Bloggear o no bloggear...

...he aquí la cuestión. Me propongo desde este espacio publicar cada tanto algunos comentarios, artículos, opiniones sobre la realidad del latino en Estados Unidos, pero sin olvidarme que ante todo soy latinoamericano y lo que sucede en el continente afecta a todos los que estamos aquí. La frecuencia de publicación será bastante irregular, pero será de alguna manera activa y persistente. También haré una recopilación de artículos pasados y que ya fueron publicados en otros lugares pero que no dejan de ser actuales. Ojalá me ayuden con sus comentarios. Aquí vamos pues...

sábado, 26 de noviembre de 2016

Trump, el Brexit y el último bastión de la supremacía blanca

Ya con los resultados de las elecciones en los Estados Unidos, podemos hacer una proyección acertada sobre la dirección que está tomando el mundo. Hace unos meses, cuando Gran Bretaña había decidido dejar la Unión Europea, podíamos ver que el fenómeno de la inmigración era un factor determinante en la manera de votar. Los ingleses no querían que su país se convirtiera en un crisol de colores, sino que preferían mantener su aislación e idiosincracia de isla inexpugnable. Cuando el mundo criticaba esta postura, Trump la elogiaba, y seguía predicando la construcción del muro, la prohibición de musulmanes y la deportación masiva de inmigrantes indocumentados. Como así también recrear el poder militar y exterminar a los terroristas. Y parece que el discurso surtió efecto.
Si bien todas las encuestas daban a Hillary Clinton como ganadora de las elecciones, uno debe preguntarse el por qué de este resultado sorpresa. Es evidente que el hombre blanco de la clase trabajadora no ha visto cambios en su situación por mucho tiempo. La promesa de Trump, de hacer “América grande otra vez”, significa que se deseaba que Estados Unidos vuelva a ser como era antes, un país dominador, selectivo y con oportunidades para aquellos que sostenían el poder: La clase gobernante, los blancos. Pero hay un dato secreto en todo esto, es que nadie decía que iba a votar por Trump, porque daba vergüenza, no era políticamente correcto, pero en el cuarto oscuro las cosas cambiaron, ese discurso racista, sexista y separatista se volvió realidad. El íntimo deseo de volver a ser una América blanca y poderosa se reflotaba desde la oscuridad de las urnas.
Muchos analistas dicen ahora que la gente quería un cambio, que Clinton representaba al establishment del fracaso de los últimos 30 años, tanto demócrata como republicano, y tienen razón. Hillary solo hablaba de mantener lo bueno que se había hecho hasta el momento. El problema es que en realidad con Trump no habrá cambio, habrá una vuelta atrás hacia los años 50, cuando Estados Unidos se convirtió en la primera potencia económica y militar del mundo. Con una plataforma ultra derechista, acérrima enemiga de los inmigrantes, y plagada de promesas imposibles de cumplir, Trump ha logrado despertar un sentimiento nacionalista que no incluye a todos, que suena más clasista y cercana a un sistema de castas imposible de mezclar.
Solo el tiempo dirá si esto es verdad o no. Pero parece ser que el melting pot del mundo no lo quiere ser más, quiere que perdure lo que era antes, un país que decide a dedo quien progresa y quien no. Un país que se expande a voluntad y a costa de otros, en fin, el regreso al Destino Manifesto que nunca debió haber dejado.

domingo, 16 de octubre de 2016

¿Qué se premia cuando se otorga el premio Nobel? Bob Dylan y la incognita de cambiar o no cambiar

¿Qué se premia cuando se otorga el premio Nobel? Bob Dylan y la incognita de cambiar o no cambiar

Veo que hay reacciones dispares por la elección de Bob Dylan como Premio Nobel de Literatura. Algunos dicen que Leonard Cohen hubiese sido una decisión más correcta, o que hubiese sido mejor no innovar y dárselo a un escritor ya consagrado como Murakami, Joyce Oates o incluso Margaret Atwood. Por supuesto todo eso tiene que ver con el gusto personal, con la geografía o incluso con el nacionalismo. Pero creo que no hay que olvidar qué es lo se premia cuando se otorga el Nobel de Literatura. No se premia a un autor solamente, sino que se premia a una lengua, a un estilo, se premia incluso a una generación. 
Recuerdo que Carlos Fuentes, respondiendo a la pregunta que si creía que alguna vez le iban a dar el Nobel, dijo que a él ya se lo habían dado el día que premiaron premiaron a García Márquez. Algo parecido había dicho el inmenso Jorge Amado, el premio que le habían dado a Saramago era para toda la generación de escritores que trabajaban en lengua portuguesa. Lo que Fuentes y Amado trataban de decir, es que el Nobel es también inexorablemente, un premio político.
Entonces, ¿qué se premia en Bob Dylan? Por supuesto se premia su carrera y sus composiciones. Su poesía inoxidable, su compromiso con el hombre y su pasión por hablar de cosas importantes. No me parece que se premia por que sí a un músico, sino que hay que tomarlo quizás como una protesta hacia donde va la música, la poesía y el arte en general en estos días. Hoy los valores del arte son vender rápido, hacer mucho ruido, llamar la atención y hacer hincapié en lo efímero. La obra de Dylan, y la de Cohen y la de tantos otros monstruos sagrados del arte es todo lo contrario a eso, y tal vez la academia sueca trate de llamar la atención al cambio que se esta generando y recordarle al mundo que el arte sin compromiso no dura más que la mirada perecedera de un transeúnte.
Creo que es bueno que se reconozcan otros géneros literarios, el premio al dramaturgo Darío Fo fue una grata sorpresa, el galardón a la periodista Svetlana Alexiévich fue algo refrescante por el compromiso social, algo ajeno al mundo occidental últimamente. 
Ahora pensemos en nuestra lengua y en el premio Cervantes, o el Príncipe de Asturias o el Juan Rulfo, ¿y si se lo dieran a Joan Manuel Serrat? ¿O a Joaquín Sabina? Quién realmente podría cuestionar esas decisiones? Porque no escuchamos a estos autores por sus melodías, sino por sus letras. Que guardan una poesía diferente, pero no por eso inferior a otras.
Tal vez es tiempo de que nosotros pensemos en revisar nuestros estándares, y darnos cuenta que al mirar fuera de nuestro pequeño espacio hay mucho más para ver y disfrutar. Después de todo, el mismo Bob Dylan dijo que nada es más estable que estar continuamente cambiando.


