Bloggear o no bloggear...

...he aquí la cuestión. Me propongo desde este espacio publicar cada tanto algunos comentarios, artículos, opiniones sobre la realidad del latino en Estados Unidos, pero sin olvidarme que ante todo soy latinoamericano y lo que sucede en el continente afecta a todos los que estamos aquí. La frecuencia de publicación será bastante irregular, pero será de alguna manera activa y persistente. También haré una recopilación de artículos pasados y que ya fueron publicados en otros lugares pero que no dejan de ser actuales. Ojalá me ayuden con sus comentarios. Aquí vamos pues...

viernes, 7 de diciembre de 2018

Años

Años

Estás pasando mucho tiempo frente al espejo. Anda, apúrate, vas a llegar tarde al trabajo. ¿Qué miras? ¿Qué hay de nuevo que no hayas visto ayer, o el día anterior? Recuerda lo que te has repetido muchas veces, que el espejo es un mentiroso. El espejo no te dice nada en realidad, es lo que tú ves lo que vale la pena considerar. ¿Qué ves? ¿Un par de arrugas? ¿Es eso lo que te molesta? Vamos hombre, tienes tus años bien puestos, tus arrugas tan solo dicen que has vivido. No es para tanto. ¿No has visto cómo Adela te mira? ¿Y Mirta, no te preguntó acaso si irías al concierto en el parque? Sí, tal vez haya sido por curiosidad, o tal vez le gustaría encontrarte y hablar de algo más que de trabajo. Pero no es eso lo que te aflige, ¿verdad?
Oh, ya veo, has visto más cabellos en el cepillo que de costumbre. Ves algunos colores grises en tus sienes, y las entradas en tu cabellera se están haciendo incipientes. ¿Y eso te perturba? No debería, sabes. La canas son como condecoraciones. Son premios que nos salen por cada complicación que superamos, por cada problema que resolvemos casi sin despeinarnos. Se llama experiencia creo. Algo que se valora mucho, algo que es muchas veces inestimable. ¿No has escuchado eso que el diablo sabe más por viejo que por diablo? Te gusta que te pregunten cosas, lo sé. Lo he visto en tu semblante cada vez que vienen por un consejo. Cada vez que a otros le es más importante tu opinión, que incluso de la de tus jefes. O a tus jefes, esos que deberían estar tan seguros de lo que hacen te consultan a ti, porque no saben cómo actuar. Recuerda a tu padre. Casi sin cabellos a tu misma edad, y sin embargo nunca perdió un ápice de respetabilidad. Nunca dejaste de admirarlo. Tus vecinos, tus amigos, tu familia, tampoco dejaron de verlo como una persona a la que debían tener cerca por el cariño y tranquilidad que irradiaba. Y dime, ¿a él le importaba ser calvo? Pero si hasta le daba cierto aire de dignidad.
Parece que no te estoy convenciendo. Hasta pareces algo deprimido. ¿Que tienes panza? ¿Una leve protuberancia en tu estomago que hace un poco más difícil vestir buenas ropas, y que cuando caminas, o haces algún deporte te hace respirar más pesado y sentirte incómodo? Pero no hay nada malo en eso. No te dejes caer por lo que otros digan. Lo que tengas que cambiar, cámbialo porque tú quieres cambiarlo, por tu salud, por tu integridad, para ahorrar dinero, para lo que sea. Pero no porque lo digan los demás. Ellos no existen al momento de opinar sobre tu apariencia. No estorbas a nadie, no juzgas, no ofendes. Eres tú y tu conciencia lo que debes escuchar al momento de decidir.  Pero déjame recordarte algo. La semana pasada, cuando te juntaste con Roberto y Carlos en ese bar que tanto te gusta, que sirven esa cerveza tan fría, donde la música en vivo te hace todavía vibrar como lo hacías veinte años atrás, con esas tapas que llegan a la mesa y hacen la conversación más amena, más llena de vida y filosofía. O esa cita que tuviste con Delia en un restaurant etíope. Comiste con las manos, probaste sabores exóticos, bebiste un té que nunca habías probado antes, y te gustó. Igual que te gustó como Delia te miraba y estabas seguro de que a Delia le gustaba lo que estaba mirando. Buenos momentos, ¿no? Inolvidables realmente. Bien, tu panza se creó en esos momentos en que tu alma se sentía en comunión con el todo. Disfrutando, teniendo paz, asiendo la certeza de que la vida es bella y vale pena vivirla. 
Vamos hombre, tienes años nada más y mucho por vivir. Tienes una base de elementos que te permiten pensar en el futuro con confianza, en mirar hacia adelante sabiendo que has tenido un bagaje de experiencias en que sostenerte al momento de tomar decisiones. Sabes además que otros dependen de ti, se apoyan en ti, necesitan de ti como tú necesitas de ellos. 
Anda, ve a cambiarte, ponte esa camisa color lila que todos siempre te elogian. Usa esa corbata color crema azulado que te queda tan bien con el traje gris. Lustra los zapatos negros. Afloja el cinturón un poco para que te sientas más cómodo, ves, es el mismo agujero de siempre, casi que no has engordado. Péinate con confianza, esos cabellos que se quedan el camino son etapas superadas, son la prueba de que eres un hombre que ha enfrentado y superado todo o casi todo en la vida. Un hombre de bien. 
Sal a la calle. Disfruta del sol en tu rostro. Huele los aromas de tu barrio. El pan horneado de la panadería, el café recién molido del café de la esquina, las flores frescas de la florería y los pasteles que Doña María prepara para alguna fiesta del fin de semana. Sonríe. camina hasta la estación de tren, verás como un desconocido te deseará un buen día y tú querrás hacer lo mismo cuando veas pasar a un extraño, y sabrás que has cambiado su día como la persona anterior lo ha hecho contigo. ¿No es un sentimiento maravilloso? En el tren verás a los mismos pasajeros de siempre, al hombre anotando números de lotería, al guarda controlando los boletos, a esa madre con sus dos hijos vestidos con el uniforme de una escuela privada y que se bajarán tres estaciones antes que ti. Conoces tu elemento, te sientes seguro en tu ambiente, nada te preocupa. ¿Te sientes bien contigo mismo? ¿Te sientes confiado? Te lo dije, el espejo es un gran mentiroso. Eres como quieras verte, el espejo eres tú, eres el dueño de tu reflejo. Tienes cincuenta años y has vivido. Pero no te distraigas porque queda mucho por hacer. El día tiene veinticuatro horas, ve y llénalas como se te plazca, y al final del día celebra que estás viviendo.



































