Bloggear o no bloggear...

...he aquí la cuestión. Me propongo desde este espacio publicar cada tanto algunos comentarios, artículos, opiniones sobre la realidad del latino en Estados Unidos, pero sin olvidarme que ante todo soy latinoamericano y lo que sucede en el continente afecta a todos los que estamos aquí. La frecuencia de publicación será bastante irregular, pero será de alguna manera activa y persistente. También haré una recopilación de artículos pasados y que ya fueron publicados en otros lugares pero que no dejan de ser actuales. Ojalá me ayuden con sus comentarios. Aquí vamos pues...

domingo, 3 de marzo de 2019

Cinco novelas del desarraigo

Cinco novelas del desarraigo

Los movimientos literarios se definen por temas, momentos históricos, el contexto, y algunos detalles estilísticos, pero para que esos movimientos tomen vida se necesitan escritos. Dentro de ese movimiento literario, se encuentran poemas, elementos narrativos como el cuento, el relato, la crónica o el ensayo, pero las novelas son las que marcan tendencia. Dentro de la Literatura del Desarraigo, que no escapa a ese eje de creación, también hay novelas que distinguen con altitud, esos temas que el desarraigo conlleva. Si bien la inmigración en Estados Unidos ha sido un elemento constante, es la latina la que nos interesa, la que recupera el idioma y la identidad de los que venimos de más allá del Río Grande, o los que han cruzado el charco y se han instalado aquí para engrandecer y aportar a este país. Pero nuestras esperanzas son las mismas a las de los que ya viven aquí, y en ese encuentro, hay una búsqueda constante por la identidad y por la inserción en una sociedad cambiante, pero al mismo tiempo fascinante e impredecible. Estas cinco novelas que presentamos hablan de temas variados, pero coinciden en que el viaje del inmigrante no se termina en el destino material, sino que la jornada es como la de Ulises a Ítaca, un viaje que nos cambia para siempre, y que quizás nos convierta en un misterio difícil de develar.
Para empezar a mencionar estas emblemáticas novelas, debemos hablar de El exilio voluntario, novela ganadora del Premio de Novela Casa de las Américas, escrita por el el boliviano radicado en Denver Claudio Ferrufiño Coqueugniot y que narra las vicisitudes de un inmigrante boliviano en las áreas de Virginia, y que no deja de dar un profundo análisis de este país, enfocándose en lo social y lo cultural, y se manifiesta a través de las interrelaciones entre las múltiples razas que hacen a esta sociedad multicultural y multilingüe. Carlos, el protagonista de esta novela, no deja de hacerse preguntas, de hacernos preguntas, y ese es el mayor detalle de análisis, uno propio y profundo, hasta hacer ese viaje único y personal.
La novela De zorros y Erizos del mexicano Raúl Dorantes, nos trae a un grupo de amigos a la fuerza, que son tan dispares en sus creencias y actitudes como las naciones de su origen. Los hermana esa experiencia única que es la de ser un migrante. Sus entornos giran alrededor de una revista literaria, la resistencia a un sistema decadente, y se recluyen en ese ámbito pseudo-intelectual que genera el arte, el alcohol y el sueño eterno de la revolución. El lenguaje de esta novela es una suerte de voz coloquial, lo que hace que la lectura se acerque más una conversación con los personajes. Dorantes se apoya en los diálogos para entrar en la psiquis de los personajes, y así develarlos en toda su dimensión.
El corrido de Dante, del escritor radicado en Oregon, Eduardo González Viaña, es una novela de contrastes. González Viaña usa el escape de una adolescente con su novio, un secuestro, según el padre de la joven, para recrear un viaje de descubrimientos. Dante, el padre de la joven, empieza a desandar el camino que lo trajo a Estados Unidos, y no deja de observar su país de origen, México y al nuevo lugar donde vive con un lente minucioso. Esa perspectiva le ayuda a ser analítico y también sentimental. El viaje no lo emprende solo, sino que un burro de nombre Virgilio y la voz espiritual de su esposa ya fallecida, le acompañan a reflexionar, sobre las culturas, el racismo, la diferencias generacionales y las posturas sociales de esos dos países que se confrontan en su corazón.
Toda novela es un viaje, y en el caso de Sustitución, la novela del peruano Jack Martínez Arias, esa afirmación se convierte en una fuente narrativa inagotable. Jesé, protagonista de esta desventura, se sumerge en una búsqueda desesperada a través del medio oeste norteamericano, en busca de respuestas que se le escapan de la punta de los dedos. Su padre ha peleado por este, su nuevo país y ha quedado inválido. Se ha convertido en una carga para el sistema social y también para los que ama, pero al menos sabe que el futuro será mejor para su hijo. Ha sido el cordero inocente sacrificado en el altar de la inmigración y de la guerra. Jesé se enmaraña en una historia de mentiras que construye para su resguardo, pero el viaje abre los caminos de la verdad y la búsqueda frenética de sí mismo.
Y no se lo tragó la tierra… es una notable novela de Tomás Rivera, quizás la más trascendente del siglo XX, que narra la lucha de una familia que de a poco es devorada por el racismo, la soledad y un sistema que los abusa casi de manera sistemática y feudal. Rivera ha desarrollado con simpleza una obra que contiene todos los rasgos que el ser migrante debe confrontar en orden de sobrevivir. La migración no es ya haber venido desde Mexico a trabajar y buscar un futuro mejor, sino que consiste en la continua búsqueda de oportunidades en los campos de Iowa, Texas, o donde haya una cosecha para levantar. La vida del bracero es desolada, alienado por propios y extraños, con la única roca para sostenerse que no es meas que la familia que ha construido. Una novela desesperada, sí, pero con un fuerte énfasis en los valores familiares y el amor por amasar una vida propia.
Por supuesto que cada lista está llena de injusticias, pero lo bueno es que hay material para debatir, que se sigue construyendo el arraigo a través de la literatura, que nuestra presencia se afianza cuando se cree en la identidad, en nuestras raíces y en nuestros valores. Escribir en Estados Unidos en nuestro idioma es afirmar nuestro futuro a través de libros que documentan nuestra estancias, nuestras dolencias y nuestras victorias. Leer en español es, al final de todo, crecer en la dirección de nuestro propio futuro. Estas cinco novelas, ayudan a cimentar este pensamiento.