Fernando Olszanski

miércoles, 20 de julio de 2016

Escribir en Nueva York, Antología de narradores hispanoamericanos, de Claudia Salazar Jiménez

Escribir en Nueva York, Antología de narradores hispanoamericanos, es una antología seleccionada por la peruana Claudia Salazar Jiménez y que se enfoca en la narrativa que se está generando en la gran ciudad recostada sobre el Atlántico, como uno de los grandes focos literarios latinoamericanos dentro de Estados Unidos.
Ya desde el título nos podemos imaginar que la propuesta abarca varios estilos literarios. El hecho de pensar la frase “Escribir en Nueva York”, genera una vorágine de géneros que pueden expresarse de diferentes maneras. Por eso encontramos textos que se adaptan a lo que conocemos como crónica, como el ensayo, como artículo periodístico, la memoria, sin dejar de visitar la ficción. Quizás uno de los puntos más importantes de esta antología sea que los escritores hacen de la urbe el objeto de análisis. Este análisis es a veces lingüístico, otras social, otra desde el punto de vista político, o desde el inevitable enfoque migratorio. Nueva York después de todo ha sido la mayor puerta de entrada del Atlántico al gran país del norte.
Los textos, como se decía antes, nos cuentan de la visión particular de cada escritor de lo que significa la ciudad para ellos. Muchas veces nos encontraremos con que la ciudad tiene vida propia, que interactúa con los narradores y que como cualquier ser viviente se presta o se esconde dependiendo de las circunstancias. Otras veces se deja ver en cueros ante los ojos impávidos del inmigrante que la ve por primera vez, entre el pavor y la fascinación del encuentro fortuito. Algunos escritores apelan a la memoria para rescatar una ciudad que se debate entre la inmortalidad y el olvido. También podemos ver algunos trabajos que son parte de algo mayor, una novela, un libro de ensayos o una investigación que nos invita a esperar para llenar la retina de letras.

Es bueno que existan antologías como Escribir en Nueva York, es necesario y es positivo porque este tipo de trabajo editorial nos habla ya no de la melancolía del terruño, sino del hoy y del ahora. Los personajes, ficticios algunos verdaderos otros, se enfrentan a lo cotidiano, a lo que nos afecta día a día, a la realidad de confrontar una metrópolis cosmopolita por naturaleza, pero no por eso menos hostil o menos provocativa. La ciudad es un animal agazapado. La ciudad es un cuerpo para recorrer. La ciudad es también la promesa del futuro y la llaga de los recuerdos malditos. Los escritos de Escribir en Nueva York, nos recuerdan que la literatura no solo es un refugio donde encontrar nuestra esencia, sino también donde establecer pautas, criterios y esperanzas. La ciudad está allí, latente, a la espera en un callejón oscuro, pero con libros como Escribir en Nueva York en el bolsillo, una puede caminar con confianza, porque será más fácil entender ese cemento del que esta hecho el ser humano.

domingo, 17 de julio de 2016

En el Lost ’n’ Found, libro de relatos de Santiago Vásquez Vaquera

 
En el Lost ’n’ Found,
 libro de relatos de Santiago Vásquez Vaquera
Suburbano Ediciones, 250 páginas, $18.99, ISBN-13: 978-0989095358
  
Las editoriales en español en Estados Unidos son los pilares de un movimiento que crece y que disemina la experiencia latina de vivir en este país. Suburbano es una de ellas. Bajo el nombre de SED, o Suburbano Ediciones, desde Miami y en dirección al centro literario norteamericano, ha empezado a mostrar a una buena lista de escritores hispanos que ensayan entender lo cotidiano de este país, escritores que con sus certezas y sus experiencias ayudan a develar, en una descripción minuciosa, los distintos avatares de una sociedad en constante cambio.
Entre esos escritores se encuentra Santiago Vaquera Vásquez, que nos presenta su libro de relatos En el Lost ’n’ Found. Vásquez Vaquera nos trae una colección de historias que suenan distantes pero que están muy cerca de la soledad, la alienación y el continuo devenir social y cultural que afecta a Estados Unidos. El título del libro nos da un pista esencial para entender el contenido de estos relatos. Los personajes se encuentran y se muestran conscientes de una realidad que a veces es imposible cambiar, como perdidos en el elemento socio-cultural que ofrece esta sociedad. Las circunstancias nos muestran desidia, pasmosidad y reacciones inesperadas al confrontar esos detalles que definen una vida. Vásquez Vaquera construye de alguna manera un alterego en sus personajes, muchos de ellos son profesores universitarios que quieren escribir y que se dedican a analizar lo que sucede en su entorno. Esto tampoco es casualidad, ya que Vásquez Vaquera es profesor universitario y se ha dedicado a estudiar lo latino en Estados Unidos.
Habiendo nacido en California, Vásquez Vaquera ha alternado su escritura entre el inglés y español. En En el Lost ’n’ Found, el autor intercala en su lenguaje fluido, un spanglishque sienta bien y que se acomoda a las expresiones idiomáticas del español. Es necesario entender que las lenguas están en continuo contacto y que es algo normal mezclarlas y encontrarle el sentido literario adecuado. Es bueno y fundamental que este libro se anime a usar un registro tan cotidiano como regular en la vida de cualquier persona que se mueve en un constante vaivén lingüístico. Esto nos acerca a la certeza de que las culturas se influyen una a otra, como así también lo hacen las lenguas y los baluartes sociales. El experimento social del melting pot norteamericano lleva ya un par de siglos y Vásquez Vaquera nos muestra su visión del mismo.
En el Lost ’n’ Found es un libro interesante. Quizás su punto más alto se encuentre en el relato que le da el título al libro, como uno de los más psicológicamente elaborados. Cada uno encontrará su propia verdad al leer estos relatos. Por suerte hay muchas de esas verdades con la que uno se puede identificar. Está en cada uno vislumbrar lo que espera encontrar al pararse en el portal de un Lost ’n Found.

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Fernando Olszanski, escritor y editor argentino radicado en Chicago. Es autor de la novelaRezos de Marihuana y el libro de cuentos El orden natural de las cosas, libro galardonado con el International Latino Book Award. Su próximo libro de relatos se titula Rojo sobre blanco y otros relatos, y se publicará durante los próximos meses bajo el sello Ars Communis Editorial.

sábado, 6 de febrero de 2016

Cuando la novela es tan negra como la vida, Entrevista a Guillermo Rubio.

Cuando la novela es tan negra como la vida

Fernando Olszanski Publicado 2016-02-04 03:52:41


Guillermo Rubio. Foto: Gustavo Monroy

Entrevista con Guillermo Rubio

La obra de Guillermo Rubio ha irrumpido a mano armada en el espectro literario de la novela negra. Con textos fluidos y de gran dinámica, Rubio nos muestra un submundo que fascina y asusta al mismo tiempo. Policía de profesión, y de a ratos camionero, guardaespaldas y espía, Rubio nos pasea, a modo de Virgilio, por un presente que azota la realidad mexicana y latinoamericana, la realidad de la violencia, la corrupción y el narcotráfico. Testigo de su tiempo, Rubio crea antihéroes en los que lo social, lo humano y lo cotidiano se mezclan en un coctel de drogas, balas, y vidas cortas, pero muy intensas. Para conocer un poco más al hombre, invitamos al escritor a que nos hable de su obra. Pasen y vean, que no hay desperdicio.