martes, 24 de abril de 2018

Divagaciones y encuentro en tres cuentos de Bernardo Navia Por Melina Calengas


Bernardo Navia, oriundo de la ciudad de Valparaíso, Chile, es el autor de Sobre destinos, ciudad y dios. En éste, envuelve sucesos escalofriantes como consecuencias de las divagaciones de la psiquis. El Bernardo conecta a la vida y la muerte como casualidades del destino paradojal, así como también del delirio y la demencia. Los sentidos se confunden en estas historias tétricas, en las cuales es difícil entrever cuál es la cuerda realidad o la personal delirante.  En “La vez que Agapito sudó”, mi mente ya comenzaba a entrever lo místico, cuando el autor, ¡así, paf!, le dio un vuelco irrisorio, de chascarrillo adolescente. Cuando los amigos de Agapito efectuaron pruebas inhumanas, en el intento de hacerlo sudar y probar errónea la rareza humana de su amigo. Así decidieron inicializarlo en el virtuoso arte del amor, y cuando el cuento alcanzaba su clímax literario, además de literal, Agapito finalmente suda, al punto de desintegrarse completamente ante los ojos de su amante.
Seguido a este relato ingenuo de la niñez y juventud, llega la historia “Sin tregua”, donde el Bernardo introduce esa sensación que experimentamos después del almuerzo abundante, la fiaca, que simplemente significa flojera. Por asociación de semejanza terrateniente, la curiosidad llevó al relato de esta historia que evoluciona desde el olvido común. Así continua la divagación de este personaje, desde estados de olvido, percepciones inocuas que crecen como una bola de nieve cuesta abajo y sin freno, hasta culminar con la pavorosa insania de persecución monstruosa. Me dejé envolver por la evolución de este relato, escrito a través de la simpleza de un diario de vida, en las cuales los días y semanas pasan por el personaje incrementando paulatinamente el curso de los acontecimientos desvariantes.
        Ese juego de emociones creado por Navia es lo que captó mi interés como lectora cuerda, o quizás algo desviada por el morbo. El secreto de esta atracción, está en la mente y sus dualidades contradictorias, el cual provee con material de sobra para explayarse en este género, creando obras que salen del contexto ordinario. Escritos que revolucionan e invitan al análisis de los pliegues neuronales más profundos. Los cuales develan pensamientos celosamente guardados, en los rincones más secretos, oscuros y pérfidos del subconsciente.


