Bloggear o no bloggear...

...he aquí la cuestión. Me propongo desde este espacio publicar cada tanto algunos comentarios, artículos, opiniones sobre la realidad del latino en Estados Unidos, pero sin olvidarme que ante todo soy latinoamericano y lo que sucede en el continente afecta a todos los que estamos aquí. La frecuencia de publicación será bastante irregular, pero será de alguna manera activa y persistente. También haré una recopilación de artículos pasados y que ya fueron publicados en otros lugares pero que no dejan de ser actuales. Ojalá me ayuden con sus comentarios. Aquí vamos pues...

viernes, 11 de diciembre de 2015

Introducción a la Literatura del Desarraigo


Introducción a la Literatura del Desarraigo
Por Fernando Olszanski

Aún recuerdo una de las últimas visitas a Chicago del
notable pensador mexicano Carlos Monsiváis. Tuve el
honor de presentarlo en una conferencia organizada por la
revista Contratiempo, en la época que ocupaba la posición
de Director Editorial de la misma, y en un arrebato de su
habitual agudeza intelectual, él me pregunta, nos pregunta
a los asistentes si valía la pena escribir en español en los
Estados Unidos, un lugar donde la lengua de Cervantes
muchas veces encuentra un ambiente incómodo y a
menudo hostil. La pregunta nos sacó de contexto por un
momento, pero aquellos que escribimos en español en este
país sabemos la respuesta porque la tenemos incorporada
en las entrañas. A modo de contestación a esa incisiva
pregunta de Monsiváis, nace la idea de preparar antologías
que representen el ambiente literario en español en los
Estados Unidos. Junto a José Castro Urioste nos
planteamos recoger ese guante y presentar la calidad
literaria de los que residimos en este país, y de alguna
manera introducir para el análisis los temas que trae esta
nueva tendencia literaria. Una tendencia que me atrevo a
denominar como la Literatura del Desarraigo. La primera
antología que propusimos fue América Nuestra, una
antología a nivel nacional que logró el segundo premio del
International Latino Book Award en la categoría Best
Popular Fiction en el año 2012. América Nuestra presentó a
dieciocho escritores de distintas latitudes, pero
incorporados definitivamente al espectro literario del
español en Estados Unidos. Esta segunda antología,
Trasfondos: Antología de narrativa en español del medio-oeste 
norteamericano, se enfoca en la creación literaria dentro del
medio oeste norteamericano. Un ambiente que ha sido
prolífico y multifacético en los últimos años, literariamente
hablando.
Los temas de la Literatura del Desarraigo son
varios: la vida del inmigrante, el choque de culturas, los
problemas de adaptación, la nieve, la soledad, la lucha
social, la desigualdad cultural y económica, y lógicamente,
también el desarraigo. Estos temas reflejan el vivir
cotidiano del ser latino dentro de los Estados Unidos. Este
nuevo fenómeno literario es genéticamente
latinoamericano, tal cual lo es la Literatura del Dictador, la
del boom, o incluso la Narco-literatura. Este movimiento
toma impulso en los años noventa con emprendimientos
literarios como revistas, periódicos e incluso editoriales
emergentes, pero definitivamente se empieza a consolidar
con el advenimiento del nuevo siglo, cuando escritores
latinoamericanos que escriben en español y que hablan con
idoneidad de las realidades del latino en este país,
empiezan a ganar premios literarios a nivel internacional y
a firmar contratos con editoriales grandes de Estados
Unidos, España o México. Y si bien hablamos de
consolidación en la expresión literaria en español en
Estados Unidos, cuando hablamos del medio oeste
debemos decir que, a diferencia de otras zonas como
Nueva York, el sudoeste o incluso la Florida, la
inmigración hispana en esta zona, el medio oeste, es más
bien tardía, y empieza a manifestarse a mediados del siglo
XX con la llegada de los primeros trabajadores migrantes.
Estos trabajadores migrantes que tan explícitamente
retrata Tomás Rivera en su obra cumbre ...y no se lo tragó la
tierra, uno de los más significativos baluartes de la
Literatura Chicana, originalmente escrita en español, y que
empiezan a radicarse cerca de los grandes establecimientos
industriales. Es en esta época, los cincuenta, cuando Luis
Leal intenta la primera expresión literaria en la ciudad de
Chicago con la revista ABC. Pero es durante el fin de siglo
cuando vemos una sólida efervescencia creativa, que ya no
solo abarca lo literario, sino también otras artes. Es en
Chicago y en las ciudades más grandes del medio oeste
donde las universidades empiezan a darle más espacio al
estudio de la literatura y al idioma español, y donde
activistas culturales empiezan a abrir canales de expresión
multicultural. Creo que es importante marcar diferencias
entre la literatura Chicana y la del desarraigo. La primera
es inevitablemente circunscripta a los méxico-americanos,
Chicanos, como prefieren llamarse, o sea a los nacidos de
padres mexicanos en los Estados Unidos, y que tiene una
fuerte connotación socio-política. Y si bien hay temas que
se entrelazan y trastocan con la Literatura del Desarraigo,
no deja de percibirse lo regional, la vida de frontera entre
dos culturas muy cercanas una de la otra, pero tan lejanas
como el cielo y el infierno. En beneficio de la Literatura del
Desarraigo se puede decir que ésta es mucho más inclusiva
y abarca ya no solo lo latinoamericano, sino también lo
peninsular. Ya no distingue una sola nacionalidad, sino
que convierte a América Latina en una sola gran nación y
que incorpora a los Estados Unidos con decididas
características latinoamericanas. No en vano podemos
decir que los Estados Unidos se han convertido en el
segundo país hispanoparlante del mundo detrás de
México, y sí, superando en número de hablantes a países
como España, Colombia y la Argentina. Es el idioma lo
que distingue a este proceso literario y cultural, es la