¿Por qué novela negra? 
Para escribir la primera letra encaminada a formar o crear un relato es necesario saber de lo que vas a escribir si eres un poco avispado y sincero contigo mismo vas a escoger un tema que domines al grado de la perfección para que no enredes imaginando lo que nunca has visto… Sobre todo suponer en color negro denso.
En mi caso particular, las primeras letras profesionales fueron policiacas, las iniciales como Policía judicial del Estado de México: Homicidios, aprehensiones, robos, violaciones, investigaciones, secuestros y antiguerrilla. Redactaba informes con lo básico del caso en cuestión.
Pasaron 12 años con estas rutinas. Pasé a ingresar a la Dirección Federal de Seguridad como agente investigador y cambié la pistola por la pluma. Los informes que realizaba eran: Detallados, precisos, concisos, oportunos y veraces. Las labores de inteligencia son demandantes de información. Esta disciplina me agradó de sobremanera y cuando me corrieron era Sub Delegado en Sinaloa. Este trabajo me enseñó a tejer novelas verdaderas de intriga, malos manejos, gestación de movimientos obreros de importancia y todo lo que atañe a las fuentes de información que tenía asignadas.
El destino me empujó a pertenecer a la Policía Judicial del DF, por mi experiencia de contra guerrilla, en 1990 cuando mataron a dos vigilantes del diario “La Jornada” por el Partido Revolucionario Clandestino Unión del Pueblo (PROCUP). Fui comisionado a proteger al Director, su familia e instalaciones, los primeros días fueron tensos, después todo fue Arte. Durante seis años conocí a un gran número de personalidades de las diferentes ramas de la creación nacional e internacional. Leí, vi, escuché, comparé y de golpe y porrazo decidí que sería inmortal igual que ellos, el camino sería la literatura y el género negro.
¿Qué si lo domino? Sí, escribo lo que conozco.
¿Mis referentes?
Mmmmm, Mmmm. Sonará presuntuoso pero la verdad nadie ha influido en mí, mis textos son de un tipo que estudió los seis años de primaria, no hay la más mínima formación académica. ¡Eso sí! He leído cientos de libros, desde niño fui seducido, por Verne, Dumas, London, Rampa, Víctor Hugo, después cientos de novelas vaqueras y tramas policíacas.
Siempre me incliné por relatos sencillos, nítidos y apasionantes. La única referencia que tomé de todos ellos fue escribir con pasión para agradar y cautivar.

Has expresado que escribes para agradar al lector y que cuando escribes, al mismo tiempo es como si cada letra o palabra te contaran la historia. ¿Cómo es que se logra esa conexión con el lector? ¿Quieres contar una historia o prefieres contarte una historia? Háblanos de ese momento creativo donde la novela se desarrolla.
Después de leer a dos o tres laureados de la literatura nacional cuyos textos eran dignos de venderlos como papel para reciclar, que vivían con la gloria de un libro bueno y dos, tres malos y los demás pésimos, aparte que se sentían iluminados de las Letras, o lo peor, que muchas personas estaban decididamente convencidos que eran la pura verga como narradores, y la verdad o me imagino que su escritura era para ellos, trataban de obligarnos a leer algo suyo…
Sentí que me podría sentarme en su mesa, porqué la verdad en el género que escogí había un chingo de malos, malos y malos escritores mexicanos y extranjeros.
Decidí escribir Pasito tun tun lo concebí del periódico con la nota del momento, para mi aquí empezaba el reto, era más que suficiente para armar un historia para mí y sobre todo para quién se atreviera a que lo llevara de la mano con una novela basada en un hecho real y así salió de mi cabeza este relato irreverente, con mala estructura y sobre todo con visible torpeza literaria, con una negación de perder el tiempo con puñetas universitarias, cada párrafo fue una invitación a continuar leyendo, sonriendo y azorándose la verdad que el primer fan de Guillermo Rubio, soy yo, escribo para reír, espantar, imaginar y sobre todo los invito a ver lo que escribo con pocas letras.
Mi literatura en Pasito tun tun es minimalista, pero, para ser mi primera novela me salió chida, rallando en: Nunca moriré. Ja, ja, ja. El Yaqui será eternamente conocido en el género negro mexicano. El Yaqui es mi hijo mayor, después salió El Sinaloa. Una novela mejor construida que El Yaqui.
El Sinaloa un relato en cual me esmeré en hacer una novela para los que leen mamadas apegadas a la realidad, para los maniáticos del género, al parecer la lectura del texto fue de horas o días, por lo digerible de la trama, la mayoría dio una buena aprobación y de nuevo me gusté como narrador.
Con la soberbia del más humilde samurái, escribí dos novelas: Visitando al Diablo editado por la Benemérita Universidad de Puebla, una novela que es una verdadera mamada, mala y divertida, cargada de ego a lo cabrón, es mi venganza para con los escritores malos. Me tomé el privilegio de convertirme en personaje real, la neta, no me gusté en esta novelucha. No es pésima.
En marzo en la feria de la BUAP, se presentará Una noche de suerte. Otra jalada de pelos con sabor a literatura tipo “Libro vaquero” vamos a ver qué resultado con los estudiantes, el texto no le llega ni a la cintura a mis dos hijos, a ver cómo le va, lo que puedo asegurar a quien le guste el relato que lo lleve a ninguna parte, literalmente a perder el tiempo con jaladas y el personaje, ¡soy yo! Casi prometo no volver hacerlo, el caso es que me di un gusto de naco literario y me vale para pura madre que me critiquen por divertirme dejando huella.
Publiqué por mi cuenta y riesgo en Amazon Malik Rubio, Confieso que he ladrado,narré doce años de vida del Malik, mi hijo perro que también se inclinó por ser escritor y al parecer valió madre porque la única lectora que es mi hija Lucy que lo compró, hasta el momento no ha comentado nada, segundo fracaso.
En este momento está concursando una novela negra que trata sobre un pobre migrante centroamericano que cae en manos de los Zetas y según yo es un buen relato, la neta que me gustó o que definitivamente me podría hundir por tratar de combinar la ficción con realidad negra Espartaco es mi tercer hijo que le puede dar en la madre al Yaqui y al Sinaloa, sus dos hermanos o cuando menos se pueden respetar. ¡Una trilogía! Esto suena muy decente.
Esto es un historial negro, documentado e inspirado por algunas experiencias personales y lo demás la imaginación y los medios de difusión pusieron los temas al azahar. Y sobre todo agradar a quién lea mi relato esperando que cuando menos lo termine.

También declaras que te gusta describir lo real, lo lejano de la comprensión humana. ¿Qué efecto tiene para ti ese alejamiento de la comprensión cotidiana y cómo crees que el lector o sociedad en general percibe ese alejamiento: con perspectiva, perplejidad o simplemente azoramiento?
Las preguntas me invitan a evadirte como torero, pero la primera si es contestable. Mis dos novelas serias que son El Yaqui y El Sinaloa son avalados por miles, miles, miles y miles de letras impresas en diferentes idiomas sobre México negro.
Estos dos relatos encajan con el entorno según yo idóneo para la época. El Yaquiestaba del lado correcto: Presidencial y de Cartel, y El Sinaloa es de Sinaloa ¡Chingao! Las demás preguntas las podría contestar un sociólogo, sicólogo, maestro en comportamiento humano. Ja, ja, ja.