Los vacíos del gallo Samuel: Una visión sobre “La fatalidad de la gallina” Por Amelia Pacheco


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“Que los dioses me concedan su perdón o su castigo”

Son pocos los libros y poemarios que me dejan  pensando sobre mi propia existencia. La fatalidad de la gallina logró ese efecto. Provocó esa ansiedad de no poder despegar las pupilas de esas líneas que trazan la realidad, el pasado y el presente, pero sobre todo la conciencia de míticos personajes. La novela fue escrita por la colombiana Martha Cecilia Rivera, quien también es la primer inmigrante que ha publicado una novela en español en Chicago. Es un monólogo interior narrado por el personaje principal, Samuel, quien convive con un set de personajes con un gran vacío emocional y su obsesión por una mujer físicamente gloriosa.
La novela comienza narrando la historia del semidiós Ícaro. En algún momento el protagonista se compara con Ícaro y su fallido intento por ser pájaro, “desde el principio al fin, derrotado y solo”. El protagonista está locamente obsesionado con las piernas de Irene, mujer que describe con los mismos sinónimos que se usarían para describir a una diosa. La mayor parte de la novela toma lugar en una fiesta, y al son de los tambores y con un escenario muy superficial Samuel comienza a iluminar al lector sobre sus más bajas pasiones, soledad e inconformidad con la vida. Samuel es un hombre muy perceptivo y logra describir no solo a Irene, sino al resto de los personajes y sobre todo el ambiente en el que se encuentran. Lo hace tan detalladamente que te logra transportar al lugar de los hechos, como si fueses un invitado más bailando en el centro de la pista. Sientes que los ojos de Samuel ya no solo están en Irene o Daniel, ahora también sientes que el propio Samuel te mira fijamente y te describe sin reservas. Aunque la obsesión que siente por Irene es el tema central al sentirse en competencia con el personaje Daniel, la historia te lleva a mucho más que eso. Se descubren tramas de tensión provocados por el poder, la ambición, la competencia, la envidia e incluso el odio. Aún más, se expone el carácter superficial de aquellos que forman parte de la clase media.
La fatalidad de la gallina es un monologo interior narrado por un personaje perturbador y frívolo. Considero que en alguna parte de nuestra vida, fuimos ese Samuel. Tan poderoso y tan mediocre al mismo tiempo.  Ese Samuel vacío por dentro, sin saber a dónde ir, y con una gran culpa emocional por haber dejado ir las oportunidades en la vida por la monotonía del trabajo y las ambiciones, una vida que solo gira alrededor del dinero y del poder; y todo lo que no configure con esos ideales son cosas sin importancia, por ejemplo las mujeres. Porque para Samuel no son personas, solo son objetos que se asocian con lo abstracto, blanco o negro, bonito o feo, como si fueran piedras que se encuentran cuando va a la playa, y que no son merecedoras de afecto o de reconocimiento humano. Son esas combinaciones exteriores que nos permiten entender lo interior de Samuel y a todos aquellos que se encuentran involucrados en ese mismo ámbito laboral y social. El fluir de sus pensamientos también nos permite explorar el comportamiento de personas que como él viven una vida vacía y gris. 
Al parecer Samuel solo habla de Irene y de su obsesión por sus piernas, pero ¿quién es esa Irene? ¿Qué hay de su intelecto?, ¿De sus ojos?, ¿De sus manos?, ¿Acaso es solo piernas? Es ahí donde se descubre esa identidad machista de Samuel, aunque no lo expone. Sus adjetivos al referirse a las mujeres como objetos sexuales y clasificarlas como algo bueno o desagradable basado en sus atributos físicos, es más que suficiente para entender quién en realidad es Samuel. Toda otra mujer que no tenga las piernas de Irene es una gallina. Ni siquiera es capaz de mencionar alguna característica de sus rostros, para él todo es cuerpo, y solo tiene dos clasificaciones: diosa o gallina degollada.
Aunque en ocasiones la novela pueda sonar repetitiva, es a causa de su estructura. Pero cada línea te lleva a una nueva idea sin perder el rumbo de la historia. Vale la pena darle una oportunidad a ese Samuel que con su vacío te hará reflexionar sobre los más bajos pensamientos que conllevan a una  sociedad de hombres xenófobos y misóginos. Se infiere que todos estos hombres con puestos empresariales son personas inteligentes y capaces. Sin embargo, es como si esa inteligencia y poder les disminuyera su lado humano y sensibilidad hacia al resto de la sociedad, específicamente su respeto por las mujeres. La fatalidad de la gallina es una novela que expone los temas ocultos de una clase social y laboral a la cual muchos aspiramos. A Samuel le importa un cero a la izquierda el bienestar de Irene porque para él solo existen sus piernas y cuando eso se acabe será una gallina más de la oficina. Pero al final  ¿caeremos todos en esa superficialidad? ¿Acaso nos convertiremos en Samuel? ¿Seré para mis colegas hombres una Irene fatal o una gallina más?
“Que los dioses me concedan su perdón o su castigo”


lunes, 8 de enero de 2018

“Cuentos del norte, Historias del sur”, un viaje entre los dos hemisferios. (Reseña)