lengua el bien común que hermana a todas las
nacionalidades latinoamericanas en una. Como profetizó
Carlos Fuentes, la patria se ha convertido en el idioma
español. Mientras la Literatura Chicana se debate
mayormente en inglés y minoritariamente en español, la
Literatura del Desarraigo es estrictamente en español, lo
que la define certeramente como un subgénero
latinoamericano.
Es a finales de los años 90 cuando surge el primer
documento que representa la creación literaria en Chicago.
John Barry, un visionario profesor de español de la
Roosevelt University, edita una antología literaria titulada
Voces en el Viento: Nuevas Ficciones Desde Chicago, que
incluye 24 escritores del área. Lamentablemente John Barry
fallece en el año 2002 y la segunda antología en la que
estaba trabajando, ahora bilingüe, se publica post mortem.
Ya entrados en el nuevo siglo vemos nacer más proyectos
literarios de la mano de colectivos culturales, talleres de
creación literaria, programas universitarios de maestría o
doctorado y de revistas que aúnan distintos tipos de
artistas. También surgen editoriales y se publican novelas
y libros de cuentos ya no enfocados en el recuerdo del
terruño, sino en la vida cotidiana en este país, en la dura
lucha del día a día, en el contraste de civilizaciones, en la
constante reevaluación de la identidad y en los hijos que
llegan, a veces birraciales, biculturales y con una
identificación nacional muy diferente a la nuestra. Pero es
en la antología donde se puede apreciar una más amplia
variedad de tópicos y estilos. Es en la antología que ofrece
escritores de distintas formaciones y nacionalidades donde
vemos la fusión de todos los orígenes en un nuevo ser
transnacional. Es en este tipo de colección literaria donde
podemos encontrar que tenemos más en común de lo que
nos separa; o llegar a la conclusión de que los
latinoamericanos de distintas latitudes coinciden no solo
en la lengua, sino también en las disyuntivas económicas y
sociales que afectan a todo el continente. Por supuesto que
también se han visto antologías promovidas por editoriales
multinacionales que quisieron aprovechar el empuje
económico de los latinos e inventaron un producto para
vender a los despistados, que incluía autores que ni
siquiera escribían en español, por lo tanto traducidos, o
que estaban de paso por los Estados Unidos enseñando en
alguna universidad por un semestre, tan solo demostrando
su falta de respeto a los lectores del español en esta parte
del mundo.
Ya entrando en el plano de nuestra antología, la
misma se compone de dieciséis escritores, de nueve
nacionalidades distintas: argentinos, colombianos,
cubanos, chilenos, españoles, mexicanos, peruanos,
puertorriqueños y venezolanos. Estos escritores nos han
entregado textos de distintas contexturas literarias: relatos,
cuentos o capítulos de novela que nos presentan distintas
perspectivas y estilos, pero siempre con la visión del latino
asentado en estos lares; la del hombre que vive, o
sobrevive, en una sociedad que sufre de constantes
mutaciones y cambios, y que nosotros, los latinos, somos
parte esencial de ese cambio y de esa dinámica. Es cierto
que algún lector podría señalar, con razón, que la antología
debería tener algún otro escritor, o incluso que podría ser
más representativa en las nacionalidades. Pero a veces se
debe mantener una cordura cualitativa. La consigna
siempre fue presentar textos de escritores que estuvieran a
la altura del reto, no siempre, y más importante, no todos
están en la sintonía de una propuesta. Los textos
seleccionados para participar en Trasfondos: Antología de
narrativa en español del medio-oeste norteamericano,
pertenecen a escritores de probada trayectoria, premiados
y publicados en el amplio espectro latinoamericano y
estadounidense, lo que nos asegura un caudal de calidad
indiscutible.
Por supuesto que no nos olvidamos de lo que
desató esta antología, la pregunta original de Carlos
Monsiváis: por qué escribimos en español en los Estados
Unidos. Y las respuestas son varias pero se llegan a
concentrar en algunas palabras que definen nuestra
identidad. Escribimos, primero que nada, porque como
dijo Gutemberg al momento de crear la imprenta: “Con 26
soldados podemos conquistar el mundo”, aunque en
español sean 29 las letras que usamos. Escribimos porque
es necesario para documentar nuestro paso en este país,
decir nuestras verdades, retratar nuestras contradicciones
y miserias. Escribimos porque somos hombres y mujeres
que tenemos la necesidad de decir, de contar, de
denunciar, de gozar, de gritar las vicisitudes de nuestras
vidas, de los nuestros y de lo que vemos. Escribimos
porque somos testigos del momento que nos toca vivir.
Escribimos porque vivimos en una sociedad en la que un
nuevo hombre está surgiendo, y ese hombre tiene nuestro
ADN. Pero por sobre todo, escribimos para afirmar
nuestra presencia en este país, y escribimos en español no
para competir con el inglés, no creo que esa sea la
estrategia correcta, sino que los dos idiomas pueden
coexistir sin fricciones. Hay un espacio cultural, social y
emocional para las dos lenguas que nos permite fluctuar
entre ellas sin demarcar fronteras, sino lo contrario, abrir
canales de comunicación entre los grupos humanos que
por una razón histórica, social y cultural han decidido
expresarse en una manera diferente. Y por último, porque
el español es nuestra lengua, nuestro patrimonio y nuestra
elección. Les guste o no, el español está en este país para
quedarse. Aquí les entregamos esta antología de
narradores del medio-oeste norteamericano, un libro que
puede leerse de muchas maneras, por placer, para estudio,
o como un infaltable documento a la hora de mostrarnos
tal cual somos. Esta antología es nuestra, somos nosotros.
Está en nosotros seguir construyendo una sociedad con
espacios para todos. Buen provecho.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Crónica de fútbol y de sueños rotos



