Bloggear o no bloggear...
...he aquí la cuestión. Me propongo desde este espacio publicar cada tanto algunos comentarios, artículos, opiniones sobre la realidad del latino en Estados Unidos, pero sin olvidarme que ante todo soy latinoamericano y lo que sucede en el continente afecta a todos los que estamos aquí. La frecuencia de publicación será bastante irregular, pero será de alguna manera activa y persistente. También haré una recopilación de artículos pasados y que ya fueron publicados en otros lugares pero que no dejan de ser actuales. Ojalá me ayuden con sus comentarios. Aquí vamos pues...
viernes, 10 de febrero de 2012
viernes, 3 de febrero de 2012
Woody Allen, Hemingway y la Medianoche en París
No soy un gran admirador de Woody Allen. Me gustan algunas de sus películas, una o dos, el resto es como para decir, ¿y ésto? Sus películas tienen dentro de esa irreverencia intelectual que lo caracteriza, algo de actitud esnob (sí, se escribe así, aunque parezca mentira) para con el espectador. Pero al ver Medianoche en París realmente algo llamó poderosamente mi atención. Es una comedia, sí, pero en muchos de sus personajes hay un profundo respeto por el pensamiento, tratan de transmitir algo. Y no hablo de Owen Wilson, que siempre actúa de Owen Wilson. Me refiero a personajes como el de Hemingway, personificado por Corey Stoll, que en un momento en que habla con el personaje de Wilson que quiere ser escritor pero no toma la decisión final, Hemingway le habla de lo que significa el amor, el texto es una traducción mía, perdón por los errores: “Creo que aquel amor que es honesto y verdadero crea un espacio ante la muerte. Toda cobardía viene de no saber amar o de no amar de la manera correcta, que es la misma cosa, y que cuando un hombre que es valiente y honesto, mira a de frente a la desolada muerte, es porque él puede amar con tanta pasión que le es posible sacar la muerte de su mente hasta el día que ésta vuelva, porque algún día volvera. Y en ese momento él debe volver a amar, nuevamente, con pasión, para seguir viviendo... Piénsalo.” Qué hermosa definición del amor, que solo cuando se sabe amar, se puede desplazar a la muerte de su estado natural, en los pensamientos. El personaje de Wilson, que esta insatisfecho en el presente, trata de vivir en París, en la gloriosa década de los 20, y cada medianoche, rodeado de todas las genialidades del momento, viaja a ese especial momento de la historia para seguir aprendiendo de la gente que admira y respeta, pero su antagonista, Paul, lo devuelve bruscamente a la realidad: “La nostalgia es una negación, se niega el doloroso presente... El nombre de esta negación es pensar en la época dorada, La noción errónea de que un periodo de tiempo es mejor que el actual. Es el escape de las imaginaciones románticas, de aquellos que no pueden lidiar con el presente.” Duro, muy duro con aquellos que aún atreven a soñar, pero una cruda y discutible realidad.
Otra interesante cita es la del personaje de Gertrude Stein, que define la labor de un artista: “El trabajo de un artista is no sucumbir en la desesperación común, sino encontrar un antídoto contra el vacío de la existencia.” Y adhiero totalmente a esto.
Para no hacerla muy larga, este filme está lleno de sugerencias que invitan a mirar con otra óptica la vida, el amor, el arte. Una buena película con personajes que nos traen una inspiración sublime de la mano de Picasso, Dalí, Fitzgerald, Buñuel y otros. Tal vez debería empezar a ver más filmes de Woody Allen para ver si encuentro lo que no vi antes, un poco de aquellas visiones que a veces se nos escapan.
