Bloggear o no bloggear...

...he aquí la cuestión. Me propongo desde este espacio publicar cada tanto algunos comentarios, artículos, opiniones sobre la realidad del latino en Estados Unidos, pero sin olvidarme que ante todo soy latinoamericano y lo que sucede en el continente afecta a todos los que estamos aquí. La frecuencia de publicación será bastante irregular, pero será de alguna manera activa y persistente. También haré una recopilación de artículos pasados y que ya fueron publicados en otros lugares pero que no dejan de ser actuales. Ojalá me ayuden con sus comentarios. Aquí vamos pues...

viernes, 16 de junio de 2017

Las ironías del 1 de mayo

Las ironías del 1 de mayo


Dicen que aquellos países que no revisitan su historia están condenados a repetir los errores. Parece que lo del 1 de mayo es uno de esos casos. Todos sabemos que el 1 de mayo es mundialmente reconocido como el Día de Trabajo, mundialmente, menos en los Estados Unidos, lugar donde se sucedieron los eventos, más precisamente en la ciudad de Chicago.
Para no irnos por las ramas, explicando de manera rápida qué pasó. En 1886, un primero de mayo, los trabajadores se lanzan a una huelga masiva que termina con choques violentos entre policías y trabajadores, hay represión, hay tiros, hay bombas, hay muertos de ambos lados. Las represalias derivan en arrestos de activistas y organizadores de la marcha, hay juicios vergonzosos donde no hay evidencias, pero igualmente condenan a la horca a varios. Por supuesto que esos condenados eran todos extranjeros que traían ideas profanas como igualdad de pago y una jornada de ocho horas de trabajo, algo que se logró un par de años después.
Por muchos años el primero de mayo se celebró en Estados Unidos como un día para la reflexión, donde se recordaba a las víctimas de aquellos sucesos. El tema fue que cuando la Unión Soviética lo declara como día mundial del trabajo, a modo de avergonzar a su rival de la guerra fría, este país lo toma como un “feriado comunista”.  Y esa es la verdadera razón por la cual se dejó de recordar ese día. El feriado del “Labor Day” ya se celebraba el primer lunes de septiembre para distanciarse de la carga política que traía la referencia ideológica con el rival proletario.
En la última década, el 1 de mayo ha tomado otra connotación, pero no por ello menos política. Los organizadores de las marchas pro reforma migratoria habían elegido, precisamente, el 1 de mayo para organizar una protesta masiva, como en aquellos tiempos de lucha por igualdad, por lograr hacerse escuchar ante una elite sorda y esquiva, pero también hipócrita, y hacerles saber que los inmigrantes, con o sin documentos, son la verdadera fuerza silenciosa que mueve a este país. Otra vez, desde Chicago, el llamado se hizo eco en el resto de la nación del norte, ya no solo para pedir por derechos laborales, sino por derechos humanos: que no se deporte inmigrantes sin una razón legítima, que no se separen familias por caprichos políticos, que los inmigrantes no sean el termómetro de una campaña presidencial despiadada y llena de rumores de corrupción.
La reforma migratoria perdió peso en el congreso. Nadie en el Capitolio quiere tomar esa piedra caliente que sigue estando latente, porque la economía de este país se mantiene gracias a las espaldas mojadas de los trabajadores en el campo, en las fábricas, en los restaurantes, en las empleadas domésticas, y en un sinnúmero de lugares donde se paga poco y se trabaja mucho.
El 1 de mayo sigue siendo una fecha emblemática, por los sucesos de 1886, pero también por lo que se muestra en la última década. La lucha por la igualdad, por salir a la luz, por tener un salario digno y derechos a servicios por los que se paga y no se pueden obtener. No podemos olvidar de dónde venimos, eso puede hacernos olvidar hacia dónde vamos. No podemos olvidar que el sacrificio de unos es la recompensa de otros. No podemos olvidar que la lucha continúa, para desterrar el racismo, la intolerancia, pero también la ignorancia de aquellos que prefieren odiar a comprender que este es un mundo diferente. No podemos olvidar que las ironías del 1 de mayo, no son más que un juego de ajedrez entre los que juegan al poder, donde se juega el destino aquellos que sostienen el tablero con las manos.
No olvidemos.