Crónica de fútbol y de sueños rotos

El primero en llegar al restaurante fue Fabián. Al subir los pocos escalones hasta la tarima donde se encontraba la mesa no pudo evitar cojear un poco, probablemente esa vieja lesión en los gemelos le hace doler cada vez que tiene que hacer un esfuerzo poco común. Fabián ya no se acuerda desde hace cuando le duele la rodila derecha, si hace diez o nueve años, pero al menos una o dos veces la año lo separa del plantel del equipo por un par de meses hasta que se recupera. Ya se siente un poco cansado de la lesión, y cada año que esto sucede piensa en el retiro. Fabián es argentino, nació en la provincia de Santa Fe hace ya 34 años y sabe que no le quedan muchos años para jugar al fútbol.

Jorge llega casi enseguida, inconfundible con su termo de agua caliente en una mano y el mate en la otra, como buen uruguayo de raza. Jorge es oriundo de Rocha, y jugó en las inferiores de Peñarol antes de venir a jugar al fútbol a Centroamérica. Cuando habla tiene un tono de nostalgia, muestra en sus ojos que cuando llegó a Guatemala, soñaba con algo distinto a su presente con más bajos que altos.
Y por último apareció Dinho, un joven brasileño de 23 años que hace sólo tres que está jugando al fútbol en Guatemala. Su sonrisa delata juventud y los otros dos jugadores de fútbol bromean sobre su nuevo corte de pelo con algunos tintes rubios que lo asemejan a un actor de telenovelas. Los tres por un rato bromean por que se conocen desde algún tiempo atrás, cuando jugaban en un extinto club llamado Santa Lucía de la primera división del fútbol guatemalteco.
Los tres futbolistas y este escriba se juntaron en un restaurante argentino de la ciudad de Antigua para hablar de fútbol, de sus vidas, de sus sueños pero también de política. Porque cuando ellos tres dejaron sus respectivos países años atrás, dejaron mucho más que su tierra, dejaron sus sueños, sus afectos y también sus esperanzas. Nunca creyeron que iban a ser parte del juego político de algunos personajes que utilizan equipos de fútbol para campañas, para beneficios personales, para réditos políticos.
“Hace ya quince años que estoy en Centroamérica, jugué al fútbol en Honduras, en Nicaragua, pero siempre termino aquí en Guatemala, donde todavía tengo algo de nombre que me respalda y he formado mi familia”, dice Fabián que se casó con una modelo local y tiene dos hijos. 
Los otros dos futbolistas escuchan en silencio, como con respeto hacia el patriarca y por esos lazos que han formado en la humedad de los vestuarios.
“Cuando nos llamaron para jugar en el Santa Lucía, no lo podíamos creer. El contrato era de los mejores que se podían encontrar en la Liga. En especial para un equipo recién formado, el dinero se equiparaba con los dos equipos más grandes del país. Tendríamos que haber desconfiado, pero creímos en las ganas del Presidente del club, en el esfuerzo económico que estaba haciendo. Nunca nos imaginamos que sus intenciones fueran otras”.
Jorge asiente en silencio y recuerda el mal trago que tuvo en ese club cuando tuvo que rescindir el contrato. “Yo dije que si no me pagaban lo que me debían, que en ese momento eran seis meses des sueldo, me tenían que dejar ir y pagarme el resto del contrato. Fue cuando este señor sacó un revolver de entre las ropas y lo puso en la mesa. Por supuesto la negociación se terminó allí”.