¿Existe la narco-literatura? Se habla mucho de la repuesta literaria a los tiempos que vive México, aunque no es un tema particular de México sino de toda América latina, pero ¿se le puede considerar un género o es tan solo una tendencia del momento?
¡Claro que existe, por supuesto! ¿Entonces que chingados escribimos? Somos un puta potencia en narcotráfico, violencia y preguntáis. Ja, ja, ja. Los escritores del género negro y policíaco tenemos un vasto vergel de información para hacer historias más de 70 mil cadáveres lo avalan, sin contar las historias de los que mataron a los 70 mil. Es por eso que en nuestras librerías están presentes los escritores de historias cotidianas de nuestro país. Así que te doy una perspectiva simple del material que tenemos a la mano, con lo que hay tenemos para las seis o siete reencarnaciones.
De nuevo soy parco para contestar las siguientes preguntas. Mi entorno es de término medio para estar informado de mi país, lo negro a diferentes niveles estoy todavía en buen nivel. Después, fuera de lo que circula en el extranjero de importancia tal vez me de cuenta.
La narco literatura es un signo de negro, cuando se acabe el tema quizás sea el argumento sean de: putos, políticos, presidentes, asesinos, agiotistas, curas ¿Quieres más temas negros? Cuando legalicen la droga puede bajar el encanto de lo negro del narcotráfico.

En tus novelas se tocan temas del momento circunstancial que vive el país, pero tus personajes tienen una personalidad definida y una psiquis muy particular. ¿Es tu intención mostrar al ser humano tal cual es, con heroísmos y miserias, o a pesar de la bajeza, la displicencia y la villanía hay una parte de la personalidad mexicana/latinoamericana que puede salvarse?
En las muchas novelas, películas y obras que he visto que las tramas siempre son con final salomónico: al bueno a toda madre puteado pero ganador y al malo, la muerte o la cárcel acompañada de una súper madriza.
Pues no, en mi caso aquí los pinches batos son malos y ganadores como son en la realidad, si mueren o los apresan después está dentro de la lógica, pero eso sería en otra novela. Cuando construí el Yaqui, había un chingo de Yaquis verdaderos en las policías nacionales y Sinaloas hasta el momento hay varios de este corte, pocos, muy pocos. Pero hay. Mmmm, también Yaquis.
Los perfiles son tomados de personajes reales y nutridos por la imaginación y lo disponible de los patrones de conducta, no se me antoja relatar a un policía gris, alcohólico, a un narco pendejo, loco, maniático, o un diputado soñando que va a ser gobernador. O lo peor, tratar de envolverlos con una trama de suspenso e intriga.
Siempre trataré de ser del bando de mi protagonista y estos no son pendejos, ellos y yo no estamos interesados en la cárcel o la muerte.
Es necesario recalcar que mi escritura es informativa con imaginación no hay mensaje de ninguna especie, lo mío es el primer entorno y lo que sucede alrededor no es tomado en cuenta como para mandar recados puñetos ideológicos, patrioteros, de denuncia, nada de nada. Suena a que me vale. Es cuestión de los antropólogos o similares de establecer esto.
En mi literatura son bien vistos los asesinos, sicópatas, jesuitas, diabólicos, sexo, agentes súper listos y todo el arsenal de la maldad y la contra parte. Eso sí, los malos, malos y los buenos, ídem.

Constantemente los escritores dicen que escribir es hacer catarsis, terapia o incluso psicoanálisis. En tu caso, tanto la prensa al hablar de tu trabajo, como tú mismo, han dicho que se trata de un caso de diversión, tanto personal como a nivel lector. ¿Es eso para ti escribir, o acaso hay también un trabajo emocional interno a través de la literatura? ¿Cómo es que justificas tu existencia a través de la literatura?
No siento catarsis de nada, la palabra me da una impresión de puto arrepentido, ¿Terapia y sicoanálisis? Ja, ja, ja. Ni madres.
Cuando hablas de ti es muy fácil caer a cualquiera de los extremos. Estoy aprendiendo a ver la realidad de mi aportación al género de mi país con dos novelas que dentro de generaciones venideras me van a tomar como referencia académica de un mexicano que cuando menos logró un par de novelas de buen ver, de hecho El Yaqui y El Sinaloa son nombrados en Universidades, preparatorias y referencia para licenciatura, maestría. Esto vale más que un premio literario.
No creo que exista un escritor que no soñó con la inmortalidad mientras escribía. Soy uno de ellos. Y modestamente en vida veo los resultados poco a poco, quizás son logros minúsculos pero a mí me llenan de aire para continuar.

Esta cultura del narcotráfico y corrupción que tan claramente describes en tus novelas, ¿es parte de una decadencia general del continente latinoamericano o es la respuesta desesperada a los malos manejos políticos, la extrema pobreza, o la constante marginalidad que se vive en el continente?
Aquí se aplica el refrán sinaloense “Te fuiste para lado de la verga”. Mis relatos son verosímiles con el entorno en que se describen, quizás exagerados pero son copia del gran porcentaje de los narcotraficantes.
En cuanto a lo demás preguntado, soy un pinche ignorante que no me atrevo ni me interesa opinar sobre socio política o económica.

En tus novelas Pasito tun tun y El Sinaloa, hay una elevación casi mítica del asesino. Este es un fenómeno que se ha visto también en otros géneros como en la música y el cine. ¿Qué es lo que buscas como autor al momento de crear un personaje?
Hay que tomar en cuenta que El Yaqui y El Sinaloa son personajes descritos en una época de oro de sus funciones. La vida negra real, humana tiende ser muy fácil para los Ases de la baraja, hasta que llega la muerte o la cárcel.
En este trayecto es cuando se convierten en leyendas. Lo único que puede variar un poco es el carácter de cada quién, pero todos coinciden en la esencia del bienestar propio.
Existe un raro porcentaje de ganadores retirados en la vida real dentro de la delincuencia, me identifico plenamente con ellos por bajar al inferno, salir ganando y después andar tranquilamente por las calles de Dios con billete en las manos o la vida.
Si mis personajes hubieran sido reales por lo seguro que tendrían un par de corridos.
Ahora que terminé mi novela Espartaco, me di cuenta que había logrado tres héroes violentos, ganadores, sin corazón, con algo de humanos, diferentes características o cuando menos uno que independientemente que de víctima se convierte en verdugo.¿Lo que busco al escribir?…Para empezar que no abandonen la lectura, segundo, que recuerden donde habían dejado de leer y tercero, que satisfaga las horas o días invertidos y cuando nombren una novela mía sea por los protagonistas.
¿No quiere nada el bato, verdad? Ja, ja, ja.
Mi próximo libro va a ser un trabajo serio, mejor de lo realizado hasta el momento, será un pinche ladrillo de seiscientas cuartillas y el tema será: La Liga Comunista 23 de septiembre y la Brigada Blanca, pienso hacer un trabajo histórico, apegado a las fechas clave y hechos reales, con novela según yo: apasionante de los dos bandos voy a tratar describir tres atmosferas y entrelazarlas según el momento. Es un proyecto para dos años de investigación y escritura, otro de correctiva. Estoy contento de planear un trabajo que suena a bastante serio. Vamos a ver si estoy avanzando con esto de la escritura. En Marzo sale Una noche de suerte editada por la BUAP, está buena, pero no muy buena. Ojalá me equivoque. 