Fernando Olszanski, escritor, editor y artista visual, es Director de Ars Communis Editorial, reside en Chicago. Su último libro se titula “El orden natural de las cosas y otros cuentos. 



miércoles, 13 de febrero de 2019

El exilio voluntario o el éxodo interno, un viaje sicológico sin fin

El exilio voluntario o el éxodo interno, un viaje sicológico sin fin


Hay en cada movimiento literario una suerte de obras que lideran por su contenido, por su fuerza narrativa, por los temas que tratan. Normalmente cuando ese movimiento se refiere a un  fenómeno migratorio entre dos culturas dispares, los temas de estos libros detallan una mutación del hombre, y por ende describen una literatura que trasciende los límites fronterizos. El hombre en sí, es un ser mutable que se adapta a cada ambiente sin importar la hostilidad reinante. Pero también es cierto que debe pagar un precio muy alto para poder convivir con el tiempo que le ha tocado lidiar. Ese precio no es económico ni físico, es totalmente sicológico, y se define como el éxodo de uno mismo hasta ese ser diferente en que se transforma el ser inmigrante. Un ser transnacional.
La novela El exilio voluntario del escritor boliviano Claudio Ferrufiño Coqueugniot, nos habla precisamente de eso, de cómo el ser migrante cambia drásticamente en el contexto de un ambiente que consume a sus personajes a través de la alienación, la distancia y el desarraigo. Carlos, el protagonista de esta novela, nos narra en primera persona la etapa histórica que le toca vivir de manera cronológica, no sin analizar de manera cruda y punzante, con una visión muy particular de lo que sucede a su alrededor. Con lujo de detalles, Carlos va describiendo sus pérdidas y sus ganancias casi sin darse cuenta que están ocurriendo, y el lector no puede menos que identificarse con las situaciones extremas que le tocan vivir.
Carlos es un joven que se ve obligado a emigrar por razones no tan claras, quizás tan solo por azar, pero debe que escaparse de sí mismo y el prospecto de ir a Estados Unidos, por unos años, parece como una opción clara y consistente. Carlos es un joven instruido, con mucha lectura encima y sensible al arte. Al llegar a Estados Unidos, encuentra cierta estabilidad trabajando en una distribuidora de vegetales que lo obliga a jornadas de largas horas de trabajo, pero al mismo tiempo le permite ver un aspecto social de Washington y todo su juego social que no todos pueden tener acceso. Ferrufiño, a través de Carlos se aprovecha de esa visión para darnos una descarnada visión de la vida de los inmigrantes y las clases pobres americanas, una visión enmascarada en alcohol, marihuana y otros tipos de drogas. Eso no deja que Carlos pierda sus sensibilidad, y cada vez que puede, recuerda que ha leído a Henry Miller, a Bukowski, a Borges.  
Esta novela de Ferrufiño, fue galardonada en el año 2009 con el prestigioso Premio de Novela Casa de las Américas y por consiguiente, fue publicada en Cuba al año posterior. Gracias a un convenio de autorización, la novela se publica, después de algunos años en el país natal de Ferrufiño, Bolivia y también en España. Lamentablemente la novela no llega a Estados Unidos, a pesar de ser una novela norteamericana en español, y de representar de manera fidedigna las vicisitudes del ser latino en estas tierras. 
El lenguaje que usa Carlos, empieza con un típico acento andino sudamericano, pero lentamente va incorporando facetas del inglés, con atisbos de otras latitudes hispanas: mexicanas, caribeñas, hasta llegar a un incipiente espanglish sin tonada reconocida. El éxodo se muestra en la lengua, usando como base la propia, pero incorporando todo el repertorio que afecta irremediablemente al protagonista, que si bien nunca renuncia a sus raíces, acepta su cambio de manera mansa y tranquila, logrando una suerte de adaptación sin transgresiones externas, pero manteniendo esa rebeldía interna que identifica a cualquier migrante que se encuentra en ese espacio en el medio, entre dos culturas, entre dos lenguas, entre dos mundos.
Uno de los logros de El exilio voluntario es que la narrativa hace del entorno parte fundamental de la novela, en especial los paisajes sensoriales, que involucran lo auditivo, lo visual, pero también lo olfativo. La música que los protagonistas, en especial Carlos, escuchan y comparten con el lector, hacen de alguna manera una conexión natural con el momento. El protagonista menciona a Bob Dylan, Pink Floyd, Tom Waits, Steppen Wolf, John Lennon, pero también nos regala ritmos que llegan en la memoria, canciones que forjaron sus recuerdos más profundos, con armonías tradicionales como tangos, boleros, cumbias y ritmos caribeños. Las calles se llenan de aromas de asados, de cocinas con especias de todo el continente, de todas las latitudes latinoamericanas y del mundo. Esto devuelve a Carlos con cuentagotas a su origen, y le ofrece un reposo a su atribulada sensación de olvido.
El exilio voluntario es una novela notable que encaja perfectamente en el concepto de la Literatura del Desarraigo. Es una novela que describe, de manera dolorosa y ácida a veces, pero también con un lenguaje que conmueve, la esencia misma del inmigrante en todo su sentido: las transformaciones, las dolencias, las pequeñas victorias, porque también las hay, el racismo, el desarraigo y también el crecimiento del hombre a través del esfuerzo y perseverancia de años. Es también necesario decir que ésta es una novela que lastima porque nos hace ver en nuestras fibras íntimas, en nuestras miserias y en los vahos etílicos de la derrota. Pero también nos enaltece en la dignidad de perdurar ante la adversidad, ante el desprecio y la hostilidad innecesaria de los anfitriones.
Sin duda el éxodo interno de Carlos nunca finaliza, porque nunca se adaptará definitivamente a su nuevo ambiente, pero tampoco puede volver a ese lugar maternal que añora porque ya no existe. El éxodo continuará en ese exilio que ha decidido realizar, sin medir las consecuencias de la realidad. El éxodo se verá en la lengua, en sus costumbres, en sus delirios alcohólicos. Pero también habrá espacios para la solidaridad entre seres que están en la misma situación. Y entre ellos construirán una red de apoyo necesaria para poder sobrevivir. El hombre, el inmigrante deja un poco de sí cada vez que dice adiós, ese éxodo se convierte en un rompecabezas de muchas partes, algunas borrosas, algunas nítidas, otras luminosas y muchas oscuras. El exilio voluntario nos ayuda a entender nuestros propios dilemas, nuestros propios éxodos, para que a partir de ese desamparo, podamos construir a un nuevo ser en un lugar lejano del origen, pero con la certera sensación de que el viaje no ha terminado.