Miami (Un)plugged, o cuando la ciudad seduce en una mirada

Miami (Un)plugged, o cuando la ciudad seduce en una mirada

El ojo de aquel que llega a un lugar del que ha oído o imaginado, se abre de manera inconmensurable, absorbe el entorno y se nutre de las imágenes nuevas que no dejan de sucederse. Miami ha sido de alguna manera la quimera de muchos sueños, y también de muchos desencantos. Miami (Un)plugged, es una antología editada por Hernán Vera Álvarez y Pedro Medina León y publicada recientemente por Ediciones Suburbano. La antología recoge crónicas y ensayos personales de veintiún escritores provenientes de varios puntos de América latina y también desde España, la idea de estos géneros, nos garantiza que los textos serán mucho más íntimos de lo que uno se imagina. Eso nos permitirá ir deduciendo no solo las percepciones de los autores, sino también que podremos internarnos en esa fibra esencial del pensamiento humano. Una visión honesta y cruda a la vez.
Al leer los textos podemos empezar a clasificarlos en tres categorías definidas por el tipo de relación con la ciudad, aquellos que nos hablan de la Miami del ensueño, la ciudad mítica que se percibe en la bruma de la emigración y que nos la han vendido en el catálogo imaginario de lo fascinante. Una segunda categoría nos habla de aquellas experiencias del que ya vive en la vorágine citadina y se aferra a la idea de seguir batallando entre el sueño americano y la sórdida realidad de lo cotidiano. La tercera escala es la de aquellos textos que nos hablan de manera reflexiva, desde la experiencia de los años de haber vivido en la ciudad que se debate entre una suma de culturas mientras busca la propia. Esta sumatoria de distintas experiencias nos hace ver un espectro amplio del proceso de aculturación y también del de deculturación del ser humano. Es un acierto de los editores ofrecer una amplia gama de momentos porque eso ensancha las visiones de una ciudad que muta, que crece y que se adapta a los cambios del paisaje humano y urbanístico.
Nos encontramos con muchos textos que narran la visión personal del autor, pero también hay aquellos de los que nos ayuda a entender un poco el proceso histórico de una ciudad vibrante pero al mismo tiempo, con rastros de pueblo grande. Algunos textos nos hacen caminar con un premio Nobel de literatura, otros nos hacen ver la arquitectura tan distintiva de la ciudad y también tenemos aquellos que nos recuerdan el paso inexorable de las modas, de los nombres que marcaron hitos, de las distintas corrientes migratorias y de los desastres naturales que dejaron una cicatriz profunda en la psiquis de la ciudad.
Miami (Un)plugged se me hace una lectura obligada desde varios puntos de vista. Primero que nada porque hay historias mínimas que merecen darse a conocer, y porque la relación con una ciudad siempre es demasiado personal e íntima. Eso nos ayuda a entender un poco más no solo al ser humano, sino también al proceso social que moldea a un centro urbano. También podemos verlo desde un punto de vista sociológico y de cómo los procesos históricos afectan el desarrollo de una comunidad: recesiones, guerras, desarrollos urbanos y por supuesto la inmigración.
Esta es una antología que abre una puerta al entendimiento de los cambios de personalidad de una ciudad y sus habitantes, a través de los testigos en primera fila, pero también para vislumbrar un futuro incierto, porque abre las posibilidades a lo que se viene. Algo que no sabremos de dónde o de quiénes provendrá, pero que seguramente llegará sin hacerse anunciar.

miércoles, 5 de abril de 2017

En busca de la Pertenencia y el conflicto de no estar. Pertenencias, Narradores sudamericanos en Estados Unidos