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Guillermo Rubio nació en México D.F. en 1949. Fue policía de tránsito del D.F., agente judicial del Estado de México, hizo cursos protección a personas connotadas, guerrilla y antiguerrilla, antisecuestros, tiro, manejo, inteligencia y contrainteligencia impartido por Mossad. Y unos pocos más irrelevantes dentro de la formación. También fue peón de construcción carretero, operador de maquinaria pesada, chofer de camiones de carga. De los 16 a los 21 años. De los 22 a los 50 año fue judicial del Estado de México, agente antiguerrilla de la Brigada Blanca, Dirección Federal de Seguridad, Judicial del D.F., Policía Judicial Federal. Como escritor ha publicado: Pasito un tun, Tiempo Extra Editores. 2006. El Sinaloa, Terracota Editora. 2012. Visitando al diablo, Editado por La Benemérita Universidad de Puebla. 2014. Confieso que he ladrado, Auto editado para E-book. 2015. Confesiones de un judicial, 14 textos policíacos de 800 palabras publicados en el diario NUESTRO.

viernes, 8 de enero de 2016

Rojo sobre blanco y la creación de leyendas, reseña de Raúl Dorantes.


Rojo sobre blanco y la creación de leyendas

RDR Publicado en el BéSMan 2016-01-05 

Rojo sobre blanco, Fernando Olszanski
Ars Communis Editorial 2015, 112 páginas, $15.00, ISBN 978-1502562845

Fernando Olszanski acaba de publicar Rojo sobre blanco, que contiene tres cuentos y una novela corta.
El primer cuento se titula “Los mitos”. Un poeta argentino ha escrito un poema sobre Johnny Camacho, cacique urbano asesinado en una esquina del barrio y transformado en leyenda por las generaciones que lo conocieron solamente de oídas. Jonnhy frecuentaba la calle de los comerciantes y las oficinas de los concejales, los áticos en los que se juntaban los revolucionarios y los artistas, el sótano de los mundos prostibularios y los subsuelos de la droga.
¿Quién lo fusiló en ese alley que prestó uno de sus muros para que el poeta plasmara veinte líneas? ¿La policía? ¿Alguna pandilla? En realidad no importa tanto. Lo relevante de este cuento es que muestra la necesidad que tienen las comunidades —en este caso, la puertorriqueña— de elevar a un personaje al rango de leyenda. No saber quién mató a Johnny ofrece, aunque soslayadamente, el elemento sobrenatural. Su historia fascina y otorga identidad a los señores que juegan al dominó en el parque y a los que lavan su ropa en el laundry, a los jóvenes que comparten una cerveza o que practican el boxeo en un gimnasio. Acaso las siguientes generaciones continúen puliendo la historia de Johnny y se pase un día de la leyenda al mito.
Las leyendas son historias con elementos naturales y sobrenaturales que perviven en el imaginario, como las de “La llorona” o “La ciguapa”, pero no explican un azulejo de nuestro ser. El mito, en cambio, va tejiendo su trama para explicar nuestro origen en el cosmos, la identidad en esta Tierra, la existencia del mal, el viaje que viene después del resuello final, etc. Johnny Camacho, a sus 30 años, es como un profeta bíblico que equilibra en su barrio lo que se halla fuera de balance. Un ejemplo: funda El Solar, un albergue en el que se rehabilitan los adictos que han pasado a la disfuncionalidad, hombres y mujeres que han consumido la droga que el mismo Johnny vende. Guardando las proporciones, ¿se trata de un moderno Abraham?
Cada leyenda o mito precisa de un rapsoda: pone en papel la historia que han elaborado muchos, y desde ese papel (o muro) se propaga más el fuego. Para los griegos el rapsoda fue Homero; para los cristianos, San Mateo. El narrador del cuento “Los mitos” no sabe que los puertorriqueños de Humboldt Park lo han vuelto rapsoda. Tan solo nos dice: “Ya me acostumbre a que me llamen poeta”.
El segundo cuento se llama “Guerra” y también toma lugar en el entorno de Humboldt Park. Rocco y su novia son baleados en un callejón del barrio; él se recupera, pero ella se halla al borde de la muerte en un hospital. Además, les han despojado de los 300 mil dólares que traían en la cajuela del coche. ¿Quiénes perpetraron el ataque? ¿La pandilla rival? ¿La policía? ¿Un hommie traidor? El hermano de la chica hospitalizada se llama Héctor y es el líder. Héctor ha sido golpeado por partida doble. Ahora sospecha de todos, incluso de Rocco.
Por su carisma y su habilidad en los negocios, Héctor se percibe como un desdoble de Johnny Camacho. Ambos se acercan a la tragedia. Ambos optan por mirar el mundo desde los márgenes. Ambos saben negociar con la policía.
De “Guerra” me intriga Chato, ese personaje oscuro que parece impacientarse porque Héctor no le ha ordenado activar su pistola nueve milímetros. Chato parece saber que su destino es matar mientras no reciba él mismo la bala definitiva. Mientras tanto se goza a sí mismo y se pasea por la oscuridad del alma. El mundo de Chato son las fronteras de su barrio y en ese mundo se mueve como pistolero de un Western.
De los tres personajes masculinos de “Guerra”, Héctor es el único que no tiene un sobrenombre. Porque, al igual que su homónimo troyano, Héctor es por definición un guerrero.
En el tercer relato, llamado “La cenizas de los abuelos”, Olszanski da un giro copernicano. Los personajes son ahora femeninos, una mujer en sus cincuenta y su hija adolescente, ambas de origen paraguayo y residentes de Chicago. La voz narrativa ahora corresponde a la hija. Madre e hija viajan al Chaco para “retornar” a los abuelos a la tierra natal. A diferencia de los primeros relatos, éste se muestra cubierto de una pátina de nostalgia. El paraíso inalcanzable. La saudade de lo no vivido en aquel lugar.
Desde Chicago, los relatos del Chaco era cuentos tomados como del Jardín del Edén. Una vez en tierras paraguayas, la madre y la hija se dan cuenta que han estado sublimando una parte de ese paraíso. Acaso las fábulas guaraníes mantengan su encanto, pero después de conversar brevemente con la tía Ana la biografía de los abuelos habrá de ser otra, de hecho se desmorona, como si el pasado se moviera por la información que se va goteando desde el presente.
“Las cenizas de los abuelos” encaja en lo que podríamos llamar “literatura inmigrante”. Lo novedoso de este cuento de Olszanski es que los abuelos han venido desde el Cono Sur y se han hermanado en temperamento a las familias mexicanas y centroamericanas. Su arraigo profundo sigue estando allá. Los abuelos paraguayos, como tantos inmigrantes, han escogido Chicago para establecer su vida pero no su muerte. Si la madre de Clara lleva las cenizas de los abuelos al Paraguay es porque la madre quiere lo mismo para sí misma.
La novela corta es la que da el título al libro. Nunca se menciona el lugar en donde ocurre la trama; pero por el registro del habla no es difícil pensar que acontece en Buenos Aires, ciudad de la que es oriundo el autor. En Rojo sobre blanco no solo está lograda la anécdota sino también la plasmación. A lo largo de 50 páginas seguimos la pesadez cotidiana del doctor Arreola, desde la hora en que el gallego Antonio lo cura de la resaca con una pócima preparada con whiskey y huevos hasta el momento en que se fuma su último cigarillo de la noche en la terraza del hospital. En el transcurso del día seduce a una enfermera, extrae una bala incrustada en el pulmón de un joven, mira morir a un paciente y pelea con el director del centro médico.
El doctor Arreola duerme, vive y come en el hospital. Cualquier camastro es bueno para reposar. Durante un año y medio esos corredores han sido su hogar. Es un personaje que llama la atención porque no conocemos su pasado. ¿Le importa su ingreso anual? ¿Tiene amigos? El lector se siente obligado a crearle un pasado al doctor Arreola. ¿Por qué no habita los otros espacios de Buenos Aires? ¿Por qué se conforma con tan poco? ¿Qué lo lleva al conformismo? Para Arreola lo único que hay es lo que sucede cada día en el hospital.
Por su apatía y desinterés, el personaje central de Rojo sobre blanco nos remite a Meursault, el protagonista de El extranjero, de Albert Camus. A Meursault le da pereza asistir al velorio de su madre; al doctor Arreola le aburre dejar el hospital. Acaso la diferencia consista en la actitud de ambos personajes ante la muerte: a Meursault poco le importa haber matado a un árabe porque le tapaba el sol; el doctor Arreola, en cambio, asume una actitud humanista al defender el derecho que tiene el paciente joven a seguir el tratamiento en el hospital y no en la clínica de una prisión. Ya no lo intimidan las amenazas de la policía ni del director. Vivir al día trae su dosis de libertad.
Rojo sobre blanco está narrada en tercera persona, con párrafos cortos y una crudeza tal. Se puede dudar que un doctor alcoholizado viva y trabaje por un año y medio en los límites de un hospital. La novela de Olszanski nos convence de lo contrario. Arreola existe.