Fernando Olszanski es escritor y editor, su último libro se titula El orden natural de las cosas y otros cuentos. Reside en Chicago.










viernes, 7 de diciembre de 2018

Años

Años

Estás pasando mucho tiempo frente al espejo. Anda, apúrate, vas a llegar tarde al trabajo. ¿Qué miras? ¿Qué hay de nuevo que no hayas visto ayer, o el día anterior? Recuerda lo que te has repetido muchas veces, que el espejo es un mentiroso. El espejo no te dice nada en realidad, es lo que tú ves lo que vale la pena considerar. ¿Qué ves? ¿Un par de arrugas? ¿Es eso lo que te molesta? Vamos hombre, tienes tus años bien puestos, tus arrugas tan solo dicen que has vivido. No es para tanto. ¿No has visto cómo Adela te mira? ¿Y Mirta, no te preguntó acaso si irías al concierto en el parque? Sí, tal vez haya sido por curiosidad, o tal vez le gustaría encontrarte y hablar de algo más que de trabajo. Pero no es eso lo que te aflige, ¿verdad?
Oh, ya veo, has visto más cabellos en el cepillo que de costumbre. Ves algunos colores grises en tus sienes, y las entradas en tu cabellera se están haciendo incipientes. ¿Y eso te perturba? No debería, sabes. La canas son como condecoraciones. Son premios que nos salen por cada complicación que superamos, por cada problema que resolvemos casi sin despeinarnos. Se llama experiencia creo. Algo que se valora mucho, algo que es muchas veces inestimable. ¿No has escuchado eso que el diablo sabe más por viejo que por diablo? Te gusta que te pregunten cosas, lo sé. Lo he visto en tu semblante cada vez que vienen por un consejo. Cada vez que a otros le es más importante tu opinión, que incluso de la de tus jefes. O a tus jefes, esos que deberían estar tan seguros de lo que hacen te consultan a ti, porque no saben cómo actuar. Recuerda a tu padre. Casi sin cabellos a tu misma edad, y sin embargo nunca perdió un ápice de respetabilidad. Nunca dejaste de admirarlo. Tus vecinos, tus amigos, tu familia, tampoco dejaron de verlo como una persona a la que debían tener cerca por el cariño y tranquilidad que irradiaba. Y dime, ¿a él le importaba ser calvo? Pero si hasta le daba cierto aire de dignidad.
Parece que no te estoy convenciendo. Hasta pareces algo deprimido. ¿Que tienes panza? ¿Una leve protuberancia en tu estomago que hace un poco más difícil vestir buenas ropas, y que cuando caminas, o haces algún deporte te hace respirar más pesado y sentirte incómodo? Pero no hay nada malo en eso. No te dejes caer por lo que otros digan. Lo que tengas que cambiar, cámbialo porque tú quieres cambiarlo, por tu salud, por tu integridad, para ahorrar dinero, para lo que sea. Pero no porque lo digan los demás. Ellos no existen al momento de opinar sobre tu apariencia. No estorbas a nadie, no juzgas, no ofendes. Eres tú y tu conciencia lo que debes escuchar al momento de decidir.  Pero déjame recordarte algo. La semana pasada, cuando te juntaste con Roberto y Carlos en ese bar que tanto te gusta, que sirven esa cerveza tan fría, donde la música en vivo te hace todavía vibrar como lo hacías veinte años atrás, con esas tapas que llegan a la mesa y hacen la conversación más amena, más llena de vida y filosofía. O esa cita que tuviste con Delia en un restaurant etíope. Comiste con las manos, probaste sabores exóticos, bebiste un té que nunca habías probado antes, y te gustó. Igual que te gustó como Delia te miraba y estabas seguro de que a Delia le gustaba lo que estaba mirando. Buenos momentos, ¿no? Inolvidables realmente. Bien, tu panza se creó en esos momentos en que tu alma se sentía en comunión con el todo. Disfrutando, teniendo paz, asiendo la certeza de que la vida es bella y vale pena vivirla. 
Vamos hombre, tienes años nada más y mucho por vivir. Tienes una base de elementos que te permiten pensar en el futuro con confianza, en mirar hacia adelante sabiendo que has tenido un bagaje de experiencias en que sostenerte al momento de tomar decisiones. Sabes además que otros dependen de ti, se apoyan en ti, necesitan de ti como tú necesitas de ellos. 
Anda, ve a cambiarte, ponte esa camisa color lila que todos siempre te elogian. Usa esa corbata color crema azulado que te queda tan bien con el traje gris. Lustra los zapatos negros. Afloja el cinturón un poco para que te sientas más cómodo, ves, es el mismo agujero de siempre, casi que no has engordado. Péinate con confianza, esos cabellos que se quedan el camino son etapas superadas, son la prueba de que eres un hombre que ha enfrentado y superado todo o casi todo en la vida. Un hombre de bien. 
Sal a la calle. Disfruta del sol en tu rostro. Huele los aromas de tu barrio. El pan horneado de la panadería, el café recién molido del café de la esquina, las flores frescas de la florería y los pasteles que Doña María prepara para alguna fiesta del fin de semana. Sonríe. camina hasta la estación de tren, verás como un desconocido te deseará un buen día y tú querrás hacer lo mismo cuando veas pasar a un extraño, y sabrás que has cambiado su día como la persona anterior lo ha hecho contigo. ¿No es un sentimiento maravilloso? En el tren verás a los mismos pasajeros de siempre, al hombre anotando números de lotería, al guarda controlando los boletos, a esa madre con sus dos hijos vestidos con el uniforme de una escuela privada y que se bajarán tres estaciones antes que ti. Conoces tu elemento, te sientes seguro en tu ambiente, nada te preocupa. ¿Te sientes bien contigo mismo? ¿Te sientes confiado? Te lo dije, el espejo es un gran mentiroso. Eres como quieras verte, el espejo eres tú, eres el dueño de tu reflejo. Tienes cincuenta años y has vivido. Pero no te distraigas porque queda mucho por hacer. El día tiene veinticuatro horas, ve y llénalas como se te plazca, y al final del día celebra que estás viviendo.



