“Yo tuve un poco más de suerte”, dice Dinho con un suave acento pero con perfecto español. “A mi me trajo un grupo empresario y no estuve más que un torneo en Santa Lucía, me pagaron los dos primeros meses, pero cuando los resultados no ayudaban en menos de una semana dejaron de pagar la renta de mi apartamento y tuve que buscar uno por mi cuenta. El propietario practicamente me echó por la ventana de allí. Por suerte me fui al terminar el campeonato”.
“Lo peor fue que cuando empezamos a andar bien, estabamos en todos lados con el Presidente y comitiva. Fiestas, fotos, actos políticos, porque teníamos que ir o enfrentarnos a los lavados de cerebro de los directivos, nosotros te pagamos, nosotros te trajimos aquí, te estamos haciendo una estrellas, que eres desagradecido. Entonces terminabamos mostrándonos con ellos en todas partes. El presidente quería ser el alcalde de la ciudad. Y nos lo hacía saber muy claro, que si él no ganaba, nosotros nos quedabamos sin trabajo”.  Dice Fabián casi sin emoción, como si se tratara de un hecho cotidiano y no del futuro de un hombre. 
Ingenuamente les pregunto si enjuiciaron a la institución por la falta de pago pero los tres hacen silencio. Después de unos segundos, Jorge me dice que sí, pero el club desapareció sin pagar las deudas que tenía con el plantel. “Lo borraron. Lo declararon en quiebra y no hubo forma de cobrar un quetzal”. Los tres hacen una pausa, beben su agua mineral mientras comen carne asada en silencio. Yo no bebo agua mineral, agarro mi copa de vino y le doy un sorbo. Repentinamente me sabe amargo y agresivo a la lengua.
Les vuelvo a preguntar sobre el presidente del club y Dinho sonríe de manera cordial y dice que por supuesto nunca llegó a la alcaldía y que debido a los juicios por corrupción y otros escándalos ahora vive en Los Ángeles. El silencio se expande y veo que en las caras de los jugadores hay frustración. Empezamos a hablar de cosas triviales entonces, pero me viene a la cabeza la frase de Maradona: “La pelota no se mancha”.
Hay muchos ejemplos en Latinoamérica del uso del fútbol como instrumento político. Podemos mencionar cuando en plena guerra de Malvinas, el general Galtieri, Presidente de facto argentino le pide a Menotti que gane el Mundial como apoyo al momento político del país. 
Es un hecho comprobado que el fútbol genera pasiones encontradas.  Y sí, la política no escapa a la regla, hay que mantener a la gente ocupada pensando en algo, y que mejor que el fútbol que cada domingo nos ofrece una revancha.
Los tres futbolistas terminan su almuerzo. No piden postre, se justifican con el tema de la dieta. Ahora los tres juegan en equipos diferentes, son rivales ocasionales, pero los hermana la experiencia de haber sido víctimas de sus propios sueños, el de jugar al fútbol, el juego más hermoso y popular del planeta, porque después de todo, el fútbol es eso, un juego. No deberíamos olvidarlo.
Los tres hombres se van, hablando alto, jugando entre ellos como niños que se preparan para una cascarita. Todavía creen en lo que hacen.
Yo me quedé en la mesa, anotando cosas en una libreta. El mesero sube el volumen del televisor porque un partido de la Champions League va a empezar. Cierro la libreta y dejo de escribir, me pido otro vaso de vino. Me recuesto en mi silla y me pongo a mirar. Tengo ganas de ver un buen partido.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Cuatro rojos para un mismo blanco, reseña sobre "Rojo sobre blanco y otros relatos"


