabemos que el 1 de mayo es mundialmente reconocido como el Día de Trabajo, mundialmente, menos en los Estados Unidos, lugar donde se sucedieron los eventos, más precisamente en la ciudad de Chicago.
Para no irnos por las ramas, explicando de manera rápida qué pasó. En 1886, un primero de mayo, los trabajadores se lanzan a una huelga masiva que termina con choques violentos entre policías y trabajadores, hay represión, hay tiros, hay bombas, hay muertos de ambos lados. Las represalias derivan en arrestos de activistas y organizadores de la marcha, hay juicios vergonzosos donde no hay evidencias, pero igualmente condenan a la horca a varios. Por supuesto que esos condenados eran todos extranjeros que traían ideas profanas como igualdad de pago y una jornada de ocho horas de trabajo, algo que se logró un par de años después.
Por muchos años el primero de mayo se celebró en Estados Unidos como un día para la reflexión, donde se recordaba a las víctimas de aquellos sucesos. El tema fue que cuando la Unión Soviética lo declara como día mundial del trabajo, a modo de avergonzar a su rival de la guerra fría, este país lo toma como un “feriado comunista”.  Y esa es la verdadera razón por la cual se dejó de recordar ese día. El feriado del “Labor Day” ya se celebraba el primer lunes de septiembre para distanciarse de la carga política que traía la referencia ideológica con el rival proletario.
En la última década, el 1 de mayo ha tomado otra connotación, pero no por ello menos política. Los organizadores de las marchas pro reforma migratoria habían elegido, precisamente, el 1 de mayo para organizar una protesta masiva, como en aquellos tiempos de lucha por igualdad, por lograr hacerse escuchar ante una elite sorda y esquiva, pero también hipócrita, y hacerles saber que los inmigrantes, con o sin documentos, son la verdadera fuerza silenciosa que mueve a este país. Otra vez, desde Chicago, el llamado se hizo eco en el resto de la nación del norte, ya no solo para pedir por derechos laborales, sino por derechos humanos: que no se deporte inmigrantes sin una razón legítima, que no se separen familias por caprichos políticos, que los inmigrantes no sean el termómetro de una campaña presidencial despiadada y llena de rumores de corrupción.
La reforma migratoria perdió peso en el congreso. Nadie en el Capitolio quiere tomar esa piedra caliente que sigue estando latente, porque la economía de este país se mantiene gracias a las espaldas mojadas de los trabajadores en el campo, en las fábricas, en los restaurantes, en las empleadas domésticas, y en un sinnúmero de lugares donde se paga poco y se trabaja mucho.
El 1 de mayo sigue siendo una fecha emblemática, por los sucesos de 1886, pero también por lo que se muestra en la última década. La lucha por la igualdad, por salir a la luz, por tener un salario digno y derechos a servicios por los que se paga y no se pueden obtener. No podemos olvidar de dónde venimos, eso puede hacernos olvidar hacia dónde vamos. No podemos olvidar que el sacrificio de unos es la recompensa de otros. No podemos olvidar que la lucha continúa, para desterrar el racismo, la intolerancia, pero también la ignorancia de aquellos que prefieren odiar a comprender que este es un mundo diferente. No podemos olvidar que las ironías del 1 de mayo, no son más que un juego de ajedrez entre los que juegan al poder, donde se juega el destino aquellos que sostienen el tablero con las manos.
No olvidemos.