martes, 24 de abril de 2018

Divagaciones y encuentro en tres cuentos de Bernardo Navia Por Melina Calengas


Bernardo Navia, oriundo de la ciudad de Valparaíso, Chile, es el autor de Sobre destinos, ciudad y dios. En éste, envuelve sucesos escalofriantes como consecuencias de las divagaciones de la psiquis. El Bernardo conecta a la vida y la muerte como casualidades del destino paradojal, así como también del delirio y la demencia. Los sentidos se confunden en estas historias tétricas, en las cuales es difícil entrever cuál es la cuerda realidad o la personal delirante.  En “La vez que Agapito sudó”, mi mente ya comenzaba a entrever lo místico, cuando el autor, ¡así, paf!, le dio un vuelco irrisorio, de chascarrillo adolescente. Cuando los amigos de Agapito efectuaron pruebas inhumanas, en el intento de hacerlo sudar y probar errónea la rareza humana de su amigo. Así decidieron inicializarlo en el virtuoso arte del amor, y cuando el cuento alcanzaba su clímax literario, además de literal, Agapito finalmente suda, al punto de desintegrarse completamente ante los ojos de su amante.
Seguido a este relato ingenuo de la niñez y juventud, llega la historia “Sin tregua”, donde el Bernardo introduce esa sensación que experimentamos después del almuerzo abundante, la fiaca, que simplemente significa flojera. Por asociación de semejanza terrateniente, la curiosidad llevó al relato de esta historia que evoluciona desde el olvido común. Así continua la divagación de este personaje, desde estados de olvido, percepciones inocuas que crecen como una bola de nieve cuesta abajo y sin freno, hasta culminar con la pavorosa insania de persecución monstruosa. Me dejé envolver por la evolución de este relato, escrito a través de la simpleza de un diario de vida, en las cuales los días y semanas pasan por el personaje incrementando paulatinamente el curso de los acontecimientos desvariantes.
        Ese juego de emociones creado por Navia es lo que captó mi interés como lectora cuerda, o quizás algo desviada por el morbo. El secreto de esta atracción, está en la mente y sus dualidades contradictorias, el cual provee con material de sobra para explayarse en este género, creando obras que salen del contexto ordinario. Escritos que revolucionan e invitan al análisis de los pliegues neuronales más profundos. Los cuales develan pensamientos celosamente guardados, en los rincones más secretos, oscuros y pérfidos del subconsciente.