Por BERNARDO E. NAVIA:
 Tal vez al excelente libro «Rojo sobre blanco y otros relatos», de Fernando Olszanski, sea necesario acercársele con la noción de que la muerte es esa respuesta, violenta o no, capaz de aplanar, igualar y nivelarlo todo.
Mientras leía el libro Rojo sobre blanco y otros relatos (Ars Communis Editorial, 2015), de Fernando Olszanskino podía yo dejar de pensar o sentir que los cuentos que lo componen son una franca invitación (o desafío, más bien) a que el lector se adentre en un mundo que, aunque compuesto o creado en dos latitudes geográficas muy alejadas una de otra (Chicago de un lado y Sudamérica: El Chaco y alguna urbe argentina, del otro), es un mundo tejido, unido y formado por experiencias humanas que nos son comunes a todos los habitantes de ambos hemisferios.
Si el narrador del primer cuento, «Los mitos», realiza un delicado equilibrio emocional al confiar al lector un secreto que le abruma amenazando su sanidad mental y espiritual (después de todo acabar con la vida de la mítica y paternal figura de Johnny Camacho no exigirá jamás nada menos del Poeta; no importa, para nada, si el crimen haya sido intencional o no) y, tal vez, no pueda nunca contestar la pregunta de dónde está el alma; los personajes del segundo cuento, «Guerra», se debaten entre el ser y el no-ser de la violenta filosofía de vida de las pandillas de Chicago y la búsqueda incansable por recuperar el Paraíso perdido. Los personajes protagonistas, Rocco, Chato y Héctor, más allá de los inflexibles códigos de las bandas callejeras; más allá de algunas cuestionables actitudes de la autoridad civil; más allá del efímero aliento de la cocaína y más allá, incluso, de los ineludibles zarpazos de la muerte, sabrán que ese Paraíso está en algún lugar (ya sea un México natal o no) y les espera. Saben además que la mano protectora de la maternal figura de Zuly sabrá guiarlos porque sólo ella podrá encontrar ese camino de regreso. En ambos sentidos: espiritual y físico.
En el tercer cuento, «Las cenizas de los abuelos», se asiste a un dramático despliegue, pues al ser éstas transportadas a la natal provincia paraguaya del Chaco de la madre de la narradora, también lo es el lector quien, a través del testimonio de la narradora, es invitado a participar de unos sentimientos que le pueden ser familiares o no: el reencuentro con un mundo cultural, ancestral, heredado. Mundo que puede parecerse a un recuerdo ajeno o no, mundo que puede corresponder a nostálgicas memorias o no; un mundo que, finalmente, reclamará las cenizas (las reales y las del alma) de sus hijos pródigos. Un mundo (perdido en el Chaco, en los recuerdos y en el tiempo) que, con sus costumbres, comidas, idioma, constelaciones estelares y códigosRojo sobre blanco. Fernando Olzanskiculturales diferentes al del conocido medio anglo para Clara, la narradora, acabará por hacerle comprender que tales códigos no sean, después de todo, tan diferentes a los que le son familiares, ya que han sido delineados por humanos y éstos con sus fantasmas y sus secretos son iguales en todas partes, ya sea que habiten las grandes y desarrolladas urbes norteamericanas o los lejanos parajes del Chaco paraguayo. Es universal el sentimiento de desplazamiento, de realizar un viaje sin poder llegar al destino deseado y/o de perder tanto la inocencia en el intento como también algo que va más allá de las palabras. Arrojar las cenizas a un río, habla de la noción de la madre de Clara sobre el sentimiento de no hallar jamás reposo. Ni siquiera en la muerte.
En el último cuento, «Rojo sobre blanco», la muerte vuelve a ser el elemento catalizador que conlleva una especie de niveladora que aplana todas las tortuosidades del alma. La imagen de la sangre cubriendo el delantal blanco del propio doctor Arreola, el protagonista central, no sólo entrega la perfecta imagen explicativa del porqué del título, sino que también alude a la metáfora de la ruptura de la monotonía; del fin de una existencia monótona y unicolor; la muerte llega a ponerle fin a un vacío existencial tal vez en la vida del protagonista. “Tal vez”, porque la intervención final de la doctora Madrid (que alienta las casi amistosas ‘sospechas’ de Cachito, Tordo y los demás a favor del doctor Arreola) invita al lector a pensar en la posibilidad de que se empiece a abrir una alternativa a esta blanca vida sin sobresaltos de Arreola. Aunque esta puerta sea abierta con el bisturí enterrado en su costado a quemarropa por uno de sus propios pacientes.
Tal vez al excelente libro Rojo sobre blanco y otros relatos sea necesario acercársele con la noción de que la muerte es esa respuesta, violenta o no (no importa realmente saberlo), capaz de aplanar, igualar y nivelarlo todo. Lejos está, sin embargo, esta respuesta de significar necesariamente el descanso o el final de la búsqueda para ninguna de sus atormentadas almas protagonistas.
______________________
BERNARDO E. NAVIA (Chile, 1967). Ha publicado diversos artículos en revistas literarias y compilaciones de Europa, Latinoamérica y Estados Unidos. Actualmente es profesor de español en EU.

miércoles, 19 de agosto de 2015

Escribir desde la efervescencia, tres escritores centroamericanos


Centroamérica es una tierra efervescente. Azotada por todos los males naturales que acechan esta tierra, llámense huracanes, terremotos o volcanes, y por otras pestes humanas como los son las dictaduras y las guerras civiles. Sin embargo, esa misma efervescencia natural y política nos ha dado algunos de los más importantes escritores latinoamericanos: Rubén Darío, Roque Dalton, Miguel Asturias, Augusto Monterroso solo por nombrar algunos, y otras leyendas vivientes como Sergio Ramírez o Ernesto Cardenal. La lista de los ilustres podría ser interminable y cada uno puede añadir los nombres que más les guste, los acepto a todos, porque en épocas de crisis es cuando más necesaria es la creación literaria. Para entender las circunstancias, para resistir, para curar la heridas. Y vaya que Centroamérica sabe reponerse a todo tipos de catástrofes. Por eso escribir desde el centro de la efervescencia siempre va a darnos una perspectiva única e irrepetible.
En esta entrega de El BéiSMan, les presentamos a tres escritores centroamericanos que viven en Estados Unidos, un salvadoreño, un nicaragüense y un costarricense. Tres visiones distintas, tres perspectivas que ayudan entender un poco más la condición humana y sus vicisitudes. Una propuesta que se aúna con un solo objetivo, entrar en la psiquis humana y moldear de alguna manera, ese conflicto caminante que es el ser humano.
Enlace para leer a los escritores centroamericanos:
http://www.elbeisman.com/article.php?action=read&id=813