Siempre hablamos de que el escritor en el exilio o en la diáspora debe pasar por etapas creativas diferentes y que estas están comandadas por distintas edades emocionales relacionadas al desarraigo. En “Cuentos del norte, Historias del sur” vemos nítidamente esas tres etapas creativas. La de escribir pensando en el terruño, la de la fascinación por lo nuevo y la necesaria comparación constante entre lo viejo y lo nuevo, y la última, desde el arraigo, del personaje totalmente adaptado al lugar donde vive.
             “Cuentos del norte, Historias del sur”, es un libro de cuentos del escritor peruano Hemil García Linares, que nos transporta desde el Perú donde creció el autor, hasta los Estados Unidos, donde el escritor reside actualmente. Si bien las historias se intercalan geográficamente entre ambos hemisferios, mantienen una coherencia narrativa ya que su unidad está basada en construcción sicológica de los personajes y en los temas personales que se manejan en cada uno de los escritos.
            Los personajes de García Linares pueden ser obsesivos, ellos llegan a olvidarse ciegamente de los cánones sociales con tal de satisfacer esas metas incomprensibles a veces, y heroicas otras. En las historias que se suceden en Perú, los textos son vividos por personajes jóvenes, normalmente viviendo en barrios marginales y con actitud de arrabal. Estos personajes tienen en común la música, el amor inocente, el crecimiento en una sociedad con un futuro incierto y violento, y también con el sueño obligado de la emigración.
            Aquellas historias que están situadas en Estados Unidos presentan a personajes bien adaptados o en proceso de serlo, a las circunstancias de lo cotidiano. A veces los personajes son inmigrantes ilegales siendo estafados en su trabajo o ya ciudadanos sirviendo en alguna de las tantas guerras lejanas que ofrece este país. En ellas el ambiente es diferente. Los personajes también. En estas historias norteñas los personajes se muestran más reflexivos y quizás hasta un poco más vencidos por las miserias del mundo. Quizás García Linares intenta demostrar que la inmigración es un viaje personal e interno, y que lo externo es solo el resultado de ese viaje interior.
            Los textos muestran al final de cada uno el año en el que fueron escritos, y deducimos a través de ello que la construcción del libro transcurrió entre el 2004 y el 2010. Esto puede ser anecdótico, pero no se debe pasar por alto esas etapas literarias que el escritor en el desarraigo debe pasar, como mencionábamos antes, el autor nos muestra claramente esas tres etapas en sus escritos.

            García Linares apela a la psiquis emocional, construye personajes creíbles pero también contaminados por pensamientos propios y no siempre justificables. El lector se puede encontrar en estos escritos un narrativa fluida y constante, que conmueve y que hace cómplice de la lectura. Celebramos libros como “Cuentos del norte, Historias del sur” porque están bien escritos y porque nos llenan los ojos, pero también porque nos acercan a nosotros mismos. Algo que no es fácil de lograr.

Fernando Olszanski es autor del libro de relatos Rojo sobre blanco, es Director Editorial de Ars Communis, www.arscommun.com

lunes, 27 de noviembre de 2017

Permutaciones para el estertor del mundo, el último libro de Diego Ordaz

Diego Ordaz, escritor mexicano radicado en Ciudad Juárez, nos presenta su último libro de narraciones cortas titulado Permutaciones para el estertor del mundo. Desde el titulo podemos prever que sus narraciones son serán color de rosa, pues el mundo no lo es, y el autor nos lo muestra tal cual él lo ve. Ordaz nos lleva con un lenguaje punzante, a un mundo de personajes sórdidos y desesperanzados, con situaciones caóticas y, a veces,  alejados de la realidad misma. No todos esos personajes son humanos. Podemos escuchar a una muñeca pensante, o a una gallina que descubre lo atroz de la soledad.
Ordaz no nos dice dónde suceden sus historias, pero uno puede intuir que Ciudad Juárez, ese ámbito cruel sacudido por la violencia de años, y con la desgracia de tener a los Estados Unidos solo a un cruce de río, se deja seducir por emociones encontradas, donde se vislumbran los misticismos populares, la resignación a un futuro mezquino, y a una muerte cruel e inevitable. Pero Ordaz nos cuenta todo este torbellino de emociones encontradas con una prosa que aunque sea breve, no deja de ser tristemente poética, como encontrando belleza en los límites de la propia humanidad, o la falta de ella.