Los invito a verla.
jueves, 2 de febrero de 2012
miércoles, 1 de febrero de 2012
Poema de Wislawa Symborska
Fotografía de la muchedumbre
En la fotografía de la muchedumbre
mi cabeza es la séptima de la orilla,
o tal vez la cuarta a la izquierda,
o la veinte desde abajo;
mi cabeza no sé cuál,
ya no una, no única,
ya parecida a las parecidas,
ni femenina, ni masculina,
las señales que me hace
son ningunos rasgos personales;
quizás la ve el Espíritu del Tiempo,
pero no la mira;
mi cabeza estadística
que consume acero y cables
tranquilísima, globalísimamente;
sin la vergüenza de ser una cualquiera,
sin la desesperación de ser cambiable;
como si no la tuviera en absoluto
a mi manera y por separado;
como si se hubiera desenterrado un cementerio
lleno de anónimos cráneos
en un aceptable estado de conservación
a pesar de su mortalidad;
como si ya hubiera estado allá
-mi cabeza, una cualquiera, ajena-
donde, si recuerda algo,
sea tal vez el profundo futuro.
De "Si acaso" 1978
Versión de Abel A. Murcia
En la fotografía de la muchedumbre
mi cabeza es la séptima de la orilla,
o tal vez la cuarta a la izquierda,
o la veinte desde abajo;
mi cabeza no sé cuál,
ya no una, no única,
ya parecida a las parecidas,
ni femenina, ni masculina,
las señales que me hace
son ningunos rasgos personales;
quizás la ve el Espíritu del Tiempo,
pero no la mira;
mi cabeza estadística
que consume acero y cables
tranquilísima, globalísimamente;
sin la vergüenza de ser una cualquiera,
sin la desesperación de ser cambiable;
como si no la tuviera en absoluto
a mi manera y por separado;
como si se hubiera desenterrado un cementerio
lleno de anónimos cráneos
en un aceptable estado de conservación
a pesar de su mortalidad;
como si ya hubiera estado allá
-mi cabeza, una cualquiera, ajena-
donde, si recuerda algo,
sea tal vez el profundo futuro.
De "Si acaso" 1978
Versión de Abel A. Murcia
viernes, 27 de enero de 2012
La innecesidad de las guerras
No es novedad que los Estados Unidos están en decadencia. Los últimos 40 años han sido dificiles, mal gobernados y tomando decisiones equivocadas. Hubo guerras innecesarias y costosas, en vidas y en dinero. ¿Ejemplos? Vietnam, Las intervenciones militares en Cuba, Nicaragua, Grenada, Panamá, las promociones de muchas guerras civiles, en especial en Latinoamérica y las más recientes de Afganistán, Irak y Libia. ¿La próxima es Irán?
Si bien hay una creencia tendenciosa que dice que la guerra es un buen negocio para reflotar la economía, a largo plazo, eso es mentira. Cuando los soldados vuelvan de sus puestos de combate, no habrá oferta laboral para ellos. A los que quedaron lisiados, física y mentalmente, habrá que darles servicios de por vida. Entonces, ¿de qué negocio me están hablando? La recesión es interminable, y los trabajos siguen escapándose a China, India o Latinoamérica.
Para colmo de males la deuda externa del país es la más grande del mundo y suena como que será imposible pagarla. ¿No suena eso familiar? ¿Y a que no saben quién es el mayor acreedor de la gran nación del norte? Sí, China. Un país que se asoma con las intenciones de asumir, en cuanto tenga una oportunidad, el lugar de Superpoder mundial. ¿Cómo anda tu mandarín? Empezá a aprenderlo entonces.
La guerra debería ser contra la ignorancia. Porque ya sabemos que pasa cuando no hay trabajo, sube la violencia y sube la intolerancia. Y ésta última palabra, la reservan especialmente contra los inmigrantes. Que se roban los trabajos de los ciudadanos, que no se adaptan, que no quieren hablar inglés y tantas tonterías más. Lo malo es que esto no está pasando solo en Estados Unidos, en Europa también.
Por eso pienso que si un país tiene el poder que tiene una potencia mundial, debería hacer otro tipo de guerras. Que sus ejércitos lleven paz o justicia, como debería haber sido en Somalía, ¿pero a quién carajo le importa Somalía? En el futuro las guerras deberían ser contra la ignorancia, como dije antes, pero también contra la pobreza, material y espiritual, contra el hambre, de comida y de conocimiento, contra la desidia, de no hacer nada y de no querer ver lo que pasa, contra la pereza, tanto intelectual como laboral, contra la negatividad, de no creer en el ser humano y la de desear el mal al prójimo. Y a esas guerras debemos ir con libros, con imaginación, con fe, con ganas de provocar un cambio y deseos de hacer las cosas bien.