viernes, 11 de diciembre de 2015

Introducción a la Literatura del Desarraigo


Introducción a la Literatura del Desarraigo
Por Fernando Olszanski

Aún recuerdo una de las últimas visitas a Chicago del
notable pensador mexicano Carlos Monsiváis. Tuve el
honor de presentarlo en una conferencia organizada por la
revista Contratiempo, en la época que ocupaba la posición
de Director Editorial de la misma, y en un arrebato de su
habitual agudeza intelectual, él me pregunta, nos pregunta
a los asistentes si valía la pena escribir en español en los
Estados Unidos, un lugar donde la lengua de Cervantes
muchas veces encuentra un ambiente incómodo y a
menudo hostil. La pregunta nos sacó de contexto por un
momento, pero aquellos que escribimos en español en este
país sabemos la respuesta porque la tenemos incorporada
en las entrañas. A modo de contestación a esa incisiva
pregunta de Monsiváis, nace la idea de preparar antologías
que representen el ambiente literario en español en los
Estados Unidos. Junto a José Castro Urioste nos
planteamos recoger ese guante y presentar la calidad
literaria de los que residimos en este país, y de alguna
manera introducir para el análisis los temas que trae esta
nueva tendencia literaria. Una tendencia que me atrevo a
denominar como la Literatura del Desarraigo. La primera
antología que propusimos fue América Nuestra, una
antología a nivel nacional que logró el segundo premio del
International Latino Book Award en la categoría Best
Popular Fiction en el año 2012. América Nuestra presentó a
dieciocho escritores de distintas latitudes, pero
incorporados definitivamente al espectro literario del
español en Estados Unidos. Esta segunda antología,
Trasfondos: Antología de narrativa en español del medio-oeste 
norteamericano, se enfoca en la creación literaria dentro del
medio oeste norteamericano. Un ambiente que ha sido
prolífico y multifacético en los últimos años, literariamente
hablando.
Los temas de la Literatura del Desarraigo son
varios: la vida del inmigrante, el choque de culturas, los
problemas de adaptación, la nieve, la soledad, la lucha
social, la desigualdad cultural y económica, y lógicamente,
también el desarraigo. Estos temas reflejan el vivir
cotidiano del ser latino dentro de los Estados Unidos. Este
nuevo fenómeno literario es genéticamente
latinoamericano, tal cual lo es la Literatura del Dictador, la
del boom, o incluso la Narco-literatura. Este movimiento
toma impulso en los años noventa con emprendimientos
literarios como revistas, periódicos e incluso editoriales
emergentes, pero definitivamente se empieza a consolidar
con el advenimiento del nuevo siglo, cuando escritores
latinoamericanos que escriben en español y que hablan con
idoneidad de las realidades del latino en este país,
empiezan a ganar premios literarios a nivel internacional y
a firmar contratos con editoriales grandes de Estados
Unidos, España o México. Y si bien hablamos de
consolidación en la expresión literaria en español en
Estados Unidos, cuando hablamos del medio oeste
debemos decir que, a diferencia de otras zonas como
Nueva York, el sudoeste o incluso la Florida, la
inmigración hispana en esta zona, el medio oeste, es más
bien tardía, y empieza a manifestarse a mediados del siglo
XX con la llegada de los primeros trabajadores migrantes.
Estos trabajadores migrantes que tan explícitamente
retrata Tomás Rivera en su obra cumbre ...y no se lo tragó la
tierra, uno de los más significativos baluartes de la
Literatura Chicana, originalmente escrita en español, y que
empiezan a radicarse cerca de los grandes establecimientos
industriales. Es en esta época, los cincuenta, cuando Luis
Leal intenta la primera expresión literaria en la ciudad de
Chicago con la revista ABC. Pero es durante el fin de siglo
cuando vemos una sólida efervescencia creativa, que ya no
solo abarca lo literario, sino también otras artes. Es en
Chicago y en las ciudades más grandes del medio oeste
donde las universidades empiezan a darle más espacio al
estudio de la literatura y al idioma español, y donde
activistas culturales empiezan a abrir canales de expresión
multicultural. Creo que es importante marcar diferencias
entre la literatura Chicana y la del desarraigo. La primera
es inevitablemente circunscripta a los méxico-americanos,
Chicanos, como prefieren llamarse, o sea a los nacidos de
padres mexicanos en los Estados Unidos, y que tiene una
fuerte connotación socio-política. Y si bien hay temas que
se entrelazan y trastocan con la Literatura del Desarraigo,
no deja de percibirse lo regional, la vida de frontera entre
dos culturas muy cercanas una de la otra, pero tan lejanas
como el cielo y el infierno. En beneficio de la Literatura del
Desarraigo se puede decir que ésta es mucho más inclusiva
y abarca ya no solo lo latinoamericano, sino también lo
peninsular. Ya no distingue una sola nacionalidad, sino
que convierte a América Latina en una sola gran nación y
que incorpora a los Estados Unidos con decididas
características latinoamericanas. No en vano podemos
decir que los Estados Unidos se han convertido en el
segundo país hispanoparlante del mundo detrás de
México, y sí, superando en número de hablantes a países
como España, Colombia y la Argentina. Es el idioma lo
que distingue a este proceso literario y cultural, es la
lengua el bien común que hermana a todas las
nacionalidades latinoamericanas en una. Como profetizó
Carlos Fuentes, la patria se ha convertido en el idioma
español. Mientras la Literatura Chicana se debate
mayormente en inglés y minoritariamente en español, la
Literatura del Desarraigo es estrictamente en español, lo
que la define certeramente como un subgénero
latinoamericano.
Es a finales de los años 90 cuando surge el primer
documento que representa la creación literaria en Chicago.
John Barry, un visionario profesor de español de la
Roosevelt University, edita una antología literaria titulada
Voces en el Viento: Nuevas Ficciones Desde Chicago, que