domingo, 2 de agosto de 2015

Grand Nocturno, un libro de cuentos de Hernán Vera Álvarez



Hay espacios en la literatura donde el lector se aferra a una historia y la vive junto al personaje. Grand Nocturno, el último libro de Hernán Vera Álvarez, o simplemente Vera, tal cual el autor firma sus trabajos, ofrece un estilo narrativo que obliga al lector a estar atento a cada instante, pues la intensidad que genera, hilvana una complicidad entre el personaje y el lector que arremete contra las fibras más íntimas.
El lenguaje de Vera es directo. Narra lo que sucede con fluidez, pero no hay que engañarse con esa palabra. Cada relato es un thriller sicológico. Los ambientes son espesos y el entorno condiciona al personaje a sobrevivir de la manera que puede y muchas veces esa manera no es la más conveniente. Las vicisitudes de estas historias son amplias pero hay puntos en común: La inmigración es una experiencia dolorosa, provoca desesperación, consume el orgullo. Los personajes no dejan de buscar de modo frenético una forma de desbloquear esa barrera social y violenta que los tiene maniatados emocional y sicológicamente. 
Los relatos de Grand Nocturno suceden en un escenario urbano contaminado de alcohol, crimen y desesperanza. Un cóctel violento que a veces no es tanto físico sino a nivel síquico. El choque cultural es claro y despiadado y las interacciones humanas se basan en instintos para lograr residir en un sueño que se escapa a la deriva de los vaivenes de un huracán citadino e inexplicable. 
Vera nos pasea por distintas ciudades de Estados Unidos, no solo por Miami, su ciudad de residencia, sino también por Nueva York y Los Ángeles. En sus viajes literarios incluye a gran parte de América Latina, pero tiene un ojo fijo en la Argentina. Esta amplitud geográfica nos invita a escuchar distintos tonos del español, lo que nos trae una versatilidad lingüística donde se mezclan matices, acentos y dialectos latinoamericanos mezclados con pizcas de Spanglish. 
Vera logra en Grand Nocturno textos convincentes a partir de una buena combinación de espacios, de situaciones y de figuras que reflejan lo cotidiano. Estos relatos son crueles, sí, pero no por eso dejan de ser algo con lo que convivimos demasiado a menudo. En un mundo que trata de ocultar sus miserias es bueno que de vez en cuando un libro nos recuerde de la fragilidad humana, mezclando ruindad petulante y nobleza hipócrita. Una suma cuantiosa si de lo que hablamos es de literatura.

sábado, 1 de agosto de 2015

Aunque la nieve caiga de repente, la poesía de Jorge García de la Fe


Aunque la nieve caiga de repente, la poesía de Jorge García de la Fe

Fernando Olszanski Publicado 2015-07-13 08:18:57

El soneto es una forma poética que ronda casi por los mil años. Una forma que nació en Italia y que lentamente pasó, a modo de ósmosis literaria, a todas las literaturas europeas. El soneto responde a una forma matemática, y alguno se preguntará qué tiene que ver la matemática con la poesía, y la respuesta es que la relación es muy profunda y no solo en la poesía sino también en la música, la pintura y otras formas de arte.
Pero no vamos a hablar de fórmulas, endecasílabos o acaso sistemas de métrica, sino de un tipo de poesía que rompe estructuras, que sigue un ritmo matemático basado en rima y en emociones de las que no escuchamos todos los días. Hablo del libro de sonetos del poeta cubano Jorge García de la Fe titulado Aunque la nieve caiga de repente, publicado por Pandora Lobo Estepario Productions. Como Juana Goergen dice, en la acertada introducción del libro que hace, al traer una frase del escritor Víctor Hugo referida a la poesía, el gran escritor francés declara que: “Un poeta es un mundo encerrado en un hombre”. Goergen establece que García de la Fe se basa en sus percepciones y que puede describir sus experiencias como modo de explorarse a sí mismo. Y creo que ése es el mayor logro de Aunque la nieve caiga de repente, permite al autor compartir con el lector sus más sensibles intimidades. Esas intimidades no solo se refieren a la soledad y a la distancia geográfica, sino a aquella que es mucho más distante e inmensurable, la de las emociones. ¿Cómo medir la melancolía o la nostalgia o el desamor? Imposible hacerlo de manera matemática, por eso es que existe la poesía, para dar respuesta a esas preguntas imposibles.
García de la Fe usa el soneto como herramienta de construcción de imágenes borrosas en las distancias pero nítidas en las retinas de la memoria. Nos hace viajar hacia el pasado en su Cuba natal hacia lugares atemporales que bien podrían estar en cualquier lugar del mundo. Ese viaje de ida y vuelta por las emociones, no hacen más que afirmar una búsqueda calma en la esencia de uno mismo. Como si recordara las palabras de Kipling en su poema Si: “O contemplar que las cosas a que diste tu vida se han deshecho, y agacharte y construirlas de nuevo, ¡aunque sea con gastados instrumentos!”. García de la Fe reconstruye en su poesía casi intimista, un mapa de emociones y de fragmentos de recuerdos, donde explora un pasado añorado, un presente de circunstancias y un futuro con esperanza.
García de la Fe se ha convertido en Aunque la nieve caiga de repente, en una suerte de Virgilio que nos toma de la mano y nos pasea por sus infiernos, pero también por la mieles del cuerpo y del corazón. García de la Fe es un poeta nato, sus palabras son certeras y sus emociones están expresadas en palabras como cimitarras blandiéndose en el aire. Y esa es la manera de entender la batalla interna que domina al ser humano hasta el fin de sus días. Un libro para emocionarse.