Esas, damas y caballeros, son las únicas guerras que son necesarias y que valen la pena pelear, porque si ganamos esas, las demás van a dejar de existir.
domingo, 22 de enero de 2012
Otra vez SOPA, cercenan la libertad en internet
La nueva ley SOPA, Stop Online Piracy Act, es una ley que cercena la libertad en internet. Sí, sus defensores dirán que protegen los derechos intelectuales de los nortemaericanos en el mundo, pero deberían decir, que en realidad protegen los derechos de las corporaciones. El ciudadano común no se beneficia en nada. Al contrario, seguramente ahora tendrá que pagar todo más caro.
Realmente me molesta la actictud norteamericana de dedicarse a ser la policía del mundo. Y esta ley le da el poder a las autoridades de cortar cualquier medio en el cyber espacio que se les ocurra. Por ejemplo, este blog podría ser llamado subversivo por las autoridades y podrían bloquearlo solamente por ser sospechoso o por pensar diferente. Este es un ataque frontal a la libertad de expresión que tanto pregona la gran democracia del norte. No me extraña que haya sido un republicano, Lamar Smith, que haya introducido esta ley.También esta ley dice proteger los derechos de las compañías farmacéuticas, pero se olvidan que hay leyes en otros países que consideran que una medicina debe ser un bien común para la humanidad y no un beneficio para una compañía. ¿Vamos a invadir otro país por esta razón?
Lo cierto es que ya no se podrá ser creativo en muchas facetas. No se podrá usar material de una película, por ejemplo, para hacer una parodia o criticarlo sin el concentimiento de la multinacional de turno. ¿Por qué no bloquean el spyware que las compañías ponen en nuestras computadoras para vendernos más porquerías? ¿ No es eso una violación de nuestros derechos?
Parece que ya no basta que los vegetales tengan semillas que no darán frutos, porque están manipulados por Monsanto y otros, y que si queremos plantar algo solo se lo podamos comprar a una multinacional sin rostro. Pronto van a patentar hasta el aire que respiramos, y deberemos pagar por ello.
A mi siempre mi mamá me decía que la sopa era buena para la salud. Bueno mamá, prefiero tu sopa de siempre. Porque esta SOPA, me acaba de dar diarrea.
lunes, 16 de enero de 2012
Elecciones: Hora de decir qué queremos
No me canso de decir que cada vez que hay elecciones en Estados Unidos, el mundo entero debería votar, ya que lo que aquí sucede, lamentablemente, afecta al resto del mundo. Y si no que se lo pregunten a los afganos, a los iraquíes o a los libios.
Pero también hay que admitir que muchos dentro de las fronteras de este país no votan Y me refiero en especial a los latinos. Sí votan por ejemplo los cubanos en la Florida, pero por otros motivos, y sabemos también con qué partido político se identifican. Pero los demás no lo hacen. Tampoco estamos representados de la manera en que deberíamos. No hay suficientes candidatos latinos; somos casi el 15% de la población del país, con solo un 3% de representantes hispanos en el congreso. No estamos representados tampoco en los medios, ni en el marketing cotidiano. Y esto puede también leerse como una apatía propia al momento de exigir lo que nos corresponde, y eso se puede corregir votando. Si se vota a un candidato que promete una reforma inmigratoria, hay que exigirle que la cumpla. Si hay algún candidato anti inmigrante, que los hay y muchos, hay que votar en contra de ellos. Porque esos mismos que hablan en contra de los inmigrantes, parecen olvidarse que todos aquí, menos los nativo-americanos, venimos de algún lugar lejano de América del Norte.
Dicen que no hay peor ciego que aquel que no quiere ver. Y quizás podamos aplicar este dicho a nosotros mismos, porque nos quejamos de los atropellos que recibimos todos días, por hablar mal inglés, por vestir diferente, por tener una cultura distinta. Pero tampoco hacemos mucho para cambiar esa situación. Si nos quedamos impávidos, estamos consintiendo nuestra realidad, y eso está mal. Hay que salir y expresarse. Hay que decir qué es lo que queremos y hay que exigir que se cumpla con las promesas de las campañas políticas.