incluye 24 escritores del área. Lamentablemente John Barry
fallece en el año 2002 y la segunda antología en la que
estaba trabajando, ahora bilingüe, se publica post mortem.
Ya entrados en el nuevo siglo vemos nacer más proyectos
literarios de la mano de colectivos culturales, talleres de
creación literaria, programas universitarios de maestría o
doctorado y de revistas que aúnan distintos tipos de
artistas. También surgen editoriales y se publican novelas
y libros de cuentos ya no enfocados en el recuerdo del
terruño, sino en la vida cotidiana en este país, en la dura
lucha del día a día, en el contraste de civilizaciones, en la
constante reevaluación de la identidad y en los hijos que
llegan, a veces birraciales, biculturales y con una
identificación nacional muy diferente a la nuestra. Pero es
en la antología donde se puede apreciar una más amplia
variedad de tópicos y estilos. Es en la antología que ofrece
escritores de distintas formaciones y nacionalidades donde
vemos la fusión de todos los orígenes en un nuevo ser
transnacional. Es en este tipo de colección literaria donde
podemos encontrar que tenemos más en común de lo que
nos separa; o llegar a la conclusión de que los
latinoamericanos de distintas latitudes coinciden no solo
en la lengua, sino también en las disyuntivas económicas y
sociales que afectan a todo el continente. Por supuesto que
también se han visto antologías promovidas por editoriales
multinacionales que quisieron aprovechar el empuje
económico de los latinos e inventaron un producto para
vender a los despistados, que incluía autores que ni
siquiera escribían en español, por lo tanto traducidos, o
que estaban de paso por los Estados Unidos enseñando en
alguna universidad por un semestre, tan solo demostrando
su falta de respeto a los lectores del español en esta parte
del mundo.
Ya entrando en el plano de nuestra antología, la
misma se compone de dieciséis escritores, de nueve
nacionalidades distintas: argentinos, colombianos,
cubanos, chilenos, españoles, mexicanos, peruanos,
puertorriqueños y venezolanos. Estos escritores nos han
entregado textos de distintas contexturas literarias: relatos,
cuentos o capítulos de novela que nos presentan distintas
perspectivas y estilos, pero siempre con la visión del latino
asentado en estos lares; la del hombre que vive, o
sobrevive, en una sociedad que sufre de constantes
mutaciones y cambios, y que nosotros, los latinos, somos
parte esencial de ese cambio y de esa dinámica. Es cierto
que algún lector podría señalar, con razón, que la antología
debería tener algún otro escritor, o incluso que podría ser
más representativa en las nacionalidades. Pero a veces se
debe mantener una cordura cualitativa. La consigna
siempre fue presentar textos de escritores que estuvieran a
la altura del reto, no siempre, y más importante, no todos
están en la sintonía de una propuesta. Los textos
seleccionados para participar en Trasfondos: Antología de
narrativa en español del medio-oeste norteamericano,
pertenecen a escritores de probada trayectoria, premiados
y publicados en el amplio espectro latinoamericano y
estadounidense, lo que nos asegura un caudal de calidad
indiscutible.
Por supuesto que no nos olvidamos de lo que
desató esta antología, la pregunta original de Carlos
Monsiváis: por qué escribimos en español en los Estados
Unidos. Y las respuestas son varias pero se llegan a
concentrar en algunas palabras que definen nuestra
identidad. Escribimos, primero que nada, porque como
dijo Gutemberg al momento de crear la imprenta: “Con 26
soldados podemos conquistar el mundo”, aunque en
español sean 29 las letras que usamos. Escribimos porque
es necesario para documentar nuestro paso en este país,
decir nuestras verdades, retratar nuestras contradicciones
y miserias. Escribimos porque somos hombres y mujeres
que tenemos la necesidad de decir, de contar, de
denunciar, de gozar, de gritar las vicisitudes de nuestras
vidas, de los nuestros y de lo que vemos. Escribimos
porque somos testigos del momento que nos toca vivir.
Escribimos porque vivimos en una sociedad en la que un
nuevo hombre está surgiendo, y ese hombre tiene nuestro
ADN. Pero por sobre todo, escribimos para afirmar
nuestra presencia en este país, y escribimos en español no
para competir con el inglés, no creo que esa sea la
estrategia correcta, sino que los dos idiomas pueden
coexistir sin fricciones. Hay un espacio cultural, social y
emocional para las dos lenguas que nos permite fluctuar
entre ellas sin demarcar fronteras, sino lo contrario, abrir
canales de comunicación entre los grupos humanos que
por una razón histórica, social y cultural han decidido
expresarse en una manera diferente. Y por último, porque
el español es nuestra lengua, nuestro patrimonio y nuestra
elección. Les guste o no, el español está en este país para
quedarse. Aquí les entregamos esta antología de
narradores del medio-oeste norteamericano, un libro que
puede leerse de muchas maneras, por placer, para estudio,
o como un infaltable documento a la hora de mostrarnos
tal cual somos. Esta antología es nuestra, somos nosotros.
Está en nosotros seguir construyendo una sociedad con
espacios para todos. Buen provecho.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Crónica de fútbol y de sueños rotos



Crónica de fútbol y de sueños rotos

El primero en llegar al restaurante fue Fabián. Al subir los pocos escalones hasta la tarima donde se encontraba la mesa no pudo evitar cojear un poco, probablemente esa vieja lesión en los gemelos le hace doler cada vez que tiene que hacer un esfuerzo poco común. Fabián ya no se acuerda desde hace cuando le duele la rodila derecha, si hace diez o nueve años, pero al menos una o dos veces la año lo separa del plantel del equipo por un par de meses hasta que se recupera. Ya se siente un poco cansado de la lesión, y cada año que esto sucede piensa en el retiro. Fabián es argentino, nació en la provincia de Santa Fe hace ya 34 años y sabe que no le quedan muchos años para jugar al fútbol.