Los vacíos del gallo Samuel: Una visión sobre “La fatalidad de la gallina” Por Amelia Pacheco


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“Que los dioses me concedan su perdón o su castigo”

Son pocos los libros y poemarios que me dejan  pensando sobre mi propia existencia. La fatalidad de la gallina logró ese efecto. Provocó esa ansiedad de no poder despegar las pupilas de esas líneas que trazan la realidad, el pasado y el presente, pero sobre todo la conciencia de míticos personajes. La novela fue escrita por la colombiana Martha Cecilia Rivera, quien también es la primer inmigrante que ha publicado una novela en español en Chicago. Es un monólogo interior narrado por el personaje principal, Samuel, quien convive con un set de personajes con un gran vacío emocional y su obsesión por una mujer físicamente gloriosa.
La novela comienza narrando la historia del semidiós Ícaro. En algún momento el protagonista se compara con Ícaro y su fallido intento por ser pájaro, “desde el principio al fin, derrotado y solo”. El protagonista está locamente obsesionado con las piernas de Irene, mujer que describe con los mismos sinónimos que se usarían para describir a una diosa. La mayor parte de la novela toma lugar en una fiesta, y al son de los tambores y con un escenario muy superficial Samuel comienza a iluminar al lector sobre sus más bajas pasiones, soledad e inconformidad con la vida. Samuel es un hombre muy perceptivo y logra describir no solo a Irene, sino al resto de los personajes y sobre todo el ambiente en el que se encuentran. Lo hace tan detalladamente que te logra transportar al lugar de los hechos, como si fueses un invitado más bailando en el centro de la pista. Sientes que los ojos de Samuel ya no solo están en Irene o Daniel, ahora también sientes que el propio Samuel te mira fijamente y te describe sin reservas. Aunque la obsesión que siente por Irene es el tema central al sentirse en competencia con el personaje Daniel, la historia te lleva a mucho más que eso. Se descubren tramas de tensión provocados por el poder, la ambición, la competencia, la envidia e incluso el odio. Aún más, se expone el carácter superficial de aquellos que forman parte de la clase media.
La fatalidad de la gallina es un monologo interior narrado por un personaje perturbador y frívolo. Considero que en alguna parte de nuestra vida, fuimos ese Samuel. Tan poderoso y tan mediocre al mismo tiempo.  Ese Samuel vacío por dentro, sin saber a dónde ir, y con una gran culpa emocional por haber dejado ir las oportunidades en la vida por la monotonía del trabajo y las ambiciones, una vida que solo gira alrededor del dinero y del poder; y todo lo que no configure con esos ideales son cosas sin importancia, por ejemplo las mujeres. Porque para Samuel no son personas, solo son objetos que se asocian con lo abstracto, blanco o negro, bonito o feo, como si fueran piedras que se encuentran cuando va a la playa, y que no son merecedoras de afecto o de reconocimiento humano. Son esas combinaciones exteriores que nos permiten entender lo interior de Samuel y a todos aquellos que se encuentran involucrados en ese mismo ámbito laboral y social. El fluir de sus pensamientos también nos permite explorar el comportamiento de personas que como él viven una vida vacía y gris. 
Al parecer Samuel solo habla de Irene y de su obsesión por sus piernas, pero ¿quién es esa Irene? ¿Qué hay de su intelecto?, ¿De sus ojos?, ¿De sus manos?, ¿Acaso es solo piernas? Es ahí donde se descubre esa identidad machista de Samuel, aunque no lo expone. Sus adjetivos al referirse a las mujeres como objetos sexuales y clasificarlas como algo bueno o desagradable basado en sus atributos físicos, es más que suficiente para entender quién en realidad es Samuel. Toda otra mujer que no tenga las piernas de Irene es una gallina. Ni siquiera es capaz de mencionar alguna característica de sus rostros, para él todo es cuerpo, y solo tiene dos clasificaciones: diosa o gallina degollada.
Aunque en ocasiones la novela pueda sonar repetitiva, es a causa de su estructura. Pero cada línea te lleva a una nueva idea sin perder el rumbo de la historia. Vale la pena darle una oportunidad a ese Samuel que con su vacío te hará reflexionar sobre los más bajos pensamientos que conllevan a una  sociedad de hombres xenófobos y misóginos. Se infiere que todos estos hombres con puestos empresariales son personas inteligentes y capaces. Sin embargo, es como si esa inteligencia y poder les disminuyera su lado humano y sensibilidad hacia al resto de la sociedad, específicamente su respeto por las mujeres. La fatalidad de la gallina es una novela que expone los temas ocultos de una clase social y laboral a la cual muchos aspiramos. A Samuel le importa un cero a la izquierda el bienestar de Irene porque para él solo existen sus piernas y cuando eso se acabe será una gallina más de la oficina. Pero al final  ¿caeremos todos en esa superficialidad? ¿Acaso nos convertiremos en Samuel? ¿Seré para mis colegas hombres una Irene fatal o una gallina más?
“Que los dioses me concedan su perdón o su castigo”


lunes, 8 de enero de 2018

“Cuentos del norte, Historias del sur”, un viaje entre los dos hemisferios. (Reseña)