Permutaciones para el estertor del mundo, tiene una narrativa fluida, se lee con ganas y con sorpresa. Provoca una tensa reacción, que a veces se puede entender como incomodad, o quizás como realización, cada uno descubrirá su propia sensación, tal cual un estertor debería ser. Si un libro provoca sensaciones, no pasa desapercibido. Diego Ordaz lo logra a partir un libro de narraciones lacerantes, pero con pensamientos estirados hasta los límites de la psiquis humana misma. Un buen libro. 

viernes, 16 de junio de 2017

Las ironías del 1 de mayo

Las ironías del 1 de mayo


Dicen que aquellos países que no revisitan su historia están condenados a repetir los errores. Parece que lo del 1 de mayo es uno de esos casos. Todos sabemos que el 1 de mayo es mundialmente reconocido como el Día de Trabajo, mundialmente, menos en los Estados Unidos, lugar donde se sucedieron los eventos, más precisamente en la ciudad de Chicago.
Para no irnos por las ramas, explicando de manera rápida qué pasó. En 1886, un primero de mayo, los trabajadores se lanzan a una huelga masiva que termina con choques violentos entre policías y trabajadores, hay represión, hay tiros, hay bombas, hay muertos de ambos lados. Las represalias derivan en arrestos de activistas y organizadores de la marcha, hay juicios vergonzosos donde no hay evidencias, pero igualmente condenan a la horca a varios. Por supuesto que esos condenados eran todos extranjeros que traían ideas profanas como igualdad de pago y una jornada de ocho horas de trabajo, algo que se logró un par de años después.
Por muchos años el primero de mayo se celebró en Estados Unidos como un día para la reflexión, donde se recordaba a las víctimas de aquellos sucesos. El tema fue que cuando la Unión Soviética lo declara como día mundial del trabajo, a modo de avergonzar a su rival de la guerra fría, este país lo toma como un “feriado comunista”.  Y esa es la verdadera razón por la cual se dejó de recordar ese día. El feriado del “Labor Day” ya se celebraba el primer lunes de septiembre para distanciarse de la carga política que traía la referencia ideológica con el rival proletario.
En la última década, el 1 de mayo ha tomado otra connotación, pero no por ello menos política. Los organizadores de las marchas pro reforma migratoria habían elegido, precisamente, el 1 de mayo para organizar una protesta masiva, como en aquellos tiempos de lucha por igualdad, por lograr hacerse escuchar ante una elite sorda y esquiva, pero también hipócrita, y hacerles saber que los inmigrantes, con o sin documentos, son la verdadera fuerza silenciosa que mueve a este país. Otra vez, desde Chicago, el llamado se hizo eco en el resto de la nación del norte, ya no solo para pedir por derechos laborales, sino por derechos humanos: que no se deporte inmigrantes sin una razón legítima, que no se separen familias por caprichos políticos, que los inmigrantes no sean el termómetro de una campaña presidencial despiadada y llena de rumores de corrupción.
La reforma migratoria perdió peso en el congreso. Nadie en el Capitolio quiere tomar esa piedra caliente que sigue estando latente, porque la economía de este país se mantiene gracias a las espaldas mojadas de los trabajadores en el campo, en las fábricas, en los restaurantes, en las empleadas domésticas, y en un sinnúmero de lugares donde se paga poco y se trabaja mucho.
El 1 de mayo sigue siendo una fecha emblemática, por los sucesos de 1886, pero también por lo que se muestra en la última década. La lucha por la igualdad, por salir a la luz, por tener un salario digno y derechos a servicios por los que se paga y no se pueden obtener. No podemos olvidar de dónde venimos, eso puede hacernos olvidar hacia dónde vamos. No podemos olvidar que el sacrificio de unos es la recompensa de otros. No podemos olvidar que la lucha continúa, para desterrar el racismo, la intolerancia, pero también la ignorancia de aquellos que prefieren odiar a comprender que este es un mundo diferente. No podemos olvidar que las ironías del 1 de mayo, no son más que un juego de ajedrez entre los que juegan al poder, donde se juega el destino aquellos que sostienen el tablero con las manos.
No olvidemos.

Miami (Un)plugged, o cuando la ciudad seduce en una mirada

Miami (Un)plugged, o cuando la ciudad seduce en una mirada

El ojo de aquel que llega a un lugar del que ha oído o imaginado, se abre de manera inconmensurable, absorbe el entorno y se nutre de las imágenes nuevas que no dejan de sucederse. Miami ha sido de alguna manera la quimera de muchos sueños, y también de muchos desencantos. Miami (Un)plugged, es una antología editada por Hernán Vera Álvarez y Pedro Medina León y publicada recientemente por Ediciones Suburbano. La antología recoge crónicas y ensayos personales de veintiún escritores provenientes de varios puntos de América latina y también desde España, la idea de estos géneros, nos garantiza que los textos serán mucho más íntimos de lo que uno se imagina. Eso nos permitirá ir deduciendo no solo las percepciones de los autores, sino también que podremos internarnos en esa fibra esencial del pensamiento humano. Una visión honesta y cruda a la vez.
Al leer los textos podemos empezar a clasificarlos en tres categorías definidas por el tipo de relación con la ciudad, aquellos que nos hablan de la Miami del ensueño, la ciudad mítica que se percibe en la bruma de la emigración y que nos la han vendido en el catálogo imaginario de lo fascinante. Una segunda categoría nos habla de aquellas experiencias del que ya vive en la vorágine citadina y se aferra a la idea de seguir batallando entre el sueño americano y la sórdida realidad de lo cotidiano. La tercera escala es la de aquellos textos que nos hablan de manera reflexiva, desde la experiencia de los años de haber vivido en la ciudad que se debate entre una suma de culturas mientras busca la propia. Esta sumatoria de distintas experiencias nos hace ver un espectro amplio del proceso de aculturación y también del de deculturación del ser humano. Es un acierto de los editores ofrecer una amplia gama de momentos porque eso ensancha las visiones de una ciudad que muta, que crece y que se adapta a los cambios del paisaje humano y urbanístico.
Nos encontramos con muchos textos que narran la visión personal del autor, pero también hay aquellos de los que nos ayuda a entender un poco el proceso histórico de una ciudad vibrante pero al mismo tiempo, con rastros de pueblo grande. Algunos textos nos hacen caminar con un premio Nobel de literatura, otros nos hacen ver la arquitectura tan distintiva de la ciudad y también tenemos aquellos que nos recuerdan el paso inexorable de las modas, de los nombres que marcaron hitos, de las distintas corrientes migratorias y de los desastres naturales que dejaron una cicatriz profunda en la psiquis de la ciudad.
Miami (Un)plugged se me hace una lectura obligada desde varios puntos de vista. Primero que nada porque hay historias mínimas que merecen darse a conocer, y porque la relación con una ciudad siempre es demasiado personal e íntima. Eso nos ayuda a entender un poco más no solo al ser humano, sino también al proceso social que moldea a un centro urbano. También podemos verlo desde un punto de vista sociológico y de cómo los procesos históricos afectan el desarrollo de una comunidad: recesiones, guerras, desarrollos urbanos y por supuesto la inmigración.
Esta es una antología que abre una puerta al entendimiento de los cambios de personalidad de una ciudad y sus habitantes, a través de los testigos en primera fila, pero también para vislumbrar un futuro incierto, porque abre las posibilidades a lo que se viene. Algo que no sabremos de dónde o de quiénes provendrá, pero que seguramente llegará sin hacerse anunciar.

miércoles, 5 de abril de 2017

En busca de la Pertenencia y el conflicto de no estar. Pertenencias, Narradores sudamericanos en Estados Unidos

Por Alejandro Monasterio Bogado

Si escribir es un acto subversivo, ¿qué significa escribir en español en Estados Unidos? Pertenencias, Narradores sudamericanos en Estados Unidos, es una búsqueda de ese dilema inconcluso que es el inmigrante. Desde el título, los editores de esta antología, la ecuatoriana Melanie Márquez Adams y el peruano Hemil García Linares, nos invitan a adentrarnos en la filosa sugerencia de que el inmigrante, por definición, se encuentra en la nubosa situación de no pertenecer a un lugar, y desde ese incómodo lugar, procura no dejar desvanecerse del origen que añora, que idealiza, pero que no sabe si todavía existe tal cual lo dejó.
                La antología Pertenencias.., consiste en veinte relatos de escritores sudamericanos de distintos puntos del subcontinente; dos ecuatorianos, cuatro chilenos, dos colombianos, un venezolano, dos argentinos, un uruguayo y ocho peruanos. En el prólogo, escrito por el autor argentino Fernando Olszanski, el reconocido escritor hace hincapié en el momento único que vive Estados Unidos. Un momento de intolerancia y misticismo que acecha en particular a nuestra comunidad. Olszanski resalta que el arte es una fuente natural de comprensión y que antologías como Pertenencias… pueden ayudar a crear conciencia y espacios de interacción entre las comunidades en conflicto.
                Entre los escritos, podemos ver la interacción constante entre los personajes que buscan desenfrenadamente ser parte de una sociedad que a veces es permisiva, y otras, decididamente hostil. Melanie Márquez Adams y Hemil García Linares, han compilado una buena suma de historias, algunos cuentos y otros capítulos de novela, que funcionan de manera independiente, pero que en conjunto, revelan la problemática de una minoría y su lucha para hacerse espacio en una sociedad cada vez más diversa, pero al mismo tiempo tan cerrada como el ciego y obsesivo amor al poder.
                Pertenencias, Narradores sudamericanos en Estados Unidos, es una antología que ha seleccionado escritores sudamericanos para mostrar a nuestra comunidad en conjunto, pero que no evita a ninguna nacionalidad ni región, porque la problemática migrante es común a todas las nacionalidades. Esta es una buena antología, por la calidad de sus autores y por la temática. Que los proyectos como Pertenencias… sigan viniendo, porque esto es tan necesario como el pan y el vino en cada mesa, porque al espíritu y al intelecto también es necesario alimentarlo.

Alejandro Monasterio Bogado, periodista de origen sudaca radicado en Milwaukee.  

viernes, 20 de enero de 2017

Piglia y la picazón que da su nombre

Ricardo Piglia fue un escritor notable. Sin dudas sus novelas tienen el toque distintivo de su literatura, y para mi entender Respiración artificial y Plata quemada son sus mejores trabajos de ficción. Como crítico fue muy certero en sus análisis, Crítica y ficción es una guía fundamental para cualquier aspirante a escritor.
Piglia ganó muchos premios a lo largo de su vida: El Rómulo Gallegos, El Kónex al mejor escritor argentino de la década, el Formentor de las letras, y también el Premio Planeta de 1997. Y aquí quiero detenerme un poco. Porque este hecho es el que primero se viene a la mente de uno al mencionar su nombre. El premio Planeta de ese año fue un escándalo, de hecho fue un arreglo infame. Piglia ya tenía arreglada la publicación de Plata quemada con la editorial, pero había una deuda económica sustancial entre él y la editorial. La editorial no tuvo mejor idea que darle el premio a Piglia, convenciendo de esto a los jurados del premio sin mencionar los detalles, que fueron nada menos y nada más que Mario Benedetti, María Esther de Miguel, Tomás Eloy Martínez, Augusto Roa Bastos y el editor Guillermo Schavelzon, como se ve, todos vacas sagradas de la literatura del cono sur. La idea fue de no entregarle el premio económico y saldar la deuda, y de paso tener un poco de promoción para la venta del libro.
El revuelo fue tal que el Premio Planeta se suspendió por varios años y Piglia fue tirado en la oscuridad de manera injusta desde lo literario, pero justa desde lo moral. En el año 2005, la justicia ordenó a Piglia y a la editorial a pagar una compensación económica al escritor Gustavo Nielsen por daños y porque la payasada del premio fue muy grotesca.
Ya sabemos cómo son las editoriales, los editores y los agentes, solo quieren vender libros y hacer dinero. Piglia y su literatura no se merecían una mancha de este tamaño. Sus libros son buenos y su lugar dentro de la literatura mundial está bien sostenido por su obra creativa. Lo del escozor que uno siente al escuchar su nombre relacionado a un premio arreglado, será cuestión de valorarlo de acuerdo a los instintos literarios que uno tenga. Aunque algo desagradable no deje de picar en los oscuros recintos de la imaginación.

sábado, 26 de noviembre de 2016

Trump, el Brexit y el último bastión de la supremacía blanca

Ya con los resultados de las elecciones en los Estados Unidos, podemos hacer una proyección acertada sobre la dirección que está tomando el mundo. Hace unos meses, cuando Gran Bretaña había decidido dejar la Unión Europea, podíamos ver que el fenómeno de la inmigración era un factor determinante en la manera de votar. Los ingleses no querían que su país se convirtiera en un crisol de colores, sino que preferían mantener su aislación e idiosincracia de isla inexpugnable. Cuando el mundo criticaba esta postura, Trump la elogiaba, y seguía predicando la construcción del muro, la prohibición de musulmanes y la deportación masiva de inmigrantes indocumentados. Como así también recrear el poder militar y exterminar a los terroristas. Y parece que el discurso surtió efecto.
Si bien todas las encuestas daban a Hillary Clinton como ganadora de las elecciones, uno debe preguntarse el por qué de este resultado sorpresa. Es evidente que el hombre blanco de la clase trabajadora no ha visto cambios en su situación por mucho tiempo. La promesa de Trump, de hacer “América grande otra vez”, significa que se deseaba que Estados Unidos vuelva a ser como era antes, un país dominador, selectivo y con oportunidades para aquellos que sostenían el poder: La clase gobernante, los blancos. Pero hay un dato secreto en todo esto, es que nadie decía que iba a votar por Trump, porque daba vergüenza, no era políticamente correcto, pero en el cuarto oscuro las cosas cambiaron, ese discurso racista, sexista y separatista se volvió realidad. El íntimo deseo de volver a ser una América blanca y poderosa se reflotaba desde la oscuridad de las urnas.
Muchos analistas dicen ahora que la gente quería un cambio, que Clinton representaba al establishment del fracaso de los últimos 30 años, tanto demócrata como republicano, y tienen razón. Hillary solo hablaba de mantener lo bueno que se había hecho hasta el momento. El problema es que en realidad con Trump no habrá cambio, habrá una vuelta atrás hacia los años 50, cuando Estados Unidos se convirtió en la primera potencia económica y militar del mundo. Con una plataforma ultra derechista, acérrima enemiga de los inmigrantes, y plagada de promesas imposibles de cumplir, Trump ha logrado despertar un sentimiento nacionalista que no incluye a todos, que suena más clasista y cercana a un sistema de castas imposible de mezclar.
Solo el tiempo dirá si esto es verdad o no. Pero parece ser que el melting pot del mundo no lo quiere ser más, quiere que perdure lo que era antes, un país que decide a dedo quien progresa y quien no. Un país que se expande a voluntad y a costa de otros, en fin, el regreso al Destino Manifesto que nunca debió haber dejado.

domingo, 16 de octubre de 2016

¿Qué se premia cuando se otorga el premio Nobel? Bob Dylan y la incognita de cambiar o no cambiar

¿Qué se premia cuando se otorga el premio Nobel? Bob Dylan y la incognita de cambiar o no cambiar

Veo que hay reacciones dispares por la elección de Bob Dylan como Premio Nobel de Literatura. Algunos dicen que Leonard Cohen hubiese sido una decisión más correcta, o que hubiese sido mejor no innovar y dárselo a un escritor ya consagrado como Murakami, Joyce Oates o incluso Margaret Atwood. Por supuesto todo eso tiene que ver con el gusto personal, con la geografía o incluso con el nacionalismo. Pero creo que no hay que olvidar qué es lo se premia cuando se otorga el Nobel de Literatura. No se premia a un autor solamente, sino que se premia a una lengua, a un estilo, se premia incluso a una generación. 
Recuerdo que Carlos Fuentes, respondiendo a la pregunta que si creía que alguna vez le iban a dar el Nobel, dijo que a él ya se lo habían dado el día que premiaron premiaron a García Márquez. Algo parecido había dicho el inmenso Jorge Amado, el premio que le habían dado a Saramago era para toda la generación de escritores que trabajaban en lengua portuguesa. Lo que Fuentes y Amado trataban de decir, es que el Nobel es también inexorablemente, un premio político.
Entonces, ¿qué se premia en Bob Dylan? Por supuesto se premia su carrera y sus composiciones. Su poesía inoxidable, su compromiso con el hombre y su pasión por hablar de cosas importantes. No me parece que se premia por que sí a un músico, sino que hay que tomarlo quizás como una protesta hacia donde va la música, la poesía y el arte en general en estos días. Hoy los valores del arte son vender rápido, hacer mucho ruido, llamar la atención y hacer hincapié en lo efímero. La obra de Dylan, y la de Cohen y la de tantos otros monstruos sagrados del arte es todo lo contrario a eso, y tal vez la academia sueca trate de llamar la atención al cambio que se esta generando y recordarle al mundo que el arte sin compromiso no dura más que la mirada perecedera de un transeúnte.
Creo que es bueno que se reconozcan otros géneros literarios, el premio al dramaturgo Darío Fo fue una grata sorpresa, el galardón a la periodista Svetlana Alexiévich fue algo refrescante por el compromiso social, algo ajeno al mundo occidental últimamente. 
Ahora pensemos en nuestra lengua y en el premio Cervantes, o el Príncipe de Asturias o el Juan Rulfo, ¿y si se lo dieran a Joan Manuel Serrat? ¿O a Joaquín Sabina? Quién realmente podría cuestionar esas decisiones? Porque no escuchamos a estos autores por sus melodías, sino por sus letras. Que guardan una poesía diferente, pero no por eso inferior a otras.
Tal vez es tiempo de que nosotros pensemos en revisar nuestros estándares, y darnos cuenta que al mirar fuera de nuestro pequeño espacio hay mucho más para ver y disfrutar. Después de todo, el mismo Bob Dylan dijo que nada es más estable que estar continuamente cambiando.


Fernando Olszanski