Jorge llega casi enseguida, inconfundible con su termo de agua caliente en una mano y el mate en la otra, como buen uruguayo de raza. Jorge es oriundo de Rocha, y jugó en las inferiores de Peñarol antes de venir a jugar al fútbol a Centroamérica. Cuando habla tiene un tono de nostalgia, muestra en sus ojos que cuando llegó a Guatemala, soñaba con algo distinto a su presente con más bajos que altos.
Y por último apareció Dinho, un joven brasileño de 23 años que hace sólo tres que está jugando al fútbol en Guatemala. Su sonrisa delata juventud y los otros dos jugadores de fútbol bromean sobre su nuevo corte de pelo con algunos tintes rubios que lo asemejan a un actor de telenovelas. Los tres por un rato bromean por que se conocen desde algún tiempo atrás, cuando jugaban en un extinto club llamado Santa Lucía de la primera división del fútbol guatemalteco.
Los tres futbolistas y este escriba se juntaron en un restaurante argentino de la ciudad de Antigua para hablar de fútbol, de sus vidas, de sus sueños pero también de política. Porque cuando ellos tres dejaron sus respectivos países años atrás, dejaron mucho más que su tierra, dejaron sus sueños, sus afectos y también sus esperanzas. Nunca creyeron que iban a ser parte del juego político de algunos personajes que utilizan equipos de fútbol para campañas, para beneficios personales, para réditos políticos.
“Hace ya quince años que estoy en Centroamérica, jugué al fútbol en Honduras, en Nicaragua, pero siempre termino aquí en Guatemala, donde todavía tengo algo de nombre que me respalda y he formado mi familia”, dice Fabián que se casó con una modelo local y tiene dos hijos. 
Los otros dos futbolistas escuchan en silencio, como con respeto hacia el patriarca y por esos lazos que han formado en la humedad de los vestuarios.
“Cuando nos llamaron para jugar en el Santa Lucía, no lo podíamos creer. El contrato era de los mejores que se podían encontrar en la Liga. En especial para un equipo recién formado, el dinero se equiparaba con los dos equipos más grandes del país. Tendríamos que haber desconfiado, pero creímos en las ganas del Presidente del club, en el esfuerzo económico que estaba haciendo. Nunca nos imaginamos que sus intenciones fueran otras”.
Jorge asiente en silencio y recuerda el mal trago que tuvo en ese club cuando tuvo que rescindir el contrato. “Yo dije que si no me pagaban lo que me debían, que en ese momento eran seis meses des sueldo, me tenían que dejar ir y pagarme el resto del contrato. Fue cuando este señor sacó un revolver de entre las ropas y lo puso en la mesa. Por supuesto la negociación se terminó allí”.
“Yo tuve un poco más de suerte”, dice Dinho con un suave acento pero con perfecto español. “A mi me trajo un grupo empresario y no estuve más que un torneo en Santa Lucía, me pagaron los dos primeros meses, pero cuando los resultados no ayudaban en menos de una semana dejaron de pagar la renta de mi apartamento y tuve que buscar uno por mi cuenta. El propietario practicamente me echó por la ventana de allí. Por suerte me fui al terminar el campeonato”.
“Lo peor fue que cuando empezamos a andar bien, estabamos en todos lados con el Presidente y comitiva. Fiestas, fotos, actos políticos, porque teníamos que ir o enfrentarnos a los lavados de cerebro de los directivos, nosotros te pagamos, nosotros te trajimos aquí, te estamos haciendo una estrellas, que eres desagradecido. Entonces terminabamos mostrándonos con ellos en todas partes. El presidente quería ser el alcalde de la ciudad. Y nos lo hacía saber muy claro, que si él no ganaba, nosotros nos quedabamos sin trabajo”.  Dice Fabián casi sin emoción, como si se tratara de un hecho cotidiano y no del futuro de un hombre. 
Ingenuamente les pregunto si enjuiciaron a la institución por la falta de pago pero los tres hacen silencio. Después de unos segundos, Jorge me dice que sí, pero el club desapareció sin pagar las deudas que tenía con el plantel. “Lo borraron. Lo declararon en quiebra y no hubo forma de cobrar un quetzal”. Los tres hacen una pausa, beben su agua mineral mientras comen carne asada en silencio. Yo no bebo agua mineral, agarro mi copa de vino y le doy un sorbo. Repentinamente me sabe amargo y agresivo a la lengua.
Les vuelvo a preguntar sobre el presidente del club y Dinho sonríe de manera cordial y dice que por supuesto nunca llegó a la alcaldía y que debido a los juicios por corrupción y otros escándalos ahora vive en Los Ángeles. El silencio se expande y veo que en las caras de los jugadores hay frustración. Empezamos a hablar de cosas triviales entonces, pero me viene a la cabeza la frase de Maradona: “La pelota no se mancha”.
Hay muchos ejemplos en Latinoamérica del uso del fútbol como instrumento político. Podemos mencionar cuando en plena guerra de Malvinas, el general Galtieri, Presidente de facto argentino le pide a Menotti que gane el Mundial como apoyo al momento político del país. 
Es un hecho comprobado que el fútbol genera pasiones encontradas.  Y sí, la política no escapa a la regla, hay que mantener a la gente ocupada pensando en algo, y que mejor que el fútbol que cada domingo nos ofrece una revancha.
Los tres futbolistas terminan su almuerzo. No piden postre, se justifican con el tema de la dieta. Ahora los tres juegan en equipos diferentes, son rivales ocasionales, pero los hermana la experiencia de haber sido víctimas de sus propios sueños, el de jugar al fútbol, el juego más hermoso y popular del planeta, porque después de todo, el fútbol es eso, un juego. No deberíamos olvidarlo.
Los tres hombres se van, hablando alto, jugando entre ellos como niños que se preparan para una cascarita. Todavía creen en lo que hacen.
Yo me quedé en la mesa, anotando cosas en una libreta. El mesero sube el volumen del televisor porque un partido de la Champions League va a empezar. Cierro la libreta y dejo de escribir, me pido otro vaso de vino. Me recuesto en mi silla y me pongo a mirar. Tengo ganas de ver un buen partido.