Siempre hablamos de que el escritor en el exilio o en la diáspora debe pasar por etapas creativas diferentes y que estas están comandadas por distintas edades emocionales relacionadas al desarraigo. En “Cuentos del norte, Historias del sur” vemos nítidamente esas tres etapas creativas. La de escribir pensando en el terruño, la de la fascinación por lo nuevo y la necesaria comparación constante entre lo viejo y lo nuevo, y la última, desde el arraigo, del personaje totalmente adaptado al lugar donde vive.
             “Cuentos del norte, Historias del sur”, es un libro de cuentos del escritor peruano Hemil García Linares, que nos transporta desde el Perú donde creció el autor, hasta los Estados Unidos, donde el escritor reside actualmente. Si bien las historias se intercalan geográficamente entre ambos hemisferios, mantienen una coherencia narrativa ya que su unidad está basada en construcción sicológica de los personajes y en los temas personales que se manejan en cada uno de los escritos.
            Los personajes de García Linares pueden ser obsesivos, ellos llegan a olvidarse ciegamente de los cánones sociales con tal de satisfacer esas metas incomprensibles a veces, y heroicas otras. En las historias que se suceden en Perú, los textos son vividos por personajes jóvenes, normalmente viviendo en barrios marginales y con actitud de arrabal. Estos personajes tienen en común la música, el amor inocente, el crecimiento en una sociedad con un futuro incierto y violento, y también con el sueño obligado de la emigración.
            Aquellas historias que están situadas en Estados Unidos presentan a personajes bien adaptados o en proceso de serlo, a las circunstancias de lo cotidiano. A veces los personajes son inmigrantes ilegales siendo estafados en su trabajo o ya ciudadanos sirviendo en alguna de las tantas guerras lejanas que ofrece este país. En ellas el ambiente es diferente. Los personajes también. En estas historias norteñas los personajes se muestran más reflexivos y quizás hasta un poco más vencidos por las miserias del mundo. Quizás García Linares intenta demostrar que la inmigración es un viaje personal e interno, y que lo externo es solo el resultado de ese viaje interior.
            Los textos muestran al final de cada uno el año en el que fueron escritos, y deducimos a través de ello que la construcción del libro transcurrió entre el 2004 y el 2010. Esto puede ser anecdótico, pero no se debe pasar por alto esas etapas literarias que el escritor en el desarraigo debe pasar, como mencionábamos antes, el autor nos muestra claramente esas tres etapas en sus escritos.

            García Linares apela a la psiquis emocional, construye personajes creíbles pero también contaminados por pensamientos propios y no siempre justificables. El lector se puede encontrar en estos escritos un narrativa fluida y constante, que conmueve y que hace cómplice de la lectura. Celebramos libros como “Cuentos del norte, Historias del sur” porque están bien escritos y porque nos llenan los ojos, pero también porque nos acercan a nosotros mismos. Algo que no es fácil de lograr.

Fernando Olszanski es autor del libro de relatos Rojo sobre blanco, es Director Editorial de Ars Communis, www.arscommun.com

lunes, 27 de noviembre de 2017

Permutaciones para el estertor del mundo, el último libro de Diego Ordaz

Diego Ordaz, escritor mexicano radicado en Ciudad Juárez, nos presenta su último libro de narraciones cortas titulado Permutaciones para el estertor del mundo. Desde el titulo podemos prever que sus narraciones son serán color de rosa, pues el mundo no lo es, y el autor nos lo muestra tal cual él lo ve. Ordaz nos lleva con un lenguaje punzante, a un mundo de personajes sórdidos y desesperanzados, con situaciones caóticas y, a veces,  alejados de la realidad misma. No todos esos personajes son humanos. Podemos escuchar a una muñeca pensante, o a una gallina que descubre lo atroz de la soledad.
Ordaz no nos dice dónde suceden sus historias, pero uno puede intuir que Ciudad Juárez, ese ámbito cruel sacudido por la violencia de años, y con la desgracia de tener a los Estados Unidos solo a un cruce de río, se deja seducir por emociones encontradas, donde se vislumbran los misticismos populares, la resignación a un futuro mezquino, y a una muerte cruel e inevitable. Pero Ordaz nos cuenta todo este torbellino de emociones encontradas con una prosa que aunque sea breve, no deja de ser tristemente poética, como encontrando belleza en los límites de la propia humanidad, o la falta de ella.

Permutaciones para el estertor del mundo, tiene una narrativa fluida, se lee con ganas y con sorpresa. Provoca una tensa reacción, que a veces se puede entender como incomodad, o quizás como realización, cada uno descubrirá su propia sensación, tal cual un estertor debería ser. Si un libro provoca sensaciones, no pasa desapercibido. Diego Ordaz lo logra a partir un libro de narraciones lacerantes, pero con pensamientos estirados hasta los límites de la psiquis humana misma. Un buen libro. 