Por Alejandro Monasterio Bogado

Si escribir es un acto subversivo, ¿qué significa escribir en español en Estados Unidos? Pertenencias, Narradores sudamericanos en Estados Unidos, es una búsqueda de ese dilema inconcluso que es el inmigrante. Desde el título, los editores de esta antología, la ecuatoriana Melanie Márquez Adams y el peruano Hemil García Linares, nos invitan a adentrarnos en la filosa sugerencia de que el inmigrante, por definición, se encuentra en la nubosa situación de no pertenecer a un lugar, y desde ese incómodo lugar, procura no dejar desvanecerse del origen que añora, que idealiza, pero que no sabe si todavía existe tal cual lo dejó.
                La antología Pertenencias.., consiste en veinte relatos de escritores sudamericanos de distintos puntos del subcontinente; dos ecuatorianos, cuatro chilenos, dos colombianos, un venezolano, dos argentinos, un uruguayo y ocho peruanos. En el prólogo, escrito por el autor argentino Fernando Olszanski, el reconocido escritor hace hincapié en el momento único que vive Estados Unidos. Un momento de intolerancia y misticismo que acecha en particular a nuestra comunidad. Olszanski resalta que el arte es una fuente natural de comprensión y que antologías como Pertenencias… pueden ayudar a crear conciencia y espacios de interacción entre las comunidades en conflicto.
                Entre los escritos, podemos ver la interacción constante entre los personajes que buscan desenfrenadamente ser parte de una sociedad que a veces es permisiva, y otras, decididamente hostil. Melanie Márquez Adams y Hemil García Linares, han compilado una buena suma de historias, algunos cuentos y otros capítulos de novela, que funcionan de manera independiente, pero que en conjunto, revelan la problemática de una minoría y su lucha para hacerse espacio en una sociedad cada vez más diversa, pero al mismo tiempo tan cerrada como el ciego y obsesivo amor al poder.
                Pertenencias, Narradores sudamericanos en Estados Unidos, es una antología que ha seleccionado escritores sudamericanos para mostrar a nuestra comunidad en conjunto, pero que no evita a ninguna nacionalidad ni región, porque la problemática migrante es común a todas las nacionalidades. Esta es una buena antología, por la calidad de sus autores y por la temática. Que los proyectos como Pertenencias… sigan viniendo, porque esto es tan necesario como el pan y el vino en cada mesa, porque al espíritu y al intelecto también es necesario alimentarlo.

Alejandro Monasterio Bogado, periodista de origen sudaca radicado en Milwaukee.  

viernes, 20 de enero de 2017

Piglia y la picazón que da su nombre

Ricardo Piglia fue un escritor notable. Sin dudas sus novelas tienen el toque distintivo de su literatura, y para mi entender Respiración artificial y Plata quemada son sus mejores trabajos de ficción. Como crítico fue muy certero en sus análisis, Crítica y ficción es una guía fundamental para cualquier aspirante a escritor.
Piglia ganó muchos premios a lo largo de su vida: El Rómulo Gallegos, El Kónex al mejor escritor argentino de la década, el Formentor de las letras, y también el Premio Planeta de 1997. Y aquí quiero detenerme un poco. Porque este hecho es el que primero se viene a la mente de uno al mencionar su nombre. El premio Planeta de ese año fue un escándalo, de hecho fue un arreglo infame. Piglia ya tenía arreglada la publicación de Plata quemada con la editorial, pero había una deuda económica sustancial entre él y la editorial. La editorial no tuvo mejor idea que darle el premio a Piglia, convenciendo de esto a los jurados del premio sin mencionar los detalles, que fueron nada menos y nada más que Mario Benedetti, María Esther de Miguel, Tomás Eloy Martínez, Augusto Roa Bastos y el editor Guillermo Schavelzon, como se ve, todos vacas sagradas de la literatura del cono sur. La idea fue de no entregarle el premio económico y saldar la deuda, y de paso tener un poco de promoción para la venta del libro.
El revuelo fue tal que el Premio Planeta se suspendió por varios años y Piglia fue tirado en la oscuridad de manera injusta desde lo literario, pero justa desde lo moral. En el año 2005, la justicia ordenó a Piglia y a la editorial a pagar una compensación económica al escritor Gustavo Nielsen por daños y porque la payasada del premio fue muy grotesca.
Ya sabemos cómo son las editoriales, los editores y los agentes, solo quieren vender libros y hacer dinero. Piglia y su literatura no se merecían una mancha de este tamaño. Sus libros son buenos y su lugar dentro de la literatura mundial está bien sostenido por su obra creativa. Lo del escozor que uno siente al escuchar su nombre relacionado a un premio arreglado, será cuestión de valorarlo de acuerdo a los instintos literarios que uno tenga. Aunque algo desagradable no deje de picar en los oscuros recintos de la imaginación.