sábado, 11 de julio de 2015

Recordando a Pedro Lemebel

Originalmente publicado en El Béisman (http://www.elbeisman.com/article.php?action=read&id=542)

Por allá en el año 2011, junto a un gran amigo, Luis Valenzuela, cuando el sueño de la revista Consenso llegaba a la jerarquía de promesa literaria, tratamos de organizar un evento cultural en la Northeastern. En la vorágine de nombres posibles escritores como invitados de honor a nuestro evento, surgieron algunos de fama escalofriante y otros de dudoso ego estelar. En un momento cuando considerábamos distintas alternativas, teniendo en cuenta nuestro escaso patrimonio económico y el deseo que presentar algo con sentido provocativo, Luis sugirió el nombre de Pedro Lemebel. Y admito que yo fui el descreído que dijo: ¿Quién? Y Luis me pasó el correo electrónico de Lemebel, y así empecé a conocerlo.
Mi desconocimiento de Pedro Lemebel y su obra era tal, que al leer una entrevista que había dado por alguna de sus obras se presentaba como “un tipo pobre, maricón y comunista”. Y yo empecé a reírme. ¿Cómo puede alguien decir eso de sí mismo en una sociedad tan enjuta como la chilena? Era hora de prestarle más atención.
Tuve la suerte de intercambiar algunos correos con Lemebel y me llamaba la atención los adjetivos que usaba para dirijirse a uno: mi querido, precioso, amiguito. Lo que sonaba risueño y sugerente a la vez. Lemebel siempre se mostraba así, histriónico, gritón y con un aura de divismo que era insoportable pero sugestivo al mismo tiempo. Y esto lo digo con el mayor énfasis en su lenguaje y en su imagen. Siempre vestido de mujer, hablando de sí mismo en primera personal del singular, aunque esto era casi una obligación en su postura, y claro, en femenino. Algo que debería dar más de un ataque de caspa a los ultraderechistas y chupacirios chilenos.
Invitamos a Lemebel a venir a Chicago, lo que aceptó gustoso. Y después de cumplir los trámites pertinentes como el visado, la compra de boletos de avión y algunas cosas que tenían que ver con el escueto presupuesto que manejabamos, le envía a Luis un correo que nos cayó como un tarro de pollo frito al hígado. Debía cancelar su viaje porque le habían diagnosticado cáncer en la garganta. El tratamiento de quimioterapia empezaba esa misma semana.
En una de las últimas entevistas que este escritor chileno dio a un diario argentino, dice que “Y aunque tengo voz de muerta, estoy enferma de vida”. Una frase muy de él, desafiante hasta el último momento. Porque eso de ser maricón ya no era una cuestión de explicar la sicología humana, era una cuestión de militancia. Lo de ser zurdo era materia de vida o muerte. Un compromiso con él mismo y con una sociedad represora y reprimida. Más de uno dirá que era una loca irreverente, pero a las locas irreverentes las fabrica una sociedad que no les da lugar, entonces tienen que crearse uno propio, a fuerza de gritos histéricos, de desafíos al borde del glamour y del arte provocador y seductor.
Finalmente el cáncer ganó su partida. Pero lo que el cáncer no sabe, es que no se llevará sus libros, ni su humor blasfemo, ni su voz chillona, ni sus vestidos de loca de cabaret. Porque en todos ellos vivirá Lemebel, que mostró su implacable ironía hasta su último aliento al decir: “Como es la vida, yo arrancando del Sida y me agarra un cáncer”.
Lemebel nunca pudo venir a Chicago. Es una pena. Lo hubiesemos llevado a recorrer la ciudad, aunque estoy seguro que nos haría un guiño y pediría que lo dejemos en uno en especial. Y nosotros lo celebraríamos con otro guiño cómplice.

sábado, 28 de marzo de 2015

Yo digo...

Escribir para mí, siempre ha sido una suerte de terapia. Algo para trabajar en el entendimiento, en explicarme lo que no puedo explicar, para curar esas heridas borrosas del pasado, del presente y del futuro.

martes, 20 de enero de 2015

Hacer amigos después de los 40 es difícil, aquí un artículo mío en Suburbano.