Si no votamos, no tendremos derecho a reclamar nada. No votar es decir que no nos importa lo que suceda. Si queremos ser repetados, tenemos que expresarlo en las urnas y participando. No importa qué partido político o que candidato. Sino con ideas, con un programa que sea inclusivo y que traiga beneficios para nuestra gente, nuestra cultura y nuestro idioma. Si no lo hacemos, le daremos la razón a los que nos atacan sin razón. Hay que salir de la cáscara y decir aquí estamos, vinimos para quedarnos, y somos parte de esta sociedad. Peleamos sus guerras, trabajamos honestamente y nos adaptamos a sus costumbres. Queremos respeto. Y eso se gana participando.
Ahora hay que ir a votar y decir qué tipo de país queremos.
domingo, 8 de enero de 2012
El buen momento del cine latino
Ya desde hace varios años el cine latino disfruta de aires renovadores y de un auto análisis profundo y reconfortante. Hay comedias que nos hacen reír y pensar, hay dramas que nos concientizan, hay artistas que se animan a decir cosas que otros callan o que hablan de temas que aún queman. De la mano de nuevos y audaces directores, de actores más profesionales, y de productores que no solo piensan en reembolsar el dinero invertido, nuestros países han ganado en arte y en exposición ante el mundo.
España quizás es el mejor ejemplo y el que ha tenido mejor recepción y reconocimiento. Produce unas 80 películas al año, incluyendo co-producciones con América latina, y este es un número nada despreciable, considerando el gran éxito que ha tenido de la mano de directores como Pedro Almodóvar, o actores reconocidos en Hollywood, como Antonio Banderas, Penélope Cruz o Javier Bardem. Pero hay otros directores españoles que han trascendido sus fronteras como Alejandro Amenábar o Icíar Bollaín, siguiendo los pasos de grandes directores como Luis Buñuel o Carlos Saura entre otros.
En el caso de México, los directores y actores trabajan en constante intercambio con Estados Unidos. Las razones son más que obvias. La cercanía, los recursos, los temas en común. Pero el trío de directores formado por Guillermo del Toro, Alfonso Cuarón y González Iñarruti no se han quedado en su propia gloria, sino que al contrario se han preocupado por seguir trabajando en su idioma y en los temas que más preocupantes son para ellos. Otros directores mexicanos también se han destacado, como Reygadas, y los actores Gael García Bernal y Diego Luna se han dedicado a producir películas, como la sorprendente “Sin nombre”.
Argentina, otro país tradicionalmente fuerte en producciones cinematográficas, ha vuelto al escenario mundial de la mano de su premiada película “El secreto de sus ojos”, pero también ha mostrado una singular renovación de la mano de jóvenes directores como Lucrecia Martel.
Lamentablemente Cuba ha dejado producir películas debido a su constante crisis económica, y nos ha dejado algo huérfanos después de la muerte del genial Tomás Gutiérrez Alea. Pero a pesar de eso, el mundo hispano sigue produciendo buen cine. un cine diferente, que nos representa y describe en nuestras mejores ropas, pero también en nuestras miserias. Y si eso sirve para conocernos mejor, y para mostrarnos al mundo, entonces sentémonos en la butaca, sirvámosnos una palomitas de maíz y difrutemos de nosotros mismos.
domingo, 18 de diciembre de 2011
El día que la pluma dirigió un país
Déjenme que les hable de Vaclav Havel. Él fue un escritor checo, un intelectual. Alguien que pensaba en el ser humano, y en cómo éste complicado ser, podía convivir con otro ser. Un activista de los derechos humanos, un apasionado por la no violencia. Estuvo en la cárcel muchas veces por resisitir pacificamente al comunismo de su país, la última vez por 5 años. Participó en la Primavera de Praga en 1968, encabezó la Revolución del terciopelo, una revolucion pacífica donde se ponían flores en los fusiles, como en el 68, como en París, que derrocó finalmente el gobierno dictatorial de su país.
