Bloggear o no bloggear...

...he aquí la cuestión. Me propongo desde este espacio publicar cada tanto algunos comentarios, artículos, opiniones sobre la realidad del latino en Estados Unidos, pero sin olvidarme que ante todo soy latinoamericano y lo que sucede en el continente afecta a todos los que estamos aquí. La frecuencia de publicación será bastante irregular, pero será de alguna manera activa y persistente. También haré una recopilación de artículos pasados y que ya fueron publicados en otros lugares pero que no dejan de ser actuales. Ojalá me ayuden con sus comentarios. Aquí vamos pues...

jueves, 1 de diciembre de 2011

Entre cielos e infiernos, una visión sobre la muerte



A lo largo de la historia el hombre ha tratado inútilmente de saber qué hay después de la muerte. Y si bien las religiones se han tomado el trabajo de explicar oníricamente el proceso del más allá, los resultados están basadas en cuestiones de fe y no de practicidad. Por supuesto que no hay practicidad en la muerte, pero al no haber evidencias sobre el contenido específico de este fenómeno inevitable, no nos queda más que visualizar de alguna manera subconsciente una vida eterna sin sobresaltos o el castigo sin fin que merecerán nuestros actos. Pero los cielos y los infiernos son diferentes dependiendo de las creencias de uno. Y aquí llegamos al contraste supremo de lo que nos espera, definitivamente, esos contrastes son la suma de esperanzas y miedos organizadas en nuestra mente a través de los años. Pongamos como ejemplo el infierno cristiano y el infierno de los vikingos. El cristiano habla de fuego, de hogueras, de calor intenso y sofocante. Por el contrario, el infierno vikingo se define como el frío absoluto, una estepa blanca pero sin luz, una sucesión de hielo y nieve sin posibilidades de encontrar nada más que el vacío. Ambos hablan de sufrimiento, pero en ambientes completamente dispares. Los griegos consideraban al infierno como un lugar de oscuridad total, sin posibilidades de reconocer siquiera las voces.
Ya que hablamos de infiernos, debemos mencionar cómo evolucionó el concepto del castigo eterno. Hasta la aparición del cristianismo no existía un concepto de infierno como el que tenemos ahora. En la religión judía, la creencia en la que se basan las dos religiones monoteístas más extendidas en el planeta, el cristianismo y el islam, no hay mención de la existencia de un infierno después de la muerte, sólo se habla de la desaparición total por la falta de Dios en nuestros corazones. Lo que se consigue es el premio de la vida eterna, no se describe ningún tipo tortura ni demonios gozando con el sufrimiento. La idea del purgatorio no aparece hasta que Dante Alighieri  presentara trece siglos después de Cristo, su genial Divina comedia, quizás el mejor libro escrito en la historia de la humanidad. El purgatorio es una estación previa al cielo, donde, valga la redundancia, se purgan los pecados. Como ejemplo, podemos mencionar los pecados de pasión: Dante representa a las almas como palomas, y estas almas deben purgar sus pecados en aguas tremendamente frías antes de entrar al cielo. Una suerte de purificación. Entendamos que la Divina comedia no fue pensada como libro ícono de la religión, sino como expresión literaria y filosófica del escritor y nada más. Por supuesto el concepto se tomó muy bien en la estructura de la iglesia de pensamiento medieval, conduciendo a los fieles a través de la culpa y, encontrando terreno para seguir explotando el miedo al más allá lejos de la religión.
En el budismo no hay un acercamiento al infierno como lo entendemos. O para explicarlo de otra manera, el castigo por no lograr la perfección del alma necesaria para alcanzar el Nirvana, es volver a vivir. Quizás suene como ideal pero tiene una lógica impar. El concepto de la vida es la del examen, uno debe comportarse de acuerdo a ciertas reglas para lograr el ascenso al estado divino, aquel que no logra la perfección del alma de acuerdo a los parámetros budistas, está condenado a reencarnarse y volver a vivir hasta alcanzar el estado de gracia eterno. La parte complicada del sistema es que uno se puede reencarnar en un ser humano, pero si el individuo fue nefasto durante su período de vida, le tocaría reencarnarse en forma de animal. Si bien no hay conocimiento cierto sobre cuantas veces una persona va a reencarnarse, los budistas afirman que para alcanzar el Nirvana el promedio es de siete vidas. Muchos cuestionan la reencarnación porque no explica porqué no hay recuerdos de las vidas anteriores, pero la “Rueda de la vida” dice que nuestras memorias son borradas para no entristecernos con nuestras acciones del pasado. Ahora bien, ¿qué es el Nirvana? Es el estado de paz absoluta, cuando el hombre se desprende finalmente de las ansias y los deseos materiales. Buda no es un dios. Y en el budismo no existen estructuras jerárquicas con legiones de ángeles para adorar a la divinidad. Buda significa “el iluminado”. Cualquier persona puede llegar a ser un buda, porque el requisito es poder reconocer el estado de espiritualidad que puede hacer sentir el cielo en la tierra.
El concepto de cielo es más o menos generalizado. Se habla de paz, de un estado sin necesidades, del reencuentro con los seres amados. Como rareza genuina, el cielo del Islam se describe de manera muy humana, donde hay jardines, donde las prohibiciones que se han tenido durante la vida son permitidas, como la de beber alcohol, y quizás lo más sobresaliente es la existencia del sexo. A los buenos musulmanes les está reservado un encuentro con un harén de vírgenes. 
Por supuesto también deberíamos mencionar a los ateos, aquellos que claman no creer en nada. Lo que significaría que al morir nuestra existencia se termina y no hay esperanzas de un más allá. En ese caso, la moral cambia de acuerdo a las leyes de convivencia personales, ya que no habrá que rendir cuentas de ningún tipo pues no habrá juicio final. Lo que lleva a pensar que entre tener esperanza y no tenerla, es mejor creer en algo que esperar por la nada.
Las religiones no sólo tratan de dar una explicación espiritual a la realidad de la muerte, sino también tratan de forjar una conducta moral lo largo de la existencia, que incluya la vida presente, y por sobre todo el concepto de justicia divina y la solución definitiva a la desigualdad al acabar nuestro tiempo de vida. Independientemente de la forma en creamos que será el cielo o el infierno, todo depende de lo que hagamos durante nuestro tiempo de vida; y la mejor manera de mantener el infierno lejos de nosotros, es creando un entorno donde todos tengan lugar, respetando diferencias religiosas, culturales y étnicas. De nosotros depende que la vida se parezca al cielo que deseamos o al infierno que tememos.

1 comentario:

  1. ¡Excelente artículo, Fer! Toda mi vida, desde que tengo uso de razón, me negué a creer en un DIOS injusto (pues yo sí creo que hay un SUPREMO)y así fui leyendo, abriendo mi cabeza a todo tipo de explicación sin adherir a ninguna religión en particular. En lo personal, creo en la reencarnación, la única que me explicó el por qué de tantas desigualdades, algunos nacen con todos los privilegios y otros sin nada o con todas las desgracias soportables. Desconozco cuántas vidas debemos pasar, si hay un edén o sólo nubes con ángeles y arpas, pero sí estoy convencida que la vida y la muerte no son más que dos caras de una misma moneda. Resuelto mi problema existencial, si al morir, no hay nada de lo que yo pienso, al menos viví sin temor a la muerte.

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