Hacer amigos después de los 40 es difícil, aquí un artículo mío en Suburbano.


La dificultad para hacer amigos después de los 40

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Siempre hay alguien que nos pregunta ¿y cuantos amigos tienes? Y uno no puede evitar cuestionarse el por qué de esa cifra tan raquítica de gente en la que uno confía o que al menos comparte algo íntimo, algo que necesita sacarse del pecho para liberarse de un peso insostenible. Digamos es algo tan necesario como el dasayuno, como leer el diario, como mirar por la ventana y tratar de comprender el mundo. La amistad es una terapia que no tenemos que pagar, es una charla a solas que nos libera o enaltece, la que nos ilumina a escondidas, en voz baja.
La primera respuesta que se me pasa por la cabeza es que a cierta edad uno empieza a volverse selectivo con las nuevas amistades. La vida sucede muy rápido en estos tiempos y no tenemos las ganas/tiempo/interés de conocer a otros y vale la pena aclarar, que tampoco para darnos a conocer.
En una rápida búsqueda online sobre la amistad encuentro un artículo titulado “Friends of a Certain Age”, que Alex Williams ha publicado en el New York Times, y este declara las dificultades para hacer amigos después de cierto número de años. El autor nos pasea por algunas lista de intereses comunes que pueden unir a la gente como por ejemplo el mismo círculo social, que los padres de los amigos de nuestros hijos se vuelven nuestros amigos, que hay grupos de internet que buscan encontrarse para compartir la soledad y crear lazos. Pero el artículo de Williams se enfoca demasiado en cómo hacer amigos a los 30 o los 40, pero no en los fundamentos que hacen a una amistad. Analiza intereses del momento y no a largo plazo, lo que hace sentir que el texto es algo inmaduro y superficial en su análisis. Los eventos de la vida dejan una cicatriz muy profunda en la amistades, los divorcios llevan a que pierdas a ciertos amigos, o que ganes nuevos con una nueva cita. Los cambios de trabajo van dándote nuevas prioridades, las mudanzas, los cambios de intereses. Hoy tenemos amigos para ir al bar, amigos para cenar, para llevar a los hijos algún lado, o para compartir algún nuevo pasatiempo.
El tema de los medios sociales y, Facebook en particular, merece un párrafo aparte. Cuando miro el número de ‘amigos’ que tengo, cercano a los cinco mil, no puedo dejar de preguntarme a cuántos de ellos conozco realmente en esa lista. Algunos son familiares, amigos de ahora, otros son amigos de la infancia, del colegio, de la universidad, de antiguos trabajos o del trabajo del momento, compañeros de proyectos compartidos, pero… En fin, contactos la gran mayoría, la palabra amigo aún queda muy grande para muchos en esa lista.
Yo tengo la suerte de haber hecho muy buenos amigos después de los cuarenta, pero no es un proceso fácil. Cuando pienso un poco más detalladamente en la palabra amigo, veo que en general con la persona a la que le has dado esa categoría, has construido puentes más allá de lo que se puede ver. Tienes una confianza que supera cualquier nebulosa. Has construido una historia junto a ellos, has compartido experiencias en la que has dado y recibido ciegamente y te has dejado llevar por el momento. Algo que es más normal en la juventud y ya no tanto en la madurez. La amistad está cimentada en eso, en confianza, en recuerdos, en miradas complices, en risas que se repiten en lo absurdo sin cansar y sin desgastar. En fin, en historia. Necesitamos tener lazos emocionales como para sentir la paz necesaria para aceptar a una persona como amigo. Necesitamos construir historia. Hoy en día, la vertiginosa necesidad de vivir no nos permite hacer precisamente eso, vivir, ni tampoco darnos paciencia para crear historias en común con otros.
El ritmo que hoy llevamos juega en contra de los sentimientos y las necesidades espirituales y emocionales de los seres humanos. Pareciera que vamos camino a una soledad irremediable. Es cierto que el hombre cambia con la edad y que fuera natural que nos volvieramos desconfiados. También la perspectiva cambia según las experiencias que tenemos. Y si preguntamos a otros cuántos amigos reales tienen, normalmente pueden contarlos con los dedos de la mano y la mayoría dice que se quedaron en sus lugares de origen y que aquí no han hecho realmente amigos verdaderos. Lo que me lleva a pensar si es que la necesidad nos obliga a crear amistades que de otro modo quizás no existirían.
Pero no todo está perdido, dice la canción. Está bien ser desconfiado, el mundo lamentablemente es un lugar peligroso. Todos los días escuchamos historias que nos estremecen. Pero también hay de las otras, de las que valen la pena escuchar, de las que inspiran, de las que enseñan, de las que motivan. Hay gente que vale la pena conocer. Hay historias por vivir y contar, tardes para conversar y compartir. Sí, todavía y a pesar de todo la vida vale la pena y hacer amigos es uno de sus puntos altos. ¿Cómo seguía la canción de Fito? Ah sí, …yo vengo a ofrecer mi corazón. De eso se trata después de todo.