Llegó a ser presidente, vio como su nación se partía en dos, pero dejó ir a los que se querían ir. Él era un hombre venerado por su arte, por su pasión por la vida, por los castigos que recibió por creer en sus ideas. Por ser humano.
Cuando veo que nuestros gobiernos tienen en el poder gente sin alma, sin escrúpulos, que no les importa el bien común sino el de ellos mismos, pienso en gente como Ghandi, como Mandela, como Vaclav Havel.
Ayer se nos fue Vaclav Havel producto de las secuelas de sus encarcelamientos. Se fue un escritor, se fue un hombre. Se fue alguien que creía que el cambio del hombre empezaba por el cambio propio y con el ejemplo. Ojalá hubiera más como él. Ojalá más intelectuales fueran presidentes y no abogados, o militares, o políticos.
Ojalá hubiera más gente como Vaclav Havel. Este es mi humilde recuerdo a un hombre de bien.
domingo, 11 de diciembre de 2011
Crónica de fútbol y de sueños rotos
El primero en llegar al restaurante fue Fabián. Al subir los pocos escalones hasta la tarima donde se encontraba la mesa no pudo evitar cojear un poco, probablemente esa vieja lesión en los gemelos le hace doler cada vez que tiene que hacer un esfuerzo poco común. Fabián ya no se acuerda desde hace cuando le duele la rodila derecha, si hace diez o nueve años, pero al menos una o dos veces la año lo separa del plantel del equipo por un par de meses hasta que se recupera. Ya se siente un poco cansado de la lesión, y cada año que esto sucede piensa en el retiro. Fabián es argentino, nació en la provincia Santa Fe hace ya 34 años y sabe que no le quedan muchos años para jugar al fútbol.
Jorge llega casi enseguida, inconfundible con su termo de agua caliente en una mano y el mate en la otra, como buen uruguayo de raza. Jorge es oriundo de Rocha, y jugó en las inferiores de Peñarol antes de venir a jugar al fútbol a Centroamérica. Cuando habla tiene un tono de nostalgia, muestra en sus ojos que cuando llegó a Guatemala, soñaba con algo distinto a su presente con más bajos que altos.
Y por último apareció Dinho, un joven brasileño de 23 años que hace sólo tres que está jugando al fútbol en Guatemala. Su sonrisa delata juventud y los otros dos jugadores de fútbol bromean sobre su nuevo corte de pelo con algunos tintes rubios que lo asemejan a un actor de telenovelas. Los tres por un rato bromean por que se conocen desde algún tiempo atrás, cuando jugaban en un extinto club llamado Santa Lucía de la primera división del fútbol guatemalteco.
Los tres futbolistas y este escriba se juntaron en un restaurante argentino de la ciudad de Antigua para hablar de fútbol, de sus vidas, de sus sueños pero también de política. Porque cuando ellos tres dejaron sus respectivos países años atrás, dejaron mucho más que su tierra, dejaron sus sueños, sus afectos y también sus esperanzas. Nunca creyeron que iban a ser parte del juego político de algunos personajes que utilizan equipos de fútbol para campañas, para beneficios personales, para réditos políticos.
“Hace ya quince años que estoy en Centroamérica, jugué al fútbol en Honduras, en Nicaragua, pero siempre termino aquí en Guatemala, donde todavía tengo algo de nombre que me respalda y he formado mi familia”, dice Fabián que se casó con una modelo local y tiene dos hijos.
Los otros dos futbolistas escuchan en silencio, como respeto hacia el patriarca y por esos lazos que han formado en la humedad de los vestuarios.
“Cuando nos llamaron para jugar en el Santa Lucía, no lo podíamos creer. El contrato era de los mejores que se podían encontrar en la Liga. En especial para un equipo recién formado, el dinero se equiparaba con los dos equipos más grandes del país. Tendríamos que haber desconfiado, pero creímos en las ganas del Presidente del club, en el esfuerzo económico que estaba haciendo. Nunca nos imaginamos que sus intenciones fueran otras”.
Jorge asiente en silencio y recuerda el mal trago que tuvo en ese club cuando tuvo que rescindir el contrato. “Yo dije que si no me pagaban lo que me debían, que en ese momento eran seis meses des sueldo, me tenían que dejar ir y pagarme el resto del contrato. Fue cuando este señor sacó un revolver de entre las ropas y lo puso en la mesa. Por supuesto la negociación se terminó allí”.
“Yo tuve un poco más de suerte”, dice Dinho con un suave acento pero con perfecto español. “A mi trajo un grupo empresario y no estuve más que un torneo en Santa Lucía, me pagaron los dos primeros meses, pero cuando los resultados no ayudaban en menos de una semana dejaron de pagar la renta de mi apartamento y tuve que buscar uno por mi cuenta. El propietario practicamente me echó por la ventana de allí. Por suerte me fui al terminar el campeonato”.
“Lo peor fue que cuando empezamos a andar bien, estabamos en todos lados con el Presidente y comitiva. Fiestas, fotos, actos políticos, porque teníamos que ir o enfrentarnos a los lavados de cerebro de los directivos, nosotros te pagamos, nostros te trajimos aquí, te estamos haciendo una estrellas, que eres desagradecido. Entonces terminabamos mostrándonos con ellos en todas partes. El presidente quería ser el alcalde de la ciudad. Y nos lo hacía saber muy claro, que si él no ganaba, nosotros nos quedabamos sin trabajo”. Dice Fabián casi sin emoción, como si se tratara de un hecho cotidiano y no del futuro de un hombre.
Ingenuamente les pregunto si enjuiciaron a la institución por la falta de pago pero los tres hacen silencio. Después de unos segundos, Jorge me dice que sí, pero el club desapareció sin pagar las deudas que tenía con el plantel. “Lo borraron. Lo declararon en quiebra y no hubo forma de cobrar un quetzal”. Los tres hacen una pausa, beben su agua mineral mientras comen carne asada en silencio. Yo no bebo agua mineral, agarro mi copa de vino y le doy un sorbo. Repentinamente me sabe amargo y agresivo a la lengua.
Les vuelvo a preguntar sobre el presidente del club y Dinho sonríe de manera cordial y dice que por supuesto nunca llegó a la alcaldía y que debido a los juicios por corrupción y otros escándalos ahora vive en Los Ángeles. El silencio se expande y veo que en las caras de los jugadores hay frustración. Empezamos a hablar de cosas triviales entonces, pero me viene a la cabeza la frase de Maradona: “La pelota no se mancha”.
Hay muchos ejemplos en Latinoamérica del uso del fútbol como instrumento político. Podemos mencionar cuando en plena guerra de Malvinas, el general Galtieri, Presidente de facto argentino le pide a Menotti que gane el Mundial como apoyo al momento político del país. O la absurda guerra del fútbol donde dos países centramericanos movilizaron sus tropas a zonas fronterizas por el resulado de un partido de fútbol entre los seleccionados de esos países.
Es un hecho comprobado que el fútbol genera pasiones encontradas. Hay muertes en los estadios en nombre de un equipo de fútbol, o de una ciudad, o de un país. Y sí, la política no escapa a la regla, hay que mantener a la gente ocupada pensando en algo, y que mejor que el fútbol que cada domingo nos ofrece una revancha.
Los tres futbolistas terminan su almuerzo. No piden postre, se justifican con el tema de la dieta. Ahora los tres juegan en equipos diferentes, son rivales ocasionales, pero los hermana la experiencia de haber sido víctimas de sus propios sueños, el de jugar al fútbol, el juego más hermoso y popular del planeta, porque después de todo, el fútbol es eso, un juego. No deberíamos olvidarlo.
Los tres hombres se despiden y se van, hablando alto, jugando entre ellos como niños que se preparan para un picado o una cascarita. Todavía creen en lo que hacen.
Yo me quedé en la mesa, anotando cosas en una libreta. El mesero sube el volumen del televisor porque un partido de la Champions League va a empezar. Cierro la libreta y dejo de escribir, me pido otro vaso de vino. Me recuesto en mi silla y me pongo a mirar. Tengo ganas de ver un buen partido.
jueves, 1 de diciembre de 2011
Entre cielos e infiernos, una visión sobre la muerte
A lo largo de la historia el hombre ha tratado inútilmente de saber qué hay después de la muerte. Y si bien las religiones se han tomado el trabajo de explicar oníricamente el proceso del más allá, los resultados están basadas en cuestiones de fe y no de practicidad. Por supuesto que no hay practicidad en la muerte, pero al no haber evidencias sobre el contenido específico de este fenómeno inevitable, no nos queda más que visualizar de alguna manera subconsciente una vida eterna sin sobresaltos o el castigo sin fin que merecerán nuestros actos. Pero los cielos y los infiernos son diferentes dependiendo de las creencias de uno. Y aquí llegamos al contraste supremo de lo que nos espera, definitivamente, esos contrastes son la suma de esperanzas y miedos organizadas en nuestra mente a través de los años. Pongamos como ejemplo el infierno cristiano y el infierno de los vikingos. El cristiano habla de fuego, de hogueras, de calor intenso y sofocante. Por el contrario, el infierno vikingo se define como el frío absoluto, una estepa blanca pero sin luz, una sucesión de hielo y nieve sin posibilidades de encontrar nada más que el vacío. Ambos hablan de sufrimiento, pero en ambientes completamente dispares. Los griegos consideraban al infierno como un lugar de oscuridad total, sin posibilidades de reconocer siquiera las voces.
Ya que hablamos de infiernos, debemos mencionar cómo evolucionó el concepto del castigo eterno. Hasta la aparición del cristianismo no existía un concepto de infierno como el que tenemos ahora. En la religión judía, la creencia en la que se basan las dos religiones monoteístas más extendidas en el planeta, el cristianismo y el islam, no hay mención de la existencia de un infierno después de la muerte, sólo se habla de la desaparición total por la falta de Dios en nuestros corazones. Lo que se consigue es el premio de la vida eterna, no se describe ningún tipo tortura ni demonios gozando con el sufrimiento. La idea del purgatorio no aparece hasta que Dante Alighieri presentara trece siglos después de Cristo, su genial Divina comedia, quizás el mejor libro escrito en la historia de la humanidad. El purgatorio es una estación previa al cielo, donde, valga la redundancia, se purgan los pecados. Como ejemplo, podemos mencionar los pecados de pasión: Dante representa a las almas como palomas, y estas almas deben purgar sus pecados en aguas tremendamente frías antes de entrar al cielo. Una suerte de purificación. Entendamos que la Divina comedia no fue pensada como libro ícono de la religión, sino como expresión literaria y filosófica del escritor y nada más. Por supuesto el concepto se tomó muy bien en la estructura de la iglesia de pensamiento medieval, conduciendo a los fieles a través de la culpa y, encontrando terreno para seguir explotando el miedo al más allá lejos de la religión.
En el budismo no hay un acercamiento al infierno como lo entendemos. O para explicarlo de otra manera, el castigo por no lograr la perfección del alma necesaria para alcanzar el Nirvana, es volver a vivir. Quizás suene como ideal pero tiene una lógica impar. El concepto de la vida es la del examen, uno debe comportarse de acuerdo a ciertas reglas para lograr el ascenso al estado divino, aquel que no logra la perfección del alma de acuerdo a los parámetros budistas, está condenado a reencarnarse y volver a vivir hasta alcanzar el estado de gracia eterno. La parte complicada del sistema es que uno se puede reencarnar en un ser humano, pero si el individuo fue nefasto durante su período de vida, le tocaría reencarnarse en forma de animal. Si bien no hay conocimiento cierto sobre cuantas veces una persona va a reencarnarse, los budistas afirman que para alcanzar el Nirvana el promedio es de siete vidas. Muchos cuestionan la reencarnación porque no explica porqué no hay recuerdos de las vidas anteriores, pero la “Rueda de la vida” dice que nuestras memorias son borradas para no entristecernos con nuestras acciones del pasado. Ahora bien, ¿qué es el Nirvana? Es el estado de paz absoluta, cuando el hombre se desprende finalmente de las ansias y los deseos materiales. Buda no es un dios. Y en el budismo no existen estructuras jerárquicas con legiones de ángeles para adorar a la divinidad. Buda significa “el iluminado”. Cualquier persona puede llegar a ser un buda, porque el requisito es poder reconocer el estado de espiritualidad que puede hacer sentir el cielo en la tierra.
El concepto de cielo es más o menos generalizado. Se habla de paz, de un estado sin necesidades, del reencuentro con los seres amados. Como rareza genuina, el cielo del Islam se describe de manera muy humana, donde hay jardines, donde las prohibiciones que se han tenido durante la vida son permitidas, como la de beber alcohol, y quizás lo más sobresaliente es la existencia del sexo. A los buenos musulmanes les está reservado un encuentro con un harén de vírgenes.
Por supuesto también deberíamos mencionar a los ateos, aquellos que claman no creer en nada. Lo que significaría que al morir nuestra existencia se termina y no hay esperanzas de un más allá. En ese caso, la moral cambia de acuerdo a las leyes de convivencia personales, ya que no habrá que rendir cuentas de ningún tipo pues no habrá juicio final. Lo que lleva a pensar que entre tener esperanza y no tenerla, es mejor creer en algo que esperar por la nada.
Las religiones no sólo tratan de dar una explicación espiritual a la realidad de la muerte, sino también tratan de forjar una conducta moral lo largo de la existencia, que incluya la vida presente, y por sobre todo el concepto de justicia divina y la solución definitiva a la desigualdad al acabar nuestro tiempo de vida. Independientemente de la forma en creamos que será el cielo o el infierno, todo depende de lo que hagamos durante nuestro tiempo de vida; y la mejor manera de mantener el infierno lejos de nosotros, es creando un entorno donde todos tengan lugar, respetando diferencias religiosas, culturales y étnicas. De nosotros depende que la vida se parezca al cielo que deseamos o al infierno que tememos.
viernes, 18 de noviembre de 2011
Miami, la nueva capital cultural de latinoamérica
Desde siempre cuando uno pensaba en las capitales culturales de latinoamérica, inmediatamente se refería a dos cudades: la ciudad de México y Buenos Aires. Sus proyectos culturales, sus grandes editoriales, su usanza en todo tipo de vanguardia en las artes las asociaba como la punta de lanza de lo intelectual en esta parte del mundo. Estas dos ciudades eran las mecas del pensamiento. Todos queríam mostrarse allí, todos querían codearse con la elite de la intelectualidad latinoamericana que se juntaba en estas urbes. Pero eso era antes, en los tiempos de gloria. Hoy debemos sumar a otra ciudad, una ciudad que está algo más al norte: Miami.
Sé que algunos no estarán de acuerdo conmigo, pero hoy en día debido a muchos factores: las constantes crisis económicas de nuestros países, las guerras civiles, la inestabilidad política y el cansancio de las promesas rotas, han empujado a muchos de nuestros compatriotas a emigrar y la elección número uno ha sido Estados Unidos, y su puerta de entrada es Miami.
Las características de esta ciudad la hacen única: mayormente se habla español, está cerca de latinoamérica lo que hace que la comunicación sea más fluida, y su círculo cultural es bilingüe, lo que nos acerca a un mercado mucho más grande y más accesible que el nuestro. Miami si ha convertido en un doble trampolín hacia Estados Unidos y latinoamérica. Nueva York también está cumpliendo esta función. Todo artista desea presentarse en esta ciudad. Aquí se producen muchos prgramas de televisión para nuestros países. Los premios de música se generan aquí. Y por supuesto, las mayores conpañías, sean editoriales o productoras tienen oficinas en esta ciudad.
Creo que latinoamérica hace mucho tiempo se ha extendido a muchas partes de Estados Unidos y quizas Miami sea el ejemplo más claro. Ya no solo en cuestiones económicas, sino también en el ámbito cultural.
Miami es ya tan nuestra como de ellos, y tiene el sabor de nuestra propia cultura, la grande, la de todos, la de muchos colores y sabores, la que nos une a todos a pesar de nuestras diferencias. No elegimos esta realidad pero es lo que hay, y no suena mal a pesar de todo. Miami es una capital más de la cultura latinoamericana.
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