viernes, 16 de junio de 2017

Las ironías del 1 de mayo

Las ironías del 1 de mayo


Dicen que aquellos países que no revisitan su historia están condenados a repetir los errores. Parece que lo del 1 de mayo es uno de esos casos. Todos sabemos que el 1 de mayo es mundialmente reconocido como el Día de Trabajo, mundialmente, menos en los Estados Unidos, lugar donde se sucedieron los eventos, más precisamente en la ciudad de Chicago.
Para no irnos por las ramas, explicando de manera rápida qué pasó. En 1886, un primero de mayo, los trabajadores se lanzan a una huelga masiva que termina con choques violentos entre policías y trabajadores, hay represión, hay tiros, hay bombas, hay muertos de ambos lados. Las represalias derivan en arrestos de activistas y organizadores de la marcha, hay juicios vergonzosos donde no hay evidencias, pero igualmente condenan a la horca a varios. Por supuesto que esos condenados eran todos extranjeros que traían ideas profanas como igualdad de pago y una jornada de ocho horas de trabajo, algo que se logró un par de años después.
Por muchos años el primero de mayo se celebró en Estados Unidos como un día para la reflexión, donde se recordaba a las víctimas de aquellos sucesos. El tema fue que cuando la Unión Soviética lo declara como día mundial del trabajo, a modo de avergonzar a su rival de la guerra fría, este país lo toma como un “feriado comunista”.  Y esa es la verdadera razón por la cual se dejó de recordar ese día. El feriado del “Labor Day” ya se celebraba el primer lunes de septiembre para distanciarse de la carga política que traía la referencia ideológica con el rival proletario.
En la última década, el 1 de mayo ha tomado otra connotación, pero no por ello menos política. Los organizadores de las marchas pro reforma migratoria habían elegido, precisamente, el 1 de mayo para organizar una protesta masiva, como en aquellos tiempos de lucha por igualdad, por lograr hacerse escuchar ante una elite sorda y esquiva, pero también hipócrita, y hacerles saber que los inmigrantes, con o sin documentos, son la verdadera fuerza silenciosa que mueve a este país. Otra vez, desde Chicago, el llamado se hizo eco en el resto de la nación del norte, ya no solo para pedir por derechos laborales, sino por derechos humanos: que no se deporte inmigrantes sin una razón legítima, que no se separen familias por caprichos políticos, que los inmigrantes no sean el termómetro de una campaña presidencial despiadada y llena de rumores de corrupción.
La reforma migratoria perdió peso en el congreso. Nadie en el Capitolio quiere tomar esa piedra caliente que sigue estando latente, porque la economía de este país se mantiene gracias a las espaldas mojadas de los trabajadores en el campo, en las fábricas, en los restaurantes, en las empleadas domésticas, y en un sinnúmero de lugares donde se paga poco y se trabaja mucho.
El 1 de mayo sigue siendo una fecha emblemática, por los sucesos de 1886, pero también por lo que se muestra en la última década. La lucha por la igualdad, por salir a la luz, por tener un salario digno y derechos a servicios por los que se paga y no se pueden obtener. No podemos olvidar de dónde venimos, eso puede hacernos olvidar hacia dónde vamos. No podemos olvidar que el sacrificio de unos es la recompensa de otros. No podemos olvidar que la lucha continúa, para desterrar el racismo, la intolerancia, pero también la ignorancia de aquellos que prefieren odiar a comprender que este es un mundo diferente. No podemos olvidar que las ironías del 1 de mayo, no son más que un juego de ajedrez entre los que juegan al poder, donde se juega el destino aquellos que sostienen el tablero con las manos.
No olvidemos.

Miami (Un)plugged, o cuando la ciudad seduce en una mirada

Miami (Un)plugged, o cuando la ciudad seduce en una mirada

El ojo de aquel que llega a un lugar del que ha oído o imaginado, se abre de manera inconmensurable, absorbe el entorno y se nutre de las imágenes nuevas que no dejan de sucederse. Miami ha sido de alguna manera la quimera de muchos sueños, y también de muchos desencantos. Miami (Un)plugged, es una antología editada por Hernán Vera Álvarez y Pedro Medina León y publicada recientemente por Ediciones Suburbano. La antología recoge crónicas y ensayos personales de veintiún escritores provenientes de varios puntos de América latina y también desde España, la idea de estos géneros, nos garantiza que los textos serán mucho más íntimos de lo que uno se imagina. Eso nos permitirá ir deduciendo no solo las percepciones de los autores, sino también que podremos internarnos en esa fibra esencial del pensamiento humano. Una visión honesta y cruda a la vez.
Al leer los textos podemos empezar a clasificarlos en tres categorías definidas por el tipo de relación con la ciudad, aquellos que nos hablan de la Miami del ensueño, la ciudad mítica que se percibe en la bruma de la emigración y que nos la han vendido en el catálogo imaginario de lo fascinante. Una segunda categoría nos habla de aquellas experiencias del que ya vive en la vorágine citadina y se aferra a la idea de seguir batallando entre el sueño americano y la sórdida realidad de lo cotidiano. La tercera escala es la de aquellos textos que nos hablan de manera reflexiva, desde la experiencia de los años de haber vivido en la ciudad que se debate entre una suma de culturas mientras busca la propia. Esta sumatoria de distintas experiencias nos hace ver un espectro amplio del proceso de aculturación y también del de deculturación del ser humano. Es un acierto de los editores ofrecer una amplia gama de momentos porque eso ensancha las visiones de una ciudad que muta, que crece y que se adapta a los cambios del paisaje humano y urbanístico.
Nos encontramos con muchos textos que narran la visión personal del autor, pero también hay aquellos de los que nos ayuda a entender un poco el proceso histórico de una ciudad vibrante pero al mismo tiempo, con rastros de pueblo grande. Algunos textos nos hacen caminar con un premio Nobel de literatura, otros nos hacen ver la arquitectura tan distintiva de la ciudad y también tenemos aquellos que nos recuerdan el paso inexorable de las modas, de los nombres que marcaron hitos, de las distintas corrientes migratorias y de los desastres naturales que dejaron una cicatriz profunda en la psiquis de la ciudad.
Miami (Un)plugged se me hace una lectura obligada desde varios puntos de vista. Primero que nada porque hay historias mínimas que merecen darse a conocer, y porque la relación con una ciudad siempre es demasiado personal e íntima. Eso nos ayuda a entender un poco más no solo al ser humano, sino también al proceso social que moldea a un centro urbano. También podemos verlo desde un punto de vista sociológico y de cómo los procesos históricos afectan el desarrollo de una comunidad: recesiones, guerras, desarrollos urbanos y por supuesto la inmigración.
Esta es una antología que abre una puerta al entendimiento de los cambios de personalidad de una ciudad y sus habitantes, a través de los testigos en primera fila, pero también para vislumbrar un futuro incierto, porque abre las posibilidades a lo que se viene. Algo que no sabremos de dónde o de quiénes provendrá, pero que seguramente llegará sin hacerse anunciar.

miércoles, 5 de abril de 2017

En busca de la Pertenencia y el conflicto de no estar. Pertenencias, Narradores sudamericanos en Estados Unidos

Por Alejandro Monasterio Bogado

Si escribir es un acto subversivo, ¿qué significa escribir en español en Estados Unidos? Pertenencias, Narradores sudamericanos en Estados Unidos, es una búsqueda de ese dilema inconcluso que es el inmigrante. Desde el título, los editores de esta antología, la ecuatoriana Melanie Márquez Adams y el peruano Hemil García Linares, nos invitan a adentrarnos en la filosa sugerencia de que el inmigrante, por definición, se encuentra en la nubosa situación de no pertenecer a un lugar, y desde ese incómodo lugar, procura no dejar desvanecerse del origen que añora, que idealiza, pero que no sabe si todavía existe tal cual lo dejó.
                La antología Pertenencias.., consiste en veinte relatos de escritores sudamericanos de distintos puntos del subcontinente; dos ecuatorianos, cuatro chilenos, dos colombianos, un venezolano, dos argentinos, un uruguayo y ocho peruanos. En el prólogo, escrito por el autor argentino Fernando Olszanski, el reconocido escritor hace hincapié en el momento único que vive Estados Unidos. Un momento de intolerancia y misticismo que acecha en particular a nuestra comunidad. Olszanski resalta que el arte es una fuente natural de comprensión y que antologías como Pertenencias… pueden ayudar a crear conciencia y espacios de interacción entre las comunidades en conflicto.
                Entre los escritos, podemos ver la interacción constante entre los personajes que buscan desenfrenadamente ser parte de una sociedad que a veces es permisiva, y otras, decididamente hostil. Melanie Márquez Adams y Hemil García Linares, han compilado una buena suma de historias, algunos cuentos y otros capítulos de novela, que funcionan de manera independiente, pero que en conjunto, revelan la problemática de una minoría y su lucha para hacerse espacio en una sociedad cada vez más diversa, pero al mismo tiempo tan cerrada como el ciego y obsesivo amor al poder.
                Pertenencias, Narradores sudamericanos en Estados Unidos, es una antología que ha seleccionado escritores sudamericanos para mostrar a nuestra comunidad en conjunto, pero que no evita a ninguna nacionalidad ni región, porque la problemática migrante es común a todas las nacionalidades. Esta es una buena antología, por la calidad de sus autores y por la temática. Que los proyectos como Pertenencias… sigan viniendo, porque esto es tan necesario como el pan y el vino en cada mesa, porque al espíritu y al intelecto también es necesario alimentarlo.

Alejandro Monasterio Bogado, periodista de origen sudaca radicado en Milwaukee.  

viernes, 20 de enero de 2017

Piglia y la picazón que da su nombre

Ricardo Piglia fue un escritor notable. Sin dudas sus novelas tienen el toque distintivo de su literatura, y para mi entender Respiración artificial y Plata quemada son sus mejores trabajos de ficción. Como crítico fue muy certero en sus análisis, Crítica y ficción es una guía fundamental para cualquier aspirante a escritor.
Piglia ganó muchos premios a lo largo de su vida: El Rómulo Gallegos, El Kónex al mejor escritor argentino de la década, el Formentor de las letras, y también el Premio Planeta de 1997. Y aquí quiero detenerme un poco. Porque este hecho es el que primero se viene a la mente de uno al mencionar su nombre. El premio Planeta de ese año fue un escándalo, de hecho fue un arreglo infame. Piglia ya tenía arreglada la publicación de Plata quemada con la editorial, pero había una deuda económica sustancial entre él y la editorial. La editorial no tuvo mejor idea que darle el premio a Piglia, convenciendo de esto a los jurados del premio sin mencionar los detalles, que fueron nada menos y nada más que Mario Benedetti, María Esther de Miguel, Tomás Eloy Martínez, Augusto Roa Bastos y el editor Guillermo Schavelzon, como se ve, todos vacas sagradas de la literatura del cono sur. La idea fue de no entregarle el premio económico y saldar la deuda, y de paso tener un poco de promoción para la venta del libro.
El revuelo fue tal que el Premio Planeta se suspendió por varios años y Piglia fue tirado en la oscuridad de manera injusta desde lo literario, pero justa desde lo moral. En el año 2005, la justicia ordenó a Piglia y a la editorial a pagar una compensación económica al escritor Gustavo Nielsen por daños y porque la payasada del premio fue muy grotesca.
Ya sabemos cómo son las editoriales, los editores y los agentes, solo quieren vender libros y hacer dinero. Piglia y su literatura no se merecían una mancha de este tamaño. Sus libros son buenos y su lugar dentro de la literatura mundial está bien sostenido por su obra creativa. Lo del escozor que uno siente al escuchar su nombre relacionado a un premio arreglado, será cuestión de valorarlo de acuerdo a los instintos literarios que uno tenga. Aunque algo desagradable no deje de picar en los oscuros recintos